lunes, 12 de agosto de 2019

Defender las estadísticas públicas, Clarin, 12-8-2019

Columna publicada en Clarin, 12-8-2019

Debate

Defender las estadísticas públicas, en defensa propia



No es noticia afirmar que uno de los resultados más perniciosos de la década pasada ha sido la desaparición de una referencia clara y aceptada en materia de estadísticas públicas.Junto con la intervención del INDEC, se violentaron los estándares de calidad, se maltrató al personal capacitado e histórico y se lo llenó de dudoso personal conocido como “la patota”.
Pero todo ello ocurrió sobre un contexto en el que a buena parte de la población parecía no interesarle ni importarle tales hechos ni sus resultados. Una de las máximas expresiones se dio con la frase del Secretario de la CGT de entonces: a mí no me importa el índice del INDEC, sólo creo en el índice del supermercado.
Con ello, naufragaban décadas de esfuerzo técnico y científico por construir una institución creíble, que proporcionaba datos necesarios para la gestión pública y para los estudios sociales, económicos y políticos. Desde entonces la información estadística dejó de ser un punto de referencia para tornarse en un campo en el que todo vale, cualquiera puede tener una opinión con similar entidad a la de los organismos específicamente dedicados a tal cometido.
Sobre la base de la impostura oficial florecieron sustitutos informativos que a veces pretendían cubrir los huecos resultantes y en ocasiones meramente contribuían a oscurecer la apreciación de la realidad.Todo el mundo sabía que la inflación se ubicaba por encima de los 20 puntos pero el dato oficial nunca superó el dígito anual.
Como consecuencia, las estimaciones sobre pobreza e indigencia arrojaban valores ridículamente inferiores a los verdaderos y la evolución del salario real informado oficialmente daba un salto sin duda exagerado.Si por entonces se justificaban los esfuerzos por identificar instrumentos alternativos, luego de la normalización del INDEC dejó de tener sentido la subsistencia de ámbitos como el representado por el “índice Congreso”.
No sólo eso. Empezaron a pulular nuevos núcleos de diversa calidad todos ellos dedicados a “producir” sus propios datos o estimaciones en los más variados rubros. Rara vez se nutrían de datos oficiales y, lo más llamativo, es que estos nuevos “productores” de información estadística habían estado completamente ausentes de la denuncia del atropello cometido durante casi una década por las autoridades políticas nacionales en los años precedentes.
El extremo más reciente, es que desde tales núcleos ha empezado a aparecer una suerte de cuestionamiento o de puesta en duda de la información estadística oficial. Sería gracioso si no fuera tan dramático.Lo expresado no significa -en modo alguno- que las estadísticas oficiales se encuentren en un grado de perfección que no deban preocuparnos.
