viernes, 4 de junio de 2021

De cada diez empleos perdidos en 2020, sólo uno fue al desempleo - Columna - INFOBAE -4-6-2021

 Columna publicada en INFOBAE, 4-6-2021

¿Cuánto tiempo permanecerán inactivos quienes perdieron su trabajo antes de pugnar por conseguir un nuevo empleo? No lo sabemos, pero cuando ello suceda, la tasa de desocupación dejará de mostrar valores tan moderados como los actuales


La falta de oportunidades de empleo, las restricciones al movimiento de las personas y, principalmente, la crisis económica que no afloja, impide volver al mercado de trabajo a muchos de los que quedaron al margen.

En los años noventa esta situación recibía la denominación de desaliento: los trabajadores sin empleo no sólo engrosaban el mundo del desempleo, sino que -en alta proporción- quedaban como inactivos. Ahora pasa algo similar.

Los microdatos de la Encuesta de Hogares de 2020 muestran un fenómeno singular: sólo uno de cada diez empleos perdidos se muestra como desocupado.

Ya en el segundo trimestre se mostró una situación extrema. En la treintena de aglomerados en los que se hace la Encuesta se destruyeron 2,5 millones de empleos…..pero los desocupados nuevos no fueron más de diez mil.

En los años noventa esta situación recibía la denominación de desaliento: los trabajadores sin empleo no sólo engrosaban el mundo del desempleo, sino que -en alta proporción- quedaban como inactivos. Ahora pasa algo similar

Dada la intensidad de los cambios en cada trimestre, podemos comparar los promedios anuales de los últimos dos años

Fuente: EPH (28 aglomerados), Indec. NOTA: vale recordar al lector que aquí se trata de personas (no de puestos de trabajo) y los datos refieren sólo a los aglomerados relevados por la Encuesta, no a todo el país
Fuente: EPH (28 aglomerados), Indec. NOTA: vale recordar al lector que aquí se trata de personas (no de puestos de trabajo) y los datos refieren sólo a los aglomerados relevados por la Encuesta, no a todo el país

Parte de la explicación de tan fuerte retracción de la población activa se encuentra en las características de las ramas afectadas y en la naturaleza de la inserción laboral del personal afectado.

Quienes fueron los que más puestos perdieron

Mirando con un poco más de detalle, dos tercios de los empleos perdidos fueron de los asalariados precarios y del servicio doméstico. Sólo el empleo público mejoró un poco su dotación.

Para entender mejor el singular comportamiento de quienes perdieron su empleo en 2020 debe marcarse un par de cuestiones.

Ante todo, el impacto inicial fue de extrema dureza, de modo similar a lo observado por la OIT en toda América Latina. Se perdieron -en el segundo trimestre- cuatro millones de puestos de trabajo según la Cuenta de Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra del Indec. A lo largo del año se recuperaron más de la mitad de esa cuantía.

Dos tercios de los empleos perdidos fueron de los asalariados precarios y del servicio doméstico

En segundo lugar, la heterogeneidad del impacto (tanto el inicial como el del balance anual) se aprecia entre las ramas de actividad económica como entre las categorías ocupacionales.

Los datos que siguen comparan la situación a fin de cada uno de los últimos dos años (no el momento de mayor impacto negativo).

Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC.
Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC.

Tomando sólo las cinco ramas con al menos diez por ciento de pérdida en su dotación ocupacional, se reúnen dos tercios de la pérdida total. El parate económico de 2020 afectó sin duda al rubro de hoteles y restaurantes con mayor intensidad, seguidos del servicio doméstico y transporte y comunicaciones.

Las ramas más afectadas son aquellas, también, a las que más les costará recuperar su nivel de actividad, habida cuenta de que la incipiente reversión del verano reciente sucumbió en el marco de la lenta y tardía vacunación que hubiera mejorado notablemente las posibilidades de afrontar mejor la segunda ola de la pandemia. Las dificultades e ineficiencias evidenciadas a ese respecto, se tradujeron en la necesidad de volver a restringir actividades ya ahora prácticamente sin ayuda estatal posible.

Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC
Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC

Por cierto, entre los sectores más afectados están los asalariados desprotegidos, los precarios, mal llamados “en negro”. Más de dos tercios de las pérdidas de puestos corresponden a este conjunto. Dentro de él se destacan los hoteles y restaurantes, la enseñanza y los otros servicios comunitarios y sociales con más del 30% de pérdida en cada caso. Las otras cuatro ramas incluidas en el cuadro (con más del 15% de pérdida) completan casi el 90% de las pérdidas de la categoría. Dentro de estas últimas, sin embargo, se encuentran las dos ramas con mayor volumen de destrucción de puestos laborales: un cuarto de millón en el Servicio Doméstico y casi 110 mil en el sector del comercio.

Aun antes de los DNU que restringieron y restringen las actividades y el movimiento de personas, en estas ramas (y, en especial, para esta categoría ocupacional) no se veían las posibilidades de volver a los niveles previos a la pandemia.

Futuro incierto

¿Cuánto tiempo permanecerán inactivos quienes perdieron su trabajo antes de pugnar por conseguir un nuevo empleo? No lo sabemos, pero cuando ello suceda, la tasa de desocupación dejará de mostrar valores tan moderados como los actuales.

Esto nos remite, una vez más, a la secuencia virtuosa que se torna imprescindible: elevar la inversión, para incrementar el nivel de actividad económica, que permita vigorizar la demanda de fuerza de trabajo, como consecuencia de lo cual puede mejorar paulatinamente las condiciones de vida de amplios sectores populares.

Ya sabemos que ampliando incesantemente las políticas redistributivas olvidando la base económica productiva no solo no se resuelven sino que agravan los problemas económicos y los sociales.

No estaría nada mal que la dirigencia política de todos los matices tome conciencia de ello. Y se disponga a sentarse a escuchar y dialogar a los que piensan diferente y tienen intereses dispares para encontrar el camino adecuado. Eso requiere elevar la perspectiva y no sólo pensar en la inmediatez.


lunes, 31 de mayo de 2021

La necesidad de recuperar el empleo CLARIN 31-5-2021

 Columna publicada en CLARIN, 31-5-2021


Debate

La necesidad de recuperar el empleo

Los números hablan del sendero equivocado recorrido por gobiernos de diverso signo político.

Más allá de las disputas internas en la cúpula del poder, la sociedad sigue intrigada sobre la posibilidad de ver la luz al final del túnel, tanto en materia de la situación económica (recuperación del nivel de actividad y control de la inflación), como del empleo y el impacto en la pobreza. La inseguridad quizás compite con los temas sociolaborales.

Explicaciones diversas de la critica situación. Hay varios argumentos que se leen y escuchan como que la inflación es multicausal (y, según esto, no deberíamos poner el acento en las cuentas públicas), que entre esas causas estaría el efecto del aumento de los precios internacionales y/o el nivel de concentración económica.

Todo este combo explicaría la gravedad de la situación que atravesamos -junto con la “maldita herencia macrista”- con lo que se excluye de responsabilidad alguna a las actuales autoridades.

Son argumentos que cuesta sostener apenas se observa que el resto de los países del mundo estarían inmunizados respecto del aumento de precios internacionales por lo que sólo nosotros lo padeceríamos, o que Argentina tendría un nivel de concentración económica capitalista superior al de todos los países latinoamericanos y de la mayor parte de las regiones del mundo, sin contar que los años dorados (gobierno de Néstor Kirchner) no tuvimos déficit fiscal ni externo, superávits que se “extraviaron” posteriormente.

Puede decirse que estos son argumentos propios de una polémica poco útil y eficiente. Sin embargo, al menos en lo referido al empleo vale un repaso de los números, en este caso circunscripto a los referidos a los asalariados registrados.

Recordemos, antes de la pandemia, teníamos veinte millones de puestos de trabajo de los cuales la mitad correspondían a esta categoría.

Los otros diez millones se repartían entre los trabajadores precarios (en negro) y los no asalariados. Este último conjunto es el que sufrió el peor impacto del millón y medio de puestos perdidos en el año. Los asalariados privados registrados, en cambio “casi” no fueron afectados 

Empleo asalariado privado “en blanco” en el siglo XXI. Entre 2004 y 2008 se registraron 2,4 millones de nuevos puestos (asalariados privados registrados), entre 2008 y 2013 sólo 1.3 y de entonces hasta 2016 (no hay datos de 2015) apenas 300 mil. Durante el macrismo algo menos de 100 000.

Es decir que antes de la llegada del COVID 19 la declinación en materia de puestos asalariados registrados en el sector privado era harto evidente lo que expresaba la falta de dinamismo de la economía y, en particular, la permanente declinación de la tasa de inversión. La mejora de la participación de la masa salarial en la renta general lucía, entonces, insostenible.

