domingo, 15 de agosto de 2021

Reducir la jornada laboral, ¿es posible en la Argentina? Nota de G Origlia, publicada en LA NACION, 15-8-21

 Nota de Gabriela Origlia, LA NACION, 15-8-21


La entrevista completa realizada el 6-7-21, puede escucharse aquí:


¿Es posible una jornada laboral más reducida en la Argentina? El debate se reactualizó en algunas partes del mundo después de que trascendiera el “éxito” de un ensayo de cuatro años en Islandia, donde 2500 empleados del Ayuntamiento de Reikiavik (el 1% de la población económicamente activa) pasaron a trabajar 36 horas semanales sin disminución de sus salarios. El resultado fue igual productividad y menos estrés. En la Argentina, fue el laboralista y exdiputado nacional Héctor Recalde quien planteó, días atrás, que un recorte de una hora de las 48 horas actuales de la Argentina marcadas por la jornada legal, permitiría generar 900.000 nuevos puestos.

En ese contexto el diputado del Frente de Todos y referente de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) Hugo Yasky elaboró un proyecto de ley que propone la semana laboral de cuatro días. El texto busca establecer, además, que la jornada no podrá exceder de 8 horas diarias o 40 horas semanales. “De acuerdo con la OIT, los horarios largos o que no permiten tener vida social son, entre otros, un factor de riesgo psicosocial”, dice en sus fundamentos la iniciativa.

La jornada laboral reducida es un tema que se debate y se prueba en distintas economías, pero ninguna de ellas tiene las características de la Argentina. La expansión del teletrabajo por la pandemia, incluso, aceleró la discusión y le puso más condimentos.

Cuánto se trabaja

En diálogo con LA NACION, Recalde dice que la jornada legal vigente en la Argentina, con un techo de 48 horas semanales, data de 1929 y que es la “campeona del mundo” en extensión, junto con la de Colombia. Y pone como ejemplo que en México y Chile es de 45 horas; en Brasil, Canadá y Japón es de 40 horas y en Francia, de 35 horas semanales.

Según datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más allá de las disposiciones legales, en la práctica en la Argentina se trabaja, en promedio, 35,1 horas por semana, en tanto que la sobreocupación –quienes trabajan más de 48 horas semanales- alcanza al 20% de los ocupados. La estadística del organismo surge de los la información proporcionada oficialmente por cada país (en nuestro caso, por el Indec). Y en la cantidad de horas efectivamente trabajadas inciden las altas tasas de informalidad y subocupación.

Pese a que la propuesta de disponer que la jornada establecida por ley sea más reducida viene impulsada por referentes del oficialismo, lo cierto es que desde el propio Gobierno hubo expresiones que bajaron fuertemente el nivel de probabilidad de que haya una reforma en ese sentido.

“Son temas que se están discutiendo en todo el mundo. En los países donde hubo avances, países desarrollados, se ha incorporado algún esquema de reducción del salario. En esos países los salarios son buenos y hay un planteo de que puedan trabajar un poco menos con una vida más plácida”, señaló el martes último Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, en una entrevista radial. Y agregó: “No es la realidad que está viviendo nuestro país, venimos de crisis de ingreso, es impensable plantear que se podría reducir la jornada con una reducción proporcional del salario”. Según el funcionario, la agenda de la Argentina ahora debe pasar por los objetivos de recuperar fuentes de trabajo y lograr una mayor formalización.

La Argentina tiene una jornada laboral legal de las más extensas, con un techo de 48 horas semanales; en la práctica, el promedio de tiempo trabajado tiende a bajar por la incidencia de la informalidad
La Argentina tiene una jornada laboral legal de las más extensas, con un techo de 48 horas semanales; en la práctica, el promedio de tiempo trabajado tiende a bajar por la incidencia de la informalidadshutterstock - Shutterstock

Recalde admite que es la política económica la clave para generar más trabajo, pero insiste en que “con una jornada más extensa hay menos trabajadores” y en que, si el tiempo de trabajo es inferior, “se pueden incorporar más”. Repasa que cuando fue diputado propuso reducirla de 48 a 45 horas semanales, aunque nunca logró que su proyecto avanzara. “Si los 6,5 millones asalariados trabajaran una hora menos se podrían generar 900.000 puestos; es una posibilidad para combatir la desocupación que tiene graves consecuencias personales y familiares”, agrega.

