lunes, 16 de mayo de 2016

La doble indemnización es una expresión de deseos Rep de Diego Genoud en La Política Online - 15-5-16



AVIER LINDENBOIM15.05.2016
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"La doble indemnización es una expresión de deseos sin consecuencias reales"
Por Diego GenoudEl especialista advierte que hoy son más preocupantes las suspensiones que los despidos.
Dirige el Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y asegura que hoy es imposible hablar con precisión de la destrucción de empleo y saber cuál es la desocupación real. Economista riguroso e investigador del Conicet, el profesor Javier Lindenboim cuestiona al kirchnerismo por haber devastado el sistema estadístico y haber incorporado militancia al Estado, pero también critica al gobierno de Cambiemos por no haber tomado precauciones para mitigar los costos del ajuste.
En medio del debate por la ley antidespidos, el especialista sostiene que los REPRO y el seguro de desempleo son más útiles que prohibir despidos. “La doble indemnización es una expresión de deseos que no tiene efectividad real”, asegura. Lindenboim considera que hoy las suspensiones son más preocupantes que los despidos, dice que el problema principal de la economía está en la inflación que deteriora el salario real de los trabajadores y advierte que -si la reactivación no llega en el corto plazo- el impacto sobre el empleo será muy fuerte.
Si la estrategia del gobierno sobre empleo estatal de verdad estuviera expresada en reducir los 3 millones de empleos que hay entre Nación, provincia y municipios con estas decenas de miles de empleos liquidados, no sería solvente.
¿Cómo ve el escenario laboral en un momento en que el gobierno y la oposición no se ponen de acuerdo ni en el diagnóstico ni en las soluciones?
No es del aire que no sepamos dónde estamos parados. Reconocer los problemas, que incluyen la falta de información, es parte del diagnóstico. Hace ya casi 10 años que comenzó el proceso lento pero persistente de destrucción del sistema estadístico. Por eso, el Ministerio de Trabajo decidió no darle bolilla a la información de la Encuesta de Hogares y centrarse en la base de datos del SIPA (Sistema Previsional).
Son los datos que muestra el gobierno pero ofrecen una visión muy acotada.
Exacto, muestra estos porque en realidad no hay otros. Sé que el gobierno trabaja en un informe que integra datos de empleo público, empleo privado y empleo no asalariado, los cuentapropistas y monotributistas. De todas maneras, a eso le falta, el empleo asalariado no registrado. Uno puede presumir que en estos 6 meses de explosión de gran parte de nuestros problemas uno de los componentes más afectados debe haber sido el empleo en negro, precario, desprotegido. Pero para sostenerlo necesitamos la Encuesta de Hogares, que hoy no tenemos.
La Cámara de la Construcción informó 54 mil despidos hasta marzo.
Sí, pero con la Cámara de la Construcción nunca sabemos si informa sobre los puestos en blanco que se han perdido o si incluye también empleo no registrado, que en la construcción es más de la mitad. No lo informa porque no quiere tirarse tierra encima.
Están también los números de la consultora Tendencias Económicas, que registra 127 mil despidos hasta abril.
Y que a mí me llaman poderosamente la atención porque a principios de marzo hablaron de 107 mil despidos, de los cuales 50 mil eran en el sector público, cuando el titular de ATE, “Cachorro” Godoy, hablaba de 20 mil en total, entre despidos nacionales, municipales y provinciales. No queda claro además si se trata de bajas sin contar las alzas o reincorporaciones o de saldos netos. Hay otra cuestión de la que se habla poco y para mí es más importante: el tema de las suspensiones. En momentos de incertidumbre como este, es altamente probable que una empresa suspenda antes de echar personal.
Cuando el gobierno dice que el Estado está lleno de ñoquis y que hay que extirpar la grasa militante ¿envía una señal para el sector privado?
Si, primero es necesario distinguir. Una cosa es la no renovación de mecanismos contractuales de negrura salarial y otra cosa son despidos. En el Estado no se puede despedir, a menos que haya un sumario previo. En el sector privado se puede despedir con causa o sin causa. En ese sentido, la señal aporta a un clima de época. El comportamiento de la gestión anterior fue perverso, en parte por nutrir a su propia fuerza política de ingresos y en parte por una estrategia de mediano plazo que consistía en dejar sembrado el camino de su propia manera de mirar el mundo. Los sindicatos, que en su mayoría no dijeron nada en su momento, ahora tampoco pueden decir nada. Entonces, la decisión del gobierno es cuestionable desde el punto de vista de los trabajadores pero es pensable desde el punto de vista del Estado. Lo que sí es absolutamente despreciable es hablar de grasa. Tan despreciable como ese comportamiento perverso del kirchnerismo que desplazó a gente preparada por grupos sin preparación que le respondían.
Es tan despreciable hablar de la “grasa” de los militantes en el Estado, como el comportamiento del kirchnerismo que desplazó a gente preparada para meter sus grupos.
El kirchnerismo incorporó militancia pero además generó trabajo precario en el Estado.