Con esto se describe un panorama que habla del sendero equivocado recorrido por administraciones de diverso signo político.

En 2020, finalmente, pese a la prohibición de los despidos, se perdieron más de 200 mil puestos de este tipo (asalariados registrados privados).

Además de observar la absoluta falta de dinamismo de esta categoría laboral, interesa ver el contenido sectorial de esa dinámica En el período “de oro”, dos tercios se originaron en media docena de ramas: el Comercio y las Actividades inmobiliarias dan cuenta de un cuarto del cambio total. Otro 20% se debe a Enseñanza y a Administración Pública. Finalmente, dos ramas productivas explicaban otro 20%: Industria (12%) y Construcción (8%).

Aproximadamente en el primer gobierno de Cristina Kirchner no sólo caía a la mitad la creación de puestos de trabajo, sino que sólo cinco sectores explicaban el 80% del total. Ya no figuran ni la industria ni la construcción. Casi el 30% la Enseñanza, 20 Administración Pública y el 30% restante lo agrega el Servicio Doméstico, los Servicios Sociales y el Comercio.

En la transición 2013-2016, el débil aumento agregado se originaba en un 80% en sólo cuatro ramas: Enseñanza (un tercio del total) y Servicios Sociales, Hoteles y Administración pública -en conjunto- sumaban el 50% restante.

Como se ve, del “modelo industrial” quedaban ya pocos rastros, ni en materia de empleo ni de participación sectorial en el producto.

La pandemia y después. Así visto, el fuerte impacto económico y ocupacional de la pandemia se produce en un contexto altamente desfavorable. Esto es, en Argentina la enfermedad encuentra el terreno abonado para mayores estragos.

No hay dudas que la epidemia ha recobrado virulencia. A las restricciones de abril (extendidas tres semanas más) se agregaron nueve días de mayor rigidez y dos semanas posteriores retornando a las condiciones de fines de abril Tampoco hay dudas acerca de las dificultades -también ineficiencias- en materia de obtención de vacunas y demoras en su aplicación.

El retorno de las restricciones obliga a cerrar la circulación y agudiza la grave situación económica y social. Va a ser difícil recuperar los 800 mil puestos perdidos por los trabajadores precarios (de los cuales 40% eran del servicio doméstico) o los 500 mil de no asalariados (un tercio del comercio) a lo largo de 2020.

Pero aun los que logren permanecer en el mercado de trabajo verán duramente impactados su desempeño en estas nuevas condiciones. El ritmo inflacionario no sólo no se detiene, sino que recobra fuerzas.

Pese a todo, muchos especialistas sostienen que aún estamos a tiempo de recuperar la cordura lo que requiere un insumo escaso: disposición para el acuerdo político entre sectores que piensan distinto. Los moderados y los que volverían mejores brillan por su ausencia. Pero sin ellos no habremos de recuperar la inversión y, por tanto, el empleo. Enorme desafío que va más allá del año electoral.


viernes, 7 de mayo de 2021

La segunda ola agrava la situación sociolaboral, en ausencia de una estrategia INFOBAE 7-5-21

Columna publicada en INFOBAE, 7-5-2021

Según el último informe de Indec sobre la Cuenta de Generación de Ingresos e Insumo de Mano de obra, en 2020 se registraron menos puestos de trabajo (19,3 millones) que en 2012 o 2013 (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

La gravedad de la situación actual no deriva, solamente, de la irrupción de la segunda ola. Lo más delicado proviene de la desaparición de los acuerdos y consensos que caracterizaron los tiempos iniciales de la pandemia en Argentina. Claro que todo potenciado por la morosidad de la llegada y aplicación de las vacunas.

Lo que no se entiende son los agresivos y descalificantes discursos de las máximas autoridades de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires sobre los médicos, sobre otras autoridades gubernamentales, o sencillamente sobre quienes discrepan con su mirada; tampoco se entienden decisiones que desairaron a ministros del propio gabinete.

No se entiende si estamos en pandemia y debe privilegiarse el cuidado de la salud de los ciudadanos o el inicio anticipado de la campaña electoral “justifica” tamaño desvarío

Todo ello, sin haber hecho ninguna mención al incumplimiento de los anuncios hechos con toda pompa y boato a fines de 2020. A fines de febrero no había llegado ni el diez por ciento de los 20 millones anunciados. En marzo se agregaron cinco millones de dosis y fue allí cuando se decidió -ante el fracaso del programa de recepción de vacunas- suspender la aplicación de la segunda dosis para todo el mundo.