Pero ese argumento es mirado con descreimiento por parte de economistas y especialistas en materia laboral. Javier Lindenboim, investigador y docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA), entiende que la creación de empleo no es una variable que dependa de la extensión de la jornada. “Tenemos carencia de una dinámica productiva y es por eso que llevamos una década sin generar trabajo en el sector privado. Hay experiencias favorables [en el mundo], pero no son ejecutadas para resolver el problema del empleo; en la Argentina hay un retroceso inédito de la oferta laboral y también cayó la presión de la demanda”, dice.

El experto en mercado laboral Matías Ghidini sostiene que la Argentina tiene oportunidades de crear empleo privado de calidad y que la alternativa “no es repartir una torta que se viene debilitando y es más pobre”. Analiza que “el repensar la carga horaria está vinculado con el trabajo del futuro y con una productividad más asociada a la calidad”. E indica que, en ese sentido, hay deberes que ya se han hecho y otros que resta hacer, como la planificación estratégica de los recursos humanos, una tarea que se debe encarar entre el sector público y el privado. “Todo arranca desde la educación”, dice.

El senador por el Frente de Todos Ciudad de Buenos Aires, Mariano Recalde, se sumó al planteo de su padre, el laboralista. Coincide en que la reducción de la jornada “no es menos trabajo”, sino que es “repartir mejor el empleo y aumentar la productividad”. En sus redes sociales agregó que “también es bajar los accidentes de trabajo. Y es el futuro”.

Héctor Recalde considera que la actual coyuntura, con una baja en la actividad, es buena para avanzar en la idea. “Es cierto que carga un poco el costo laboral –reconoce-, pero salario es consumo e inversión; habrá más demanda y los empleadores ganan ahí; es el comienzo del círculo virtuoso. Aprovechemos que se esté trabajado menos y acompañemos a los países más adelantados de la región y del mundo”.

El economista y exministro de Educación de la Nación Juan Llach, director del proyecto “La productividad inclusiva, clave para el desarrollo sostenido de la Argentina” en el IAE Business School y en la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral –donde es profesor emérito– el recorte de la jornada laboral no debe confundirse con una política de creación de trabajo.

Considera que es un “error” desconocer las “carencias de la enorme mayoría de los desocupados que son de larga duración; hay que aumentar la calidad y la cantidad de capital humano y físico en un esfuerzo conjunto de los sectores público y privado”. Y señala que el “gran desafío” es ir sobre los desempleados y los que tienen puestos de muy baja calidad, a los que hay asistir con “educación para el trabajo”.

Experiencias

A principios de este año, el gobierno español anunció una iniciativa para reducir la jornada laboral y hasta analizó destinar fondos para incentivar a las empresas a adoptar este esquema. Pero después frizó la iniciativa. En Nueva Zelanda, Estados Unidos y Japón hay empresas que ya utilizan el esquema y, en Chile, representantes de la centro izquierda presentaron un proyecto con ese objetivo.

A fines de junio la Cámara de Diputados chilena declaró admisible el proyecto que apunta a acortar de cinco a cuatro los días laborales y a disponer una jornada de 40 horas semanales en un principio, para bajar a 38 horas al quinto año de la puesta en marcha del esquema. En Colombia se busca pasar de las 48 horas actuales por semana a 42 de manera gradual. Cada año se bajarán dos horas, desde 2023 y hasta 2026.

Lindenboim aporta que el tema se puede plantear en términos de redistribución del ingreso o del tiempo humano cuando se los mira socialmente y se considera la posibilidad de personas que dedicarían menos tiempo a ocupaciones generadoras de ingreso. “Es en ese último marco donde se buscan mecanismos que atemperen la extensión de la jornada y que aprovechen la mejora de la productividad que se logra por tecnología”, explica. También observa que la productividad en la economía en su conjunto tiene que ver con el sistema, con el rendimiento del esfuerzo colectivo.