De ninguna manera. Hay todavía cuestiones no indagadas adecuadamente que ocurrieron en el pasado y tienen impacto todavía hoy. Hay modificaciones introducidas que fueron insuficientemente explicadas o fundadas. Hay una demanda insatisfecha por reconstruir series interrumpidas o distorsionadas durante tan largo período que sólo puede atenderse por parte de los organismos oficiales.
Para contribuir a la búsqueda de una sociedad mejor, el soporte informativo es esencial. Claro que en base a tal soporte se pueden generar intervenciones de mejor o peor calidad. O, también, que los datos pueden ser leídos sesgadamente, por lo común con propósitos mezquinos.
Por ejemplo, cuando se habla de la pérdida de empleo, globalmente, se falta a la verdad. En los tres primeros años del actual gobierno se crearon casi un millón de puestos de trabajo. Incluyendo casi doscientos mil en el año último.
Otra cosa es que esos puestos han sido predominantemente de baja calidad incluyendo la transformación de puestos asalariados protegidos en otros precarios. Es más, en 2017 la dinámica de creación de empleo fue singularmente elevada lo que continuó hasta el primer trimestre de 2018. Otra falacia es que hubo destrucción de empleo estatal dado que las Cuentas Nacionales informan que su número se incrementó en cien mil desde principios de 2016 a comienzos de 2019.En donde el deterioro sociolaboral es claro es en materia salarial. Desde el inicio del actual ciclo político, hasta mayo último, la pérdida de capacidad de compra de los salarios privados registrados fue del 10%.
En el lapso intermedio hubo caídas pronunciadas en la primera mitad de 2016 que se recuperaron a fines de ese año, seguidas en 2017 de una nueva pérdida (menor) y posterior recuperación entre finales de 2017 y el inicio de 2018.
Desde allí (cuando el nivel del salario protegido había recuperado un valor similar al de fines de 2015) se inició un continuo camino descendente hasta el tercer trimestre de ese año. Desde entonces hay un movimiento de recuperación lenta e irregular subsistiendo el deterioro ya marcado.Un modo de mirar articuladamente ambos componentes del sector asalariado (empleo y remuneraciones) consiste en apreciar el dato de participación salarial en el Valor Agregado Bruto de la economía. Así, en 2016 y 2017 el nivel de participación salarial se mantuvo poco más arriba del 50% es decir un nivel similar al que se estima alcanzó el país hacia fines del gobierno anterior.
Desde esa meseta, el año último refleja el impacto de la crisis cambiaria, productiva y sociolaboral con una pérdida de tres puntos porcentuales respecto del año previo.Volviendo al comienzo. Si en esto como en otros ámbitos permitimos que las interpretaciones u opiniones sustituyan a los hechos (en este caso reflejados por las estadísticas públicas) nos alejaremos de la posibilidad cierta de conocer acabadamente nuestra realidad social dejando lugar tan sólo a la formulación, en el mejor de los casos, de buenos deseos. Consolidar y mejorar nuestras instituciones estadísticas es mucho más que el cometido de los profesionales directamente involucrados. Es un quehacer de la sociedad en defensa propia pues, como ya sabemos, la información es un derecho humano esencial.