Es más que notable que los argentinos estemos discutiendo si la escuela primaria es responsable de la propagación del virus (por lo general sin sostener las afirmaciones en datos fehacientes) y no reclamemos a quien corresponda por este tipo de carencias en materia de protección: la falta de vacunas. Los mismos funcionarios que antes acusaban a los runners ahora atribuyen a la escolaridad, en particular del nivel primario, la existencia de la segunda ola.

No se entiende si estamos en pandemia y debe privilegiarse el cuidado de la salud de los ciudadanos o el inicio anticipado de la campaña electoral “justifica” tamaño desvarío. En el marco de los datos recientes sobre pobreza, empleo e ingresos este juego de “matar al enemigo” en lugar de concertar con los diferentes resulta muy extraño, por decir lo menos.

La situación económica y social es insostenible

En efecto, en el país se perdió más de un millón y medio de puestos de trabajo en 2020, con mayor impacto en los componentes más frágiles del mercado laboral: los asalariados precarios (“en negro”) y los autónomos (cuentapropistas y pequeños empresarios).

Según el último informe de Indec sobre la Cuenta de Generación de Ingresos e Insumo de Mano de obra, en 2020 se registraron menos puestos de trabajo (19,3 millones) que en 2012 o 2013. El impacto de la pandemia es evidente ya que entre 2016 y 2019 se superaron los 20 millones con valores anuales crecientes. El recuento de datos es pertinente, entre otras razones, pues en los debates electorales de 2019 se argumentaba sobre la disminución de puestos laborales durante el gobierno de Cambiemos.

Tenemos una desafortunado “privilegio”: estamos en el podio internacional de países con mayor volatilidad en su dinámica económica a lo largo de los últimos setenta años

No debiera ser necesario pero, por las dudas, aclaremos a los lectores que la referencia privilegia los datos no procura hacer un juicio de valor sobre aquél gobierno. Desde mediados del gobierno de Mauricio Macri, sí había habido deterioro, en materia de ingresos como lo muestran los datos de la Encuesta Permanente de Hogares. Tanto los ingresos laborales (de la ocupación principal) como el resto de los ingresos individuales venían estancados, con oscilaciones, a lo largo de la segunda década del siglo, alcanzando todavía niveles importantes en 2017. De allí en más la caída fue imparable, continuando por supuesto en el marco de la pandemia.

Evolución ingresos reales 2004 = 100


Fuente: Evolución de la distribución del ingreso, EPH, INDEC

Notas: IOP, ingreso de la ocupación principal; II, ingresos individuales; IpcF, ingreso per cápita familiar

Es destacable el hecho de que en el siglo XXI los ingresos familiares tuvieron una dinámica mucho más favorable que los ingresos personales. En 2015 el nivel de aquellos era 60% superior al de 2004, mientras que los individuales mejoraron menos del 40% en igual lapso.

Casi la mitad de los años transcurridos en este siglo, en Argentina el producto bruto ha disminuido

Más allá de las críticas e interpretaciones desde diversas perspectivas, se observa que durante el gobierno de Cambiemos, los ingresos familiares siguieron mejorando hasta 2017 y 2018. Incluso el deterioro de 2019 marca un nivel levemente favorable respecto del correspondiente a 2014. Parece un buen ejercicio, utilizar los mismos indicadores para analizar periodos diferentes. Haciéndolo, las sorpresas son tales sólo para quienes prefieren la interpretación de la realidad que los datos que la ilustran.

En cualquier caso, la situación del año 2020 nos retrotrae -a través de estos indicadores- a mediados de la primera década del siglo, cuando Argentina y toda América Latina estaban en plena ebullición. Casualmente, el producto per cápita del país actual es similar al de aquel momento. Es difícil imaginar entonces que no hayamos declinado en nuestro bienestar.

Cómo podemos salir de esta encerrona

Ha sido perniciosa la creencia de que las crisis sociales y económicas son de solución mágica o que dependen de decisiones meramente coyunturales o bien que no implican esfuerzo individual y colectivo. Tal creencia no nos ha ayudado a resolver nuestros problemas, más vale lo contrario.

