domingo, 4 de julio de 2021

Qué sectores están más perjudicados por la pérdida de puestos de trabajo . Nota de S. Stang - LA NACION 4-7-21

 Nota de Silvia Stang, publicada en LA NACION el 4-7-21

La versión completa de la entrevista, aquí



Con una caída de más de 30% del número de puestos de trabajo en comparación con los primeros meses de 2020, el servicio doméstico y el sector de la hotelería y la gastronomía son los segmentos de la economía en los que con mayor fuerza persiste el deterioro del mercado laboral causado por la profundización de la crisis económica que trajeron la pandemia, la cuarentena y las restricciones para circular y para desarrollar actividades.

Las conclusiones surgen del análisis de los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, correspondientes al primer trimestre de este año. La estadística oficial también muestra que, si bien el número total de personas ocupadas no cayó en comparación con el mismo período de 2020, eso fue por el crecimiento de puestos en la administración pública, mientras que sí hubo una disminución del número de fuentes laborales en el sector privado.

“Si se comparan los datos con los del primer trimestre del año pasado, una primera conclusión es que la tasa de actividad sigue por debajo del nivel de la prepandemia”, dice Agustín Salvia, coordinador del Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la UCA e investigador del Conicet, en referencia al índice que revela qué parte de población trabaja o busca activamente un trabajo. El porcentaje, de hecho, se ubicó en 46,3% de la población total de las áreas relevadas en el período de enero a marzo de 2021, mientras que un año atrás había sido de 47,1%.

Si se recuperara ese índice a los niveles que había hace más de un año, estima Salvia, entonces la tasa de desocupación rondaría el 11% o 12%, en lugar del ser de 10,2% de la población económicamente activa (es decir, del grupo de personas que se declaran en actividad al responder a la encuesta del Indec).

La tasa de empleo, en tanto, se ubicó, según los resultados del relevamiento más reciente, en el 41,6%, mientras que en el segundo trimestre de 2020 se había desplomado hasta el 33,4% de la población, y en los tres primeros meses del año pasado había sido de 42,2%. Más allá del repunte que tuvo ese índice, Salvia advierte que cuando se mira en forma desagregada qué pasó, se observa que en el segmento de la actividad privada hay 195.000 ocupaciones menos que a inicios de 2020, mientras que en la administración pública el número de ocupados se incrementó en 176.000.

Los números se refieren no a la totalidad del país, sino a los 31 centros urbanos en los cuales se hace la encuesta del Indec sobre el mercado de trabajo. Esos mismos datos muestran, según un análisis de LA NACION, que la caída más pronunciada en el número de ocupaciones se dio en los hoteles y restaurantes, donde la reducción del número de trabajadores es de 32,1% respecto de un año atrás (la pérdida es de 158.350 puestos) y en el servicio doméstico, un segmento en el que se desempeñan este año 280.450 personas menos que a principios de 2020, lo cual implica una caída de puestos de 30,2%.

Según el informe oficial, esos dos sectores son los que más participación perdieron en el universo total de ocupaciones. Mientras que en los hoteles y restaurantes trabajaba en 2020 el 4,1% de quienes contaban con una ocupación, este año ese índice se redujo a 2,8%. Y quienes desarrollan tareas en casas particulares pasaron del 7,7% al 5,4% del total.

En este segundo caso, inciden de manera especial los problemas de la economía doméstica de quienes son empleadores y, además, el hecho de que es un sector con muy elevada incidencia de la informalidad, estimada en más de 70% antes de la pandemia. La situación en cuanto al número de personas empleadas empeoró incluso respecto del cuarto trimestre de 2020: el año pasado terminó con alrededor de 726.000 trabajadoras en esta actividad, mientras que para el primer trimestre de 2021 es posible estimar que son poco más de 647.000.

Como contraparte de la caída en la participación de esas actividades, avanzaron levemente las de la industria (de 11,1 a 12%), los servicios financieros (de 10,6 a 11,4%), la prestación de servicios sociales y de salud (de 6,2 a 7%) y la administración pública (de 8,9 a 9,4%). En esas actividades, que coinciden con las que suelen tener menores tasas de informalidad, hubo recuperación del empleo a niveles prepandemia.

En el mundo de la informalidad es donde no tuvieron alcance práctico las medidas de protección con las que el Gobierno pretendió reducir los daños de la crisis, como la prohibición de despidos, que recientemente se prorrogó hasta 31 de diciembre de este año.