Las dos cosas efectivamente. Ahora bien, el impulso fuerte del trabajo precario en la gestión estatal comenzó en los años noventa, con el congelamiento de vacantes pero con la necesidad de incorporar personal. Eso más allá de la orientación anti-estatal de aquel período. El ennegrecimiento no desapareció nunca, tampoco en la década que se tituló como ganada. Por eso, no creo que uno pueda describir en un sólo párrafo cuál es el fenómeno del empleo en Argentina en los últimos 20 años, sin caer en simplificaciones.
¿Pasamos de un discurso simplificador a otro?
Vale la pena pensar en lo siguiente. Si la estrategia del gobierno actual sobre empleo estatal estuviera expresada en reducir los 3 millones de empleos que hay entre Nación, provincia y municipios con estas decenas de miles de empleos liquidados, no sería demasiado solvente.
Parece más una señal política que un ajuste como el que demandan los mercados.
Pareciera que es eso. No suena a estrategia de ajuste fiscal y ahorro presupuestario. Cuando se habla de la cuestión fiscal, se habla de ingresos y de uso de los ingresos. Estoy convencido de que la estructura tributaria en Argentina creció mucho en volumen pero no se hizo más equitativa. Mantuvo sus criterios inequitativos y en algunos aspectos los empeoró, como con Ganancias que hace 15 años no modifica sus alícuotas. Pero el mejoramiento de la situación fiscal no pasa por desprenderse de un volumen importante de la fuerza laboral que está en el Estado, aunque sea necesario hacer mucho para hacerla más eficiente.
La doble indemnización
¿Cuál es su posición ante la ley antidespidos y la doble indemnización?
Creo que un camino más eficiente sería volver a utilizar los REPRO, que ya se usaron en 2002 y en 2008/2009 o aumentar el seguro por desempleo que estuvo congelado en 400 pesos durante los 12 años del kirchnerismo y que el gobierno anunció que va aumentar. Me parece que lo que se está dirimiendo son disputas de poder en la política, en el peronismo y en el sindicalismo. El uso que se está haciendo del problema –real- de trabajo y de ingresos del sector laboral me resulta penoso.
¿Por qué cree que los REPRO y el seguro de desempleo son mejores herramientas que la doble indemnización?
Primero, prohibir despidos y, sino, aplicar la doble indemnización es una expresión de deseos que no tiene efectividad real. Saber si la doble indemnización sirvió o no sirvió en 2002 es un ejercicio contrafáctico. ¿Cómo hacemos para saber si en 2002 hubiera habido más pérdidas o menos pérdidas de puestos de trabajo de las que hubo? Además, la doble indemnización es reconocer que estamos perdiendo empleo y no lo vamos a poder revertir.
Pueden decir que este gobierno es de los ricos y de los CEOS y no le interesa ni pensar en los trabajadores. Es lo mismo que decir que asumió para perder el mes que viene. A lo mejor son tan incapaces como eso. Tiendo a creer que no. 
¿Qué le critica al gobierno?
Ha errado enormemente porque sabía que las medidas que había que tomar iban a ser dolorosas y eso significa cosas concretas. Había que tener la predisposición para tomar algunas precauciones.
No lo hizo.
¡No lo hizo! Esa es la parte del discurso de Moyano con la que coincido plenamente, cuando intenta que el gobierno entienda la necesidad de cuidar a los trabajadores. Alguien puede decir que este gobierno es de los ricos, de los CEOS y de la gran empresa y que no le interesa ni pensarlo. Es lo mismo que decir que el gobierno asumió para perder el mes que viene. A lo mejor son tan incapaces como eso. Tiendo a creer que no.
¿Con qué otro momento de los últimos años compara la situación actual?
En 2014, la Encuesta Anual de Hogares Urbanos –no la Encuesta Permanente de Hogares- dice que hubo 400 mil puestos de trabajo menos que en 2013. Yo lo escribí y nadie del gobierno kirchnerista me lo desmintió. Con la EPH trucha, el gobierno admitió 140 mil despidos ese año. Me incomoda que aquellos que tenían responsabilidad en aquel entonces sean los que ahora dicen querer encabezar los reclamos. Pero no estoy minimizando la situación actual. Sólo me pregunto ¿qué fue lo que no nos permitió apreciar socialmente lo que sucedió hace 2 años?
¿El kirchnerismo, que pasó del gobierno a la oposición?
Sí, pero le agrego otra cosa más allá de eso, que efectivamente tiene que ser un componente. El sacudón que desde octubre-noviembre del año pasado tenemos en materia de precios influye en el clima de preocupación. Por eso, para mí el mayor problema está en la inflación y en el deterioro del salario real. En materia de empleo, lo veo menos en los despidos que en la suspensión de puestos de trabajo. Eso es lo fundamental.
No se crea empleo
Usted dice que sin reactivación, el impacto sobre el empleo será muy fuerte.
Yo creo que sí. Esta situación de incertidumbre no favorece a nadie. Si no hay indicios claros de que se inicia la reactivación, el mercado de trabajo que cayó en el pasado –en 2014, en 2009 y ostensiblemente entre 1998 y 2002- volverá a caer. Porque la demanda laboral depende de la actividad económica.