Casi la mitad de los años transcurridos en este siglo, en Argentina el producto bruto ha disminuido. Tenemos una desafortunado “privilegio”: estamos en el podio internacional de países con mayor volatilidad en su dinámica económica a lo largo de los últimos setenta años. Esta condición no es posible entonces atribuirla a uno u otro gobierno aislado.

Quienes creemos que el capitalismo requiere de un Estado fuerte debemos convencernos que no basta “cualquier” gestión estatal. Esta debe ser eficaz y eficiente

Por otro lado, desde 1983 en adelante, en cada período gubernamental la tasa de inversión (la proporción de la riqueza creada que destinamos a ampliar nuestro nivel de actividad económica) ha venido declinando. Nuevamente, no puede creerse que a un gobierno cualquiera pueda atribuirse la responsabilidad única o principal de tal desempeño. Si se quiere extraer alguna referencia político partidaria, puede recordarse que de los 37 años solo ocho corresponden a gobiernos no peronistas.

Hay al menos dos factores sobre los que realizar la reflexión. El primero refiere al sector empresario. ¿Cuál ha sido su comportamiento como principal ejecutor -o no- de la inversión productiva? ¿Cuánta relevancia tuvo y tiene la decisión explícita o implícita del sector de no ejercer su rol schumpeteriano -innovar, arriesgar capital, competir- y en cambio preferir especializarse en “mercados regulados” eufemismo que suele encubrir la decisión de hacer negocios fáciles por debajo de la mesa?

El segundo factor se relaciona con la acción estatal. ¿Cuán escasamente útil ha sido la creencia de que con sólo declamar la relevancia del Estado en el funcionamiento económico, era suficiente? ¿Cuánto debemos la situación actual a la ausencia de un planeamiento estratégico? Quienes creemos que el capitalismo requiere de un Estado fuerte debemos convencernos que no basta “cualquier” gestión estatal. Esta debe ser eficaz y eficiente.

Desde 1983 en adelante, en cada período gubernamental la tasa de inversión (la proporción de la riqueza creada que destinamos a ampliar nuestro nivel de actividad económica) ha venido declinando

Sólo a título de ejemplo. En sus inicios, el gobierno actual formuló la necesidad de crear un Consejo Económico y Social que tuviera a su cargo, precisamente, la gestación de manera colectiva y plural de tal horizonte y su correspondiente estrategia. No sólo no se lo hizo, salvo algunos gestos que no pasaron de tales, sino que la opción política que han adoptado las autoridades muestra que no están interesadas en tal cosa y, mucho menos, en su precondición: la necesidad de creación de consensos sociales y políticos.

Quizás si emprendiéramos ese camino podríamos dialogar entre quienes piensan distinto y entre quienes tienen intereses objetivamente contrapuestos. De lo contrario, nos daremos de bruces ante la evidencia de que en los bolsillos no queda más pelusa ni artilugios por inventar. Y el tiempo es más que escaso.

jueves, 15 de abril de 2021

Un 2021 más difícil de lo pensado Columna en Clarin 15-4-21

 Columna aparecida en Clarin, 15-4-21


El escenario en el que se lanzan las nuevas restricciones a la actividad y la circulación de las personas es extremadamente complejo. Su conjunción con la lenta vacunación y la persistencia de alta inflación, hacen difícil ser optimistas en la materia.

A todo ello se suman las pujas internas en el gobierno que han venido frenando el ímpetu que parecía tener el tándem Alberto Fernández y Martín Guzmán en el verano 2019/2020.

Cuando finalizó 2020 podía imaginarse que el nuevo año tenía rasgos promisorios. Una parte de quienes habían perdido sus trabajos y sus ingresos volvía a la actividad, algunos sectores se aproximaban a los valores previos a la pandemia, el Gobierno había elaborado un presupuesto que esperaba compatibilizar con las autoridades del Fondo Monetario Internacional para un pronto acuerdo.

En síntesis, se esperaba un rebote significativo de la golpeada economía argentina. Sin embargo, como decía el Dante, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

¿Cómo llegamos hasta aquí, pandemia incluida? A menos que creamos que hasta la pandemia teníamos una economía y un mercado laboral florecientes, es bueno mirar hacia atrás.

Las cifras son elocuentes. En el gobierno de Néstor Kirchner, el número de ocupados se incrementó en 2,2 millones. En cada uno de los dos mandatos de Cristina F. de Kirchner cada vez menos: 900 mil y 500 mil nuevos ocupados. Durante el gobierno de M. Macri la ocupación aumentó en 900 mil, pero también creció el desempleo en casi medio millón y la suba fue en base al empleo asalariado precario y a los no asalariados. O sea, hubo aumento del empleo, pero de baja calidad.