Más allá de la falta de alcance para el sector de la economía no registrada, esa disposición “tiene una doble cara”, según considera el economista Javier Lindenboim, investigador y docente en la UBA. “Son medidas de protección bien aceptadas por la dirigencia sindical, pero socialmente son una bomba de tiempo, que principalmente afecta a las pymes”, las unidades de producción más afectadas.

El economista advierte, al tiempo que “la caída del empleo fue casi perpendicular, la recuperación es cada vez más lenta”. Y eso se vuelve más preocupante, evalúa, cuando se observa que, según los datos del Indec difundidos en los últimos días, la actividad cayó en abril, en forma mensual y desestacionalizada, por tercer período consecutivo.

La estadística oficial revela la magnitud en que el sector informal sigue sufriendo con mucha mayor fuerza las consecuencias de la crisis. En el primer trimestre, la reducción interanual del número de asalariados sin aportes jubilatorios fue de 12%, según cálculos de la ODSA sobre la base de la EPH, con una caída de 378.000 puestos. También hubo una disminución, de 13,6%, en el número de personas incluidas en el rubro “patrones”.

En parte, esas personas pueden haber ido al cuentapropismo: hubo, de hecho, un crecimiento de 9,1% del número de quienes declararon en la encuesta hacer tareas laborales de manera independiente, en comparación con los primeros meses de 2020; son, para el conjunto de centros urbanos abarcados por el Indec, 243.000 personas más que un año atrás. El cuentapropismo suele ser un refugio para quienes pierden un trabajo dependiente y, dados los altos índices de pobreza, se trata de un segmento con alto grado de no registro y de vulnerabilidad.

Según un informe de la Cátedra Unesco del Instituto Di Tella, con datos al cuarto trimestre de 2020, mientras que entre los asalariados la falta de aportes a la seguridad social alcanzaba al 32,7%, en el total de ocupados, incluyendo a los independientes, el valor trepaba a 51,8%.

viernes, 25 de junio de 2021

lunes, 21 de junio de 2021

viernes, 4 de junio de 2021

De cada diez empleos perdidos en 2020, sólo uno fue al desempleo - Columna - INFOBAE -4-6-2021

 Columna publicada en INFOBAE, 4-6-2021

¿Cuánto tiempo permanecerán inactivos quienes perdieron su trabajo antes de pugnar por conseguir un nuevo empleo? No lo sabemos, pero cuando ello suceda, la tasa de desocupación dejará de mostrar valores tan moderados como los actuales


La falta de oportunidades de empleo, las restricciones al movimiento de las personas y, principalmente, la crisis económica que no afloja, impide volver al mercado de trabajo a muchos de los que quedaron al margen.

En los años noventa esta situación recibía la denominación de desaliento: los trabajadores sin empleo no sólo engrosaban el mundo del desempleo, sino que -en alta proporción- quedaban como inactivos. Ahora pasa algo similar.

Los microdatos de la Encuesta de Hogares de 2020 muestran un fenómeno singular: sólo uno de cada diez empleos perdidos se muestra como desocupado.

Ya en el segundo trimestre se mostró una situación extrema. En la treintena de aglomerados en los que se hace la Encuesta se destruyeron 2,5 millones de empleos…..pero los desocupados nuevos no fueron más de diez mil.

En los años noventa esta situación recibía la denominación de desaliento: los trabajadores sin empleo no sólo engrosaban el mundo del desempleo, sino que -en alta proporción- quedaban como inactivos. Ahora pasa algo similar

Dada la intensidad de los cambios en cada trimestre, podemos comparar los promedios anuales de los últimos dos años

Fuente: EPH (28 aglomerados), Indec. NOTA: vale recordar al lector que aquí se trata de personas (no de puestos de trabajo) y los datos refieren sólo a los aglomerados relevados por la Encuesta, no a todo el país
Fuente: EPH (28 aglomerados), Indec. NOTA: vale recordar al lector que aquí se trata de personas (no de puestos de trabajo) y los datos refieren sólo a los aglomerados relevados por la Encuesta, no a todo el país

Parte de la explicación de tan fuerte retracción de la población activa se encuentra en las características de las ramas afectadas y en la naturaleza de la inserción laboral del personal afectado.

Quienes fueron los que más puestos perdieron

Mirando con un poco más de detalle, dos tercios de los empleos perdidos fueron de los asalariados precarios y del servicio doméstico. Sólo el empleo público mejoró un poco su dotación.

Para entender mejor el singular comportamiento de quienes perdieron su empleo en 2020 debe marcarse un par de cuestiones.