miércoles, 17 de julio de 2019

Entrevista de Natalia Muscatelli, FM 91.3 sobre la reforma laboral 17-7-19

Entrevista de Natalia Muscatelli, El bolsillo del consumidor, RAdio Sinphony FM 91,3, sobre el proyecto oficial de reforma laboral que plantearía el gobierno próximamente, 17-7-19



lunes, 6 de mayo de 2019

Distribución del ingreso en 2018 Radio Dime, 6-5-19

Entrevista de Christian Mira, No esperen milagros, Radio DIME, 6-5-2019 a partir de la columna publicada en Clarin unos días antes.



jueves, 2 de mayo de 2019

Inversión y empleo: herramientas para salir del laberinto Clarin 2-5-19

Columna aparecida en Clarin, 2-5-2019


Las evidencias sobre el desempeño económico y la situación social al término de 2018 se completaron con la publicación por el INDEC de la Cuenta de Generación de Ingresos, hace pocos días.
La gravedad en materia de deterioro de la capacidad de compra de los ingresos personales en la última parte del año último se aprecia en el elemento principal que da origen a aquella desigualdad: la proporción del producto que remunera al trabajo.
Si bien el Producto disminuyó sensiblemente en 2018, al haber empeorado el empleo y los ingresos de los que lo poseen, la participación salarial -que en 2017 fue del 51.8% del Valor Agregado Bruto- perdió cuatro puntos ubicándose en torno del 47,5% en 2018.
Tal como lo muestran otros indicadores, el promedio de 2018 no revela la severidad de la disminución que se deriva del mismo indicador mirando sólo el cuarto trimestre. Allí, la comparación interanual da una pérdida de cinco puntos porcentuales de la participación del ingreso salarial. En ese período, el número de puestos de trabajo cayó 1% entre los asalariados registrados y un porcentaje cercano entre los no asalariados. Hubo una leve mejora entre los asalariados no registrados (el trabajo precario o mal llamado “en negro”, aumentó). Es decir, un comportamiento laboral típico de las situaciones recesivas ya que cae el empleo protegido (-100.000) y se acrecienta el número de puestos precarios (40.000).
La secuencia negativa a lo largo de 2018 también se vio en materia de los ingresos personales y familiares. El año se inició con muy buenos indicadores, empezó a tambalear en los trimestres intermedios y se derrumbó en el último. El promedio anual, por lo tanto, en comparación con 2017 no arroja valores tan inquietantes. Es más, en materia ocupacional entre ambos años hubo un alza de 140.000 puestos asalariados compuestos mayoritariamente por precarios y un tercio por protegidos.
Claro que el comienzo de 2019, cuyo primer trimestre ha concluido pero del que todavía no se tiene información equivalente, probablemente repita o agudice la pésima perfomance socioeconómica del cuarto trimestre del año último. No sólo no se han empezado a discutir y menos aún a poner en marcha las convenciones colectivas de este año sino que la escalada inflacionaria parece haber recobrado fuerza destructiva.
En otras palabras, tanto el año último como el actual parecen signados por la intensa caída de la actividad económica y con ella, la situación socioeconómica se afectó por el lado de los ingresos a partir del segundo trimestre y por el del empleo desde finales de 2018. Hay consenso entre los analistas acerca de la responsabilidad del Gobierno en todo esto. Sin embargo, para superar la situación presente hace falta no omitir la perspectiva de largo aliento, no sólo ver la foto actual.
Tomemos por ejemplo otra información reciente del Observatorio de la UCA. Respecto del empleo se señala que el desempleo disminuyó dos puntos entre 2010 y 2015 y aumentó medio punto en los tres años de Cambiemos. Esta evolución parece ir en línea con la mirada positiva con el gobierno anterior y negativa con el actual.
En los otros ítems mostrados por esa encuesta las cosas lucen de otro modo. El subempleo se incrementó fuertemente en el quinquenio anterior y mantuvo esa dinámica ahora, aunque a un ritmo menor.
El empleo precario descendió tres puntos entre 2010 y 2015 y otros cuatro puntos en el último trienio. Por último, el empleo protegido había disminuido un punto en aquel quinquenio y lo recuperó durante la gestión actual.
Estos datos muestran que el empleo no ha sido el aspecto que explica la delicada situación sociolaboral presente sino que esta radica de manera sustantiva en el nivel de ingreso. De hecho, el informe oficial sobre distribución funcional del ingreso da cuenta de que en 2018 hubo más empleo que el año previo, pero la participación del salario cayó. Tal contraste tiene relación con el tipo de empleo creado (de baja calidad) y con el deterioro sufrido por la capacidad de compra todo ello en el marco de una notable caída del nivel de actividad, es decir del tamaño de “la torta” a repartir.
Una vez más es necesario recordar que el crecimiento económico (verbalizado por todos los núcleos sociales y políticos) depende de manera esencial de algo en lo que Argentina viene fallando desde hace décadas: la tasa de inversión ha sido tendencialmente declinante desde los años ‘80 para aquí.
Luego de la crisis de principios de siglo, por ejemplo, cada uno de los períodos presidenciales mostró sucesivamente una tasa menor, incluso este gobierno que no supo generar las condiciones para que tal disminución se revirtiera.
De tal modo, sería bueno que las fuerzas políticas que competirán electoralmente expresen de qué manera se proponen enfrentar este desafío del cual dependen no pocas de las demandas que la sociedad expresa con su mal humor manifiesto. Y el sector empresario no debería escudarse en la coyuntura extremadamente complicada pues el reclamo por la insuficiencia de la inversión precede, en mucho, a esta circunstancia.
Menos aún, la justificación puede encontrarse en las investigaciones judiciales que tienen en la mira por vez primera a empresarios junto con políticos. Del laberinto, dicen, se sale por arriba.