A continuación, pandemia y cuarentena mediante, en 2020 se perdieron 700 mil empleos (un millón si se expande a todo el país) y los desocupados aumentaron en 200.000.

El mejoramiento de las transferencias directas preexistentes, la preservación de los empleos protegidos (incluyendo los subsidios a empresas) y el necesario aunque limitado IFE, significaron una protección que, sin embargo, no llegó a una amplia franja social: los bien o mal calificados como sectores medios.

Ellos cargaron con buena parte del impacto de la pandemia y la cuarentena, incluyendo el cierre de sus pequeños negocios o actividades autónomas. Esa es la base social y económica de quienes expresan mayor resistencia a las nuevas medidas.

¿Hay luz en el túnel? La respuesta depende de varias cuestiones. Por un lado, de comprender realmente la naturaleza de la crisis y de las dificultades que arrastra la economía.

Tan erróneo, y poco útil, es atribuir la profundidad de la crisis a la pandemia como afirmar que todos los males se iniciaron en diciembre de 2015. Los datos y su correcta lectura indican que así no se explican las limitaciones derivadas del sector externo, las necesidades de financiamiento para nuestro persistente déficit fiscal, la ausencia de dinámica en la creación de empleo, en especial el de buena calidad.

Ninguna de estas cosas empezó con la pandemia ni con el fracaso económico del gobierno de Cambiemos, aunque una y otro ayudaron a profundizar los problemas.

De manera que un paso decisivo es identificar bien lo que hay que resolver. Por ejemplo, el candidato Fernández decía que los intereses pagados por las Leliqs eran una atrocidad y su cuantía sería en su gobierno destinada a satisfacer las necesidades de los jubilados.

Sin embargo, ni una ni otra cosa pudieron materializarse, porque ni el financiamiento fiscal ni el sistema previsional derivan de la buena o mala voluntad del gobierno de turno.

Otro elemento crucial es la gestión oficial de la crisis. Al asumir, el nuevo gobierno pareció orientado a ordenar la economía (“el ajuste previsional de la ley Macri es impagable”) y arreglar la deuda externa con los privados y con el FMI. Con demoras se llegó a un acuerdo con los tenedores de bonos y se elaboró un presupuesto con pautas y metas alejadas del dispendio.

Pero las previsiones para este año están severamente cuestionadas, pues el kirchnerismo se opone al necesario ajuste de las tarifas para achicar en algo el déficit, La situación luce contradictoria. El apriete inicial (percibido también por los estatales) y su expresión en el Presupuesto 2021, constituyen un esquema con sabor amargo: el ajuste de las cuentas públicas. Las posturas. contrarias al ministro Guzmán suenan -así- más progresistas.

Sin embargo, la historia reciente (y no tanto) del país indica que para construir una sociedad más equitativa y sustentable hacen falta; equilibrio fiscal; reconstrucción productiva; una estrategia de crecimiento; pautas que aseguren el aumento de la inversión productiva desde los bajísimos niveles a los que ha llegado; acuerdos de largo aliento para planificar la recuperación de los ingresos reales, y como correlato contención de la inflación.

La gravedad de datos sociales como los de la pobreza no debe generar confusión: la distribución es la contracara del proceso productivo. La redistribución (sea vía subsidios u otras transferencias) no puede autosostenerse si no es en el marco de la generación de riqueza.

La estrategia económica presidencial, aunque difusa, se propuso una dirección correcta. Pero dentro de las filas oficiales hay quienes la boicotean, quizás con el interés mezquino de que en lo inmediato puede mejorar su perfomance electoral. Esa postura expresa una falacia.

Sus exponentes aparecen como progresistas, pero son lo contrario pues empujan a más inflación y a un desajuste cambiario. Desde dentro del gobierno y de la sociedad en su conjunto sería importante que tomemos conciencia de ello
.

martes, 6 de abril de 2021

viernes, 2 de abril de 2021

Por qué en 2020 La pobreza aumentó menos que en la crisis de 2001, pero la recuperación será peor y tardará más Nota de M J Rumi, La Nación, 2-4-21

 Nota de María Julieta Rumi, LA NACION, 2-4-2021



jueves, 1 de abril de 2021

¿Son "nuevos" los datos sobre pobreza ? Columna en INFOBAE 1° 4 2021

 Columna aparecida en INFOBAE 1° 04 2021

¿Son “nuevos” los datos de pobreza?