Ante todo, el impacto inicial fue de extrema dureza, de modo similar a lo observado por la OIT en toda América Latina. Se perdieron -en el segundo trimestre- cuatro millones de puestos de trabajo según la Cuenta de Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra del Indec. A lo largo del año se recuperaron más de la mitad de esa cuantía.

Dos tercios de los empleos perdidos fueron de los asalariados precarios y del servicio doméstico

En segundo lugar, la heterogeneidad del impacto (tanto el inicial como el del balance anual) se aprecia entre las ramas de actividad económica como entre las categorías ocupacionales.

Los datos que siguen comparan la situación a fin de cada uno de los últimos dos años (no el momento de mayor impacto negativo).

Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC.
Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC.

Tomando sólo las cinco ramas con al menos diez por ciento de pérdida en su dotación ocupacional, se reúnen dos tercios de la pérdida total. El parate económico de 2020 afectó sin duda al rubro de hoteles y restaurantes con mayor intensidad, seguidos del servicio doméstico y transporte y comunicaciones.

Las ramas más afectadas son aquellas, también, a las que más les costará recuperar su nivel de actividad, habida cuenta de que la incipiente reversión del verano reciente sucumbió en el marco de la lenta y tardía vacunación que hubiera mejorado notablemente las posibilidades de afrontar mejor la segunda ola de la pandemia. Las dificultades e ineficiencias evidenciadas a ese respecto, se tradujeron en la necesidad de volver a restringir actividades ya ahora prácticamente sin ayuda estatal posible.

Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC
Fuente: Cuenta Generación de Ingresos e Insumo de Mano de Obra, INDEC

Por cierto, entre los sectores más afectados están los asalariados desprotegidos, los precarios, mal llamados “en negro”. Más de dos tercios de las pérdidas de puestos corresponden a este conjunto. Dentro de él se destacan los hoteles y restaurantes, la enseñanza y los otros servicios comunitarios y sociales con más del 30% de pérdida en cada caso. Las otras cuatro ramas incluidas en el cuadro (con más del 15% de pérdida) completan casi el 90% de las pérdidas de la categoría. Dentro de estas últimas, sin embargo, se encuentran las dos ramas con mayor volumen de destrucción de puestos laborales: un cuarto de millón en el Servicio Doméstico y casi 110 mil en el sector del comercio.

Aun antes de los DNU que restringieron y restringen las actividades y el movimiento de personas, en estas ramas (y, en especial, para esta categoría ocupacional) no se veían las posibilidades de volver a los niveles previos a la pandemia.

Futuro incierto

¿Cuánto tiempo permanecerán inactivos quienes perdieron su trabajo antes de pugnar por conseguir un nuevo empleo? No lo sabemos, pero cuando ello suceda, la tasa de desocupación dejará de mostrar valores tan moderados como los actuales.

Esto nos remite, una vez más, a la secuencia virtuosa que se torna imprescindible: elevar la inversión, para incrementar el nivel de actividad económica, que permita vigorizar la demanda de fuerza de trabajo, como consecuencia de lo cual puede mejorar paulatinamente las condiciones de vida de amplios sectores populares.

Ya sabemos que ampliando incesantemente las políticas redistributivas olvidando la base económica productiva no solo no se resuelven sino que agravan los problemas económicos y los sociales.

No estaría nada mal que la dirigencia política de todos los matices tome conciencia de ello. Y se disponga a sentarse a escuchar y dialogar a los que piensan diferente y tienen intereses dispares para encontrar el camino adecuado. Eso requiere elevar la perspectiva y no sólo pensar en la inmediatez.


lunes, 31 de mayo de 2021

La necesidad de recuperar el empleo CLARIN 31-5-2021

 Columna publicada en CLARIN, 31-5-2021


Debate

La necesidad de recuperar el empleo

Los números hablan del sendero equivocado recorrido por gobiernos de diverso signo político.

Más allá de las disputas internas en la cúpula del poder, la sociedad sigue intrigada sobre la posibilidad de ver la luz al final del túnel, tanto en materia de la situación económica (recuperación del nivel de actividad y control de la inflación), como del empleo y el impacto en la pobreza. La inseguridad quizás compite con los temas sociolaborales.

Explicaciones diversas de la critica situación. Hay varios argumentos que se leen y escuchan como que la inflación es multicausal (y, según esto, no deberíamos poner el acento en las cuentas públicas), que entre esas causas estaría el efecto del aumento de los precios internacionales y/o el nivel de concentración económica.