Hay sectores de la oposición que sostienen que el modelo económico cierra con 15 por ciento de desocupación. Imagino que no coincide.
A ver, desde que a mediados del siglo XIX Carlos Marx habló del ejército de reserva, ese argumento siempre está a la mano. En estos casi dos siglos han pasado unas cuantas cosas. No que el capital se haya abuenado, yo no lo creo, pero sí que el capital ha encontrado la manera de mantener su predominio. Ahora, me permito dudar de que la dirigencia política que tiene a su cargo el gobierno y los equipos económicos que la acompañan persigan ese objetivo. A lo mejor, quisiera que no fuera verdad y mi propia ignorancia no permite ver que son afirmaciones certeras.
Según los últimos datos oficiales, hasta diciembre la desocupación estaba en el 5,9 %.
Una cosa es que se truchen los datos. Otra cosa es que haya, como hubo en los ’90, gente que se desanima y deja de buscar trabajo: potencialmente activa pero que no se presenta activamente buscando trabajo. Eso refleja menos desocupación, una población activa más pequeña y una presión potencial, no efectiva. ¿Qué medimos, la potencial o la efectiva? eso es parte de la discusión. Distinto es que se dibujen los datos, 5,9 % para mi es exiguo. Si los que hablan de que vamos a 15 % creen que estábamos en el 6 hasta diciembre, estaríamos hablando de una situación tan potente como la de 2001. Es difícil de imaginarse eso hoy.
Desde que no hay inversión, no se crea empleo en la Argentina. El pico de crecimiento de empleo fue hasta el 2008 y luego hasta el 2011 se creó algo en base a empleo estatal y cuentapropismo.
¿Cuánto hace que Argentina no crea empleo en serio?
Hasta 2011, algo se creó.
Pero los 5 millones de puestos de trabajo que se crearon se concentraron entre 2003 y 2008.
Si, efectivamente, eso es así. Hasta 2011 lo que hubo sobre todo fue creación de empleo público y cuentapropismo. Desde que no hay inversión, no se crea empleo en el sector privado. Eso se ve sobre todo en el segundo gobierno de Cristina. Bailaron sobre el Titanic, de Kicillof para abajo. Es desafortunado porque uno puede tener muchos más elementos en común con la óptica de Kicillof que con cualquier otra, pero su gestión realmente es olvidable.
Los noventa
¿Qué pasó en el salario real en Argentina desde el mazazo de 2001 hasta hoy?
Desde 2002 empieza a recuperarse muy despacito junto con la demanda de empleo. Desde 2003 a 2008 hay una suba permanente. El aumento del empleo, más que la recuperación del salario, explica el incremento de la participación asalariada en la torta del ingreso. El sector asalariado logró conservar su capacidad de compra, pero no logró seguir ganando. Cuando se estancó el empleo, la participación del salario dejó de crecer, salvo en las cifras oficiales, que nos llegaron a decir que estábamos otra vez en el mágico fixty-fitty.
¿Por qué no se pudo achicar el trabajo en negro más allá del núcleo duro del 34 %?
La economía argentina incluye un componente de excluidos que no pueden ser atraídos, como diría Agustín Salvia de la UCA. La estructura productiva argentina está sostenida por pymes o por empresas que son pequeñas en su inserción internacional. Esas empresas tienden a requerir mecanismos de mayor explotación de sus trabajadores para llegar a un margen de competitividad. Eso explica la negrura persistente en la economía. En Argentina, como en otros países, el capital más concentrado se ha desprendido de parte de los procesos productivos dirigidos a empresas de menor tamaño, que son las que se tienen que hacer cargo del vínculo con los trabajadores. Como no pueden pelearse con los de arriba, los empresarios más chicos se pelean con los de abajo y negrean más que otros.
Usted afirma que la situación es similar a la de los años noventa.
En materia de condiciones de empleo estamos, más o menos, como en los noventa. No sabemos, si el salario real se recuperó mucho más allá del nivel de 1998.
¿Dice que modelos económicos muy distintos se emparentan en cuanto a variables como salario real y mercado de trabajo?
Si, por esta estructural deficiencia en productividad media de la economía argentina. Tiene que ver con eso y con un dispendio de la ganancia empresaria no transformada en inversión. De eso hablamos cuando decimos que el empresariado argentino tiene una historia de vivir más de la teta del Estado que del riesgo empresario. Eso se traduce en la llamada imposibilidad de pagar mejores salarios.
¿Qué pasó con la desigualdad laboral?
En la época del kirchnerismo no se agudizaron las diferencias. Pero la relación entre el ingreso medio de los trabajadores protegidos respecto del ingreso medio de los trabajadores precarios era de 2 a 1 en los noventa y siguió siendo de 2 a 1 en los años 2000. Si estuviéramos en un proyecto de mayor equidad, los ingresos de unos y otros deberían acercarse más. La estructura sectorial del empleo no cambió.

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