Los datos del Indec para el segundo semestre de 2020 nos llevan al origen del problema: la distribución del ingreso en Argentina es, desde hace demasiado tiempo, insatisfactoria

Luego de anuncios no poco alarmistas que presagiaban un índice de pobreza cercano al 50% de la población, el Indec anunció, para la segunda mitad de 2020, un valor sensiblemente distinto: 42% de pobres, de los cuales uno de cada cuatro estaba en condiciones de indigencia.

Más allá del impacto que se produce cada vez que contamos con un nuevo dato sobre la incidencia de la pobreza en el país, la noticia siempre nos lleva al origen del problema: la distribución del ingreso en Argentina es, desde hace demasiado tiempo, insatisfactoria.

Como en toda América Latina, desde los altos valores registrados alrededor del cambio de siglo, se produjo un constante descenso –en la primera década– tanto de los índices de pobreza como de la indigencia. En la región, disminuyó en ese contexto el número absoluto de personas afectadas.

Sin embargo, a comienzos del segundo decenio el estancamiento de esa mejoría se transformó en reversión de la tendencia de manera que ya antes de la aparición de la pandemia COVID-19 los datos se asemejaban a los de una década atrás. La descripción, que alude a América Latina en base a los datos de Cepal puede aplicarse también a la Argentina.

Claro que en nuestro país hemos padecido desde manipulación de las estadísticas públicas, dentro de lo cual las de pobreza sufrieron quizás el mayor impacto, hasta explicaciones simplificadoras como las que sostenían que el recrudecimiento de la pobreza era exclusivo resultado de la gestión de Cambiemos.

Sin entrar en demasiadas precisiones, ante la ausencia de datos oficiales creíbles del período 2007 a 2015 inclusive, podemos decir que entre 2010 y 2015 cada año se agregó medio millón de personas en esa condición de pobreza. Durante el primer bienio del gobierno de Mauricio Macri hubo una disminución neta de un millón. Pero en la segunda mitad de su mandato, la caída del nivel de actividad económica y el empuje inflacionario fuertemente asociado al descontrol cambiario, se agregaron más de cuatro millones con lo cual el balance neto fue de 3,5 millones de personas que se sumaron a la pobreza preexistente.

Ante la ausencia de datos oficiales creíbles del período 2007 a 2015 inclusive, podemos decir que entre 2010 y 2015 cada año se agregó medio millón de personas en esa condición de pobreza

Ahora con la pandemia y en especial con el modo que hemos adoptado para enfrentarla (prolongada cuarentena, en primer lugar) al tiempo que el nuevo gobierno no ha encontrado la manera de controlar el proceso inflacionario nos enfrentamos a un escenario dramático: se agregaron otros tres millones de pobres en 2020 en parte porque se perdieron millones de puestos de trabajo (parte de los cuales se recuperaron hacia finales del año) lo que generó, para el grueso de la población, una disminución sustancial de los ingresos, incluyendo una gran porción de ella que quedó sin ingresos en absoluto.

Las necesarias medidas de contención (IFE y subsidios a empresas para el pago de salarios) fueron útiles aunque insuficientes y a la vez agravaron la situación fiscal, pues se solventaron sólo con emisión. Con lo cual, se potenció la pulsión inflacionaria como lo muestran los índices desde diciembre para aquí.

Se agregaron otros tres millones de pobres en 2020

Un aspecto no poco importante a tener en cuenta. Según datos de la UCA, aun entre los jefes de hogar con “empleo pleno” la incidencia de la pobreza era relevante. Entre 2010 y 2015 osciló en valores del 20% es decir que uno de cada cinco trabajadores en tal condición, igualmente era pobre. En 2017, el porcentaje bajó fuertemente al 15% pero fue una mejora efímera. Luego no dejó de aumentar hasta llegar en 2020 al 26 por ciento.

Este dato corrobora que tener trabajo y ser pobre no alude a núcleos separados, sino que se superponen. Dicho de otro modo, es importante ver por qué la distribución primaria del ingreso es tan deficiente que obliga a apelar a instancias redistributivas. Estas, con ser necesarias en condiciones especiales, no pueden ser la base de funcionamiento de una sociedad más equilibrada, más productiva y más equitativa.