Todo este combo explicaría la gravedad de la situación que atravesamos -junto con la “maldita herencia macrista”- con lo que se excluye de responsabilidad alguna a las actuales autoridades.

Son argumentos que cuesta sostener apenas se observa que el resto de los países del mundo estarían inmunizados respecto del aumento de precios internacionales por lo que sólo nosotros lo padeceríamos, o que Argentina tendría un nivel de concentración económica capitalista superior al de todos los países latinoamericanos y de la mayor parte de las regiones del mundo, sin contar que los años dorados (gobierno de Néstor Kirchner) no tuvimos déficit fiscal ni externo, superávits que se “extraviaron” posteriormente.

Puede decirse que estos son argumentos propios de una polémica poco útil y eficiente. Sin embargo, al menos en lo referido al empleo vale un repaso de los números, en este caso circunscripto a los referidos a los asalariados registrados.

Recordemos, antes de la pandemia, teníamos veinte millones de puestos de trabajo de los cuales la mitad correspondían a esta categoría.

Los otros diez millones se repartían entre los trabajadores precarios (en negro) y los no asalariados. Este último conjunto es el que sufrió el peor impacto del millón y medio de puestos perdidos en el año. Los asalariados privados registrados, en cambio “casi” no fueron afectados 

Empleo asalariado privado “en blanco” en el siglo XXI. Entre 2004 y 2008 se registraron 2,4 millones de nuevos puestos (asalariados privados registrados), entre 2008 y 2013 sólo 1.3 y de entonces hasta 2016 (no hay datos de 2015) apenas 300 mil. Durante el macrismo algo menos de 100 000.

Es decir que antes de la llegada del COVID 19 la declinación en materia de puestos asalariados registrados en el sector privado era harto evidente lo que expresaba la falta de dinamismo de la economía y, en particular, la permanente declinación de la tasa de inversión. La mejora de la participación de la masa salarial en la renta general lucía, entonces, insostenible.

Con esto se describe un panorama que habla del sendero equivocado recorrido por administraciones de diverso signo político.

En 2020, finalmente, pese a la prohibición de los despidos, se perdieron más de 200 mil puestos de este tipo (asalariados registrados privados).

Además de observar la absoluta falta de dinamismo de esta categoría laboral, interesa ver el contenido sectorial de esa dinámica En el período “de oro”, dos tercios se originaron en media docena de ramas: el Comercio y las Actividades inmobiliarias dan cuenta de un cuarto del cambio total. Otro 20% se debe a Enseñanza y a Administración Pública. Finalmente, dos ramas productivas explicaban otro 20%: Industria (12%) y Construcción (8%).

Aproximadamente en el primer gobierno de Cristina Kirchner no sólo caía a la mitad la creación de puestos de trabajo, sino que sólo cinco sectores explicaban el 80% del total. Ya no figuran ni la industria ni la construcción. Casi el 30% la Enseñanza, 20 Administración Pública y el 30% restante lo agrega el Servicio Doméstico, los Servicios Sociales y el Comercio.

En la transición 2013-2016, el débil aumento agregado se originaba en un 80% en sólo cuatro ramas: Enseñanza (un tercio del total) y Servicios Sociales, Hoteles y Administración pública -en conjunto- sumaban el 50% restante.

Como se ve, del “modelo industrial” quedaban ya pocos rastros, ni en materia de empleo ni de participación sectorial en el producto.

La pandemia y después. Así visto, el fuerte impacto económico y ocupacional de la pandemia se produce en un contexto altamente desfavorable. Esto es, en Argentina la enfermedad encuentra el terreno abonado para mayores estragos.

No hay dudas que la epidemia ha recobrado virulencia. A las restricciones de abril (extendidas tres semanas más) se agregaron nueve días de mayor rigidez y dos semanas posteriores retornando a las condiciones de fines de abril Tampoco hay dudas acerca de las dificultades -también ineficiencias- en materia de obtención de vacunas y demoras en su aplicación.

El retorno de las restricciones obliga a cerrar la circulación y agudiza la grave situación económica y social. Va a ser difícil recuperar los 800 mil puestos perdidos por los trabajadores precarios (de los cuales 40% eran del servicio doméstico) o los 500 mil de no asalariados (un tercio del comercio) a lo largo de 2020.

Pero aun los que logren permanecer en el mercado de trabajo verán duramente impactados su desempeño en estas nuevas condiciones. El ritmo inflacionario no sólo no se detiene, sino que recobra fuerzas.

Pese a todo, muchos especialistas sostienen que aún estamos a tiempo de recuperar la cordura lo que requiere un insumo escaso: disposición para el acuerdo político entre sectores que piensan distinto. Los moderados y los que volverían mejores brillan por su ausencia. Pero sin ellos no habremos de recuperar la inversión y, por tanto, el empleo. Enorme desafío que va más allá del año electoral.


viernes, 7 de mayo de 2021

La segunda ola agrava la situación sociolaboral, en ausencia de una estrategia INFOBAE 7-5-21

Columna publicada en INFOBAE, 7-5-2021

Según el último informe de Indec sobre la Cuenta de Generación de Ingresos e Insumo de Mano de obra, en 2020 se registraron menos puestos de trabajo (19,3 millones) que en 2012 o 2013 (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

La gravedad de la situación actual no deriva, solamente, de la irrupción de la segunda ola. Lo más delicado proviene de la desaparición de los acuerdos y consensos que caracterizaron los tiempos iniciales de la pandemia en Argentina. Claro que todo potenciado por la morosidad de la llegada y aplicación de las vacunas.

Lo que no se entiende son los agresivos y descalificantes discursos de las máximas autoridades de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires sobre los médicos, sobre otras autoridades gubernamentales, o sencillamente sobre quienes discrepan con su mirada; tampoco se entienden decisiones que desairaron a ministros del propio gabinete.

No se entiende si estamos en pandemia y debe privilegiarse el cuidado de la salud de los ciudadanos o el inicio anticipado de la campaña electoral “justifica” tamaño desvarío

Todo ello, sin haber hecho ninguna mención al incumplimiento de los anuncios hechos con toda pompa y boato a fines de 2020. A fines de febrero no había llegado ni el diez por ciento de los 20 millones anunciados. En marzo se agregaron cinco millones de dosis y fue allí cuando se decidió -ante el fracaso del programa de recepción de vacunas- suspender la aplicación de la segunda dosis para todo el mundo.

Es más que notable que los argentinos estemos discutiendo si la escuela primaria es responsable de la propagación del virus (por lo general sin sostener las afirmaciones en datos fehacientes) y no reclamemos a quien corresponda por este tipo de carencias en materia de protección: la falta de vacunas. Los mismos funcionarios que antes acusaban a los runners ahora atribuyen a la escolaridad, en particular del nivel primario, la existencia de la segunda ola.

No se entiende si estamos en pandemia y debe privilegiarse el cuidado de la salud de los ciudadanos o el inicio anticipado de la campaña electoral “justifica” tamaño desvarío. En el marco de los datos recientes sobre pobreza, empleo e ingresos este juego de “matar al enemigo” en lugar de concertar con los diferentes resulta muy extraño, por decir lo menos.

La situación económica y social es insostenible

En efecto, en el país se perdió más de un millón y medio de puestos de trabajo en 2020, con mayor impacto en los componentes más frágiles del mercado laboral: los asalariados precarios (“en negro”) y los autónomos (cuentapropistas y pequeños empresarios).

Según el último informe de Indec sobre la Cuenta de Generación de Ingresos e Insumo de Mano de obra, en 2020 se registraron menos puestos de trabajo (19,3 millones) que en 2012 o 2013. El impacto de la pandemia es evidente ya que entre 2016 y 2019 se superaron los 20 millones con valores anuales crecientes. El recuento de datos es pertinente, entre otras razones, pues en los debates electorales de 2019 se argumentaba sobre la disminución de puestos laborales durante el gobierno de Cambiemos.

Tenemos una desafortunado “privilegio”: estamos en el podio internacional de países con mayor volatilidad en su dinámica económica a lo largo de los últimos setenta años

No debiera ser necesario pero, por las dudas, aclaremos a los lectores que la referencia privilegia los datos no procura hacer un juicio de valor sobre aquél gobierno. Desde mediados del gobierno de Mauricio Macri, sí había habido deterioro, en materia de ingresos como lo muestran los datos de la Encuesta Permanente de Hogares. Tanto los ingresos laborales (de la ocupación principal) como el resto de los ingresos individuales venían estancados, con oscilaciones, a lo largo de la segunda década del siglo, alcanzando todavía niveles importantes en 2017. De allí en más la caída fue imparable, continuando por supuesto en el marco de la pandemia.

Evolución ingresos reales 2004 = 100


Fuente: Evolución de la distribución del ingreso, EPH, INDEC

Notas: IOP, ingreso de la ocupación principal; II, ingresos individuales; IpcF, ingreso per cápita familiar

Es destacable el hecho de que en el siglo XXI los ingresos familiares tuvieron una dinámica mucho más favorable que los ingresos personales. En 2015 el nivel de aquellos era 60% superior al de 2004, mientras que los individuales mejoraron menos del 40% en igual lapso.

Casi la mitad de los años transcurridos en este siglo, en Argentina el producto bruto ha disminuido

Más allá de las críticas e interpretaciones desde diversas perspectivas, se observa que durante el gobierno de Cambiemos, los ingresos familiares siguieron mejorando hasta 2017 y 2018. Incluso el deterioro de 2019 marca un nivel levemente favorable respecto del correspondiente a 2014. Parece un buen ejercicio, utilizar los mismos indicadores para analizar periodos diferentes. Haciéndolo, las sorpresas son tales sólo para quienes prefieren la interpretación de la realidad que los datos que la ilustran.

En cualquier caso, la situación del año 2020 nos retrotrae -a través de estos indicadores- a mediados de la primera década del siglo, cuando Argentina y toda América Latina estaban en plena ebullición. Casualmente, el producto per cápita del país actual es similar al de aquel momento. Es difícil imaginar entonces que no hayamos declinado en nuestro bienestar.

Cómo podemos salir de esta encerrona

Ha sido perniciosa la creencia de que las crisis sociales y económicas son de solución mágica o que dependen de decisiones meramente coyunturales o bien que no implican esfuerzo individual y colectivo. Tal creencia no nos ha ayudado a resolver nuestros problemas, más vale lo contrario.

Casi la mitad de los años transcurridos en este siglo, en Argentina el producto bruto ha disminuido. Tenemos una desafortunado “privilegio”: estamos en el podio internacional de países con mayor volatilidad en su dinámica económica a lo largo de los últimos setenta años. Esta condición no es posible entonces atribuirla a uno u otro gobierno aislado.

Quienes creemos que el capitalismo requiere de un Estado fuerte debemos convencernos que no basta “cualquier” gestión estatal. Esta debe ser eficaz y eficiente

Por otro lado, desde 1983 en adelante, en cada período gubernamental la tasa de inversión (la proporción de la riqueza creada que destinamos a ampliar nuestro nivel de actividad económica) ha venido declinando. Nuevamente, no puede creerse que a un gobierno cualquiera pueda atribuirse la responsabilidad única o principal de tal desempeño. Si se quiere extraer alguna referencia político partidaria, puede recordarse que de los 37 años solo ocho corresponden a gobiernos no peronistas.

Hay al menos dos factores sobre los que realizar la reflexión. El primero refiere al sector empresario. ¿Cuál ha sido su comportamiento como principal ejecutor -o no- de la inversión productiva? ¿Cuánta relevancia tuvo y tiene la decisión explícita o implícita del sector de no ejercer su rol schumpeteriano -innovar, arriesgar capital, competir- y en cambio preferir especializarse en “mercados regulados” eufemismo que suele encubrir la decisión de hacer negocios fáciles por debajo de la mesa?

El segundo factor se relaciona con la acción estatal. ¿Cuán escasamente útil ha sido la creencia de que con sólo declamar la relevancia del Estado en el funcionamiento económico, era suficiente? ¿Cuánto debemos la situación actual a la ausencia de un planeamiento estratégico? Quienes creemos que el capitalismo requiere de un Estado fuerte debemos convencernos que no basta “cualquier” gestión estatal. Esta debe ser eficaz y eficiente.

Desde 1983 en adelante, en cada período gubernamental la tasa de inversión (la proporción de la riqueza creada que destinamos a ampliar nuestro nivel de actividad económica) ha venido declinando

Sólo a título de ejemplo. En sus inicios, el gobierno actual formuló la necesidad de crear un Consejo Económico y Social que tuviera a su cargo, precisamente, la gestación de manera colectiva y plural de tal horizonte y su correspondiente estrategia. No sólo no se lo hizo, salvo algunos gestos que no pasaron de tales, sino que la opción política que han adoptado las autoridades muestra que no están interesadas en tal cosa y, mucho menos, en su precondición: la necesidad de creación de consensos sociales y políticos.

Quizás si emprendiéramos ese camino podríamos dialogar entre quienes piensan distinto y entre quienes tienen intereses objetivamente contrapuestos. De lo contrario, nos daremos de bruces ante la evidencia de que en los bolsillos no queda más pelusa ni artilugios por inventar. Y el tiempo es más que escaso.