Alexandra Manera, directora de Recursos Humanos de la consultora Adecco para la Argentina y Uruguay, sostiene que en la Argentina no están dadas las condiciones todavía para un cambio en ese sentido porque “falta la cultura del trabajo por objetivos y porque, por eso, la productividad todavía se evalúa por la cantidad de horas trabajadas”.

Sí se podría, agrega, empezar a caminar hacia esa meta en la que el empleado tiene el “compromiso y la responsabilidad de cumplir con sus tareas, pero organizando su tiempo en base a sus necesidades y comodidades personales”. Algunas compañías, de hecho, hacen sus experiencias. Las empresas, en esos esquemas, contabilizan la productividad en función de los logros. Manera sostiene que hay una ecuación clave al momento de pensar el mercado laboral actual: a mayor tecnología, mayor flexibilidad y mayor adaptación al cambio.

Contextos diferentes

Los expertos consultados por LA NACION coinciden en que las experiencias de recorte de jornada se realizan en contextos de legislaciones laborales más modernas que la vigente en la Argentina. ¿Podrían entonces hacerse reformas en un sentido más amplio, que no sea solo reducir la jornada de trabajo? Héctor Recalde dice confiar en que hay dirigentes sindicales que estarían dispuestos a abrir un debate sobre el tema.

“El argentino es un modelo arcaico que no incentiva cambios en la jornada –aporta Ghidini–. La mayor cantidad de empleo lo generan las pequeñas y medianas empresas y el contexto legal es restrictivo, cuando en realidad las nuevas formas del trabajo requieren otro panorama legal, distinto al actual. Son formatos de trabajo por proyecto, free lance”.

Y enfatiza la idea de que hay que definir la matriz productiva del país, porque si cada gobierno hace una revisión general de todo con el consecuente cambio de prioridades según quienes sean los dirigentes que gestionen, “se hace difícil planificar”. Hay sectores que se mantendrán como pilares, por ejemplo, el agro y la producción de energía, dice Ghidini. Y a ellos se suman la exportación de conocimientos. “Son sectores que están sobre la mesa, hay que confirmarlos y trabajar sobre las rampas al futuro”, concluye.

Llach considera que los acuerdos son esenciales para lograr aumentar, conjuntamente, la productividad y la inclusión. “La primera es esencial para crecer, pero no es aceptable por sí sola, políticamente. Y la segunda sola, más frecuente en la Argentina, no es sostenible sin desarrollo económico; por eso deben ir juntas”, considera. Y cree que esa dupla será aún más necesaria después de la pandemia, por el aumento tanto de la pobreza como de la desigualdad, y por el entorno de un gran cambio tecnológico.

“Las políticas económicas suelen centrarse en la macro de corto plazo: reducir la inflación y el déficit fiscal, encarrilar el precio del dólar, dotar de recursos a la ayuda social y lograr una reactivación, casi siempre pasajera –concluye el economista–. Pareciera no advertirse que un rumbo claro es esencial y se necesitan mutuamente con la macro de corto plazo. Si hoy el rumbo del país estuviera en marcha, clara y correctamente, la Argentina podría crecer más y, por la mayor inversión y la creación de empleos, se morigerarían las privaciones para los más necesitados, asociadas a la imprescindible reducción del déficit fiscal”.

sábado, 7 de agosto de 2021

Entrevista de L Cortina y A Pikielny, Puerta Uno, Radio Millenium, 7-8-21

 Entrevista de Luis Cortina y Astrid Pikielny en Puerta Uno, por Radio Millenium. 7-8-21

Espero resulte de interés  https://radiocut.fm/audiocut/javier-lindenboim-en-puerta-uno/

miércoles, 4 de agosto de 2021

 El Economista | Debates

Juan Vital Sourrouille

 3 de agosto, 2021



El miércoles a la tarde falleció Juan V. Sourrouille. A mi juicio, y de muchos colegas también, uno de los economistas argentinos más brillantes que ha dado nuestro país. Escribió un libro junto con Richard Mallon que es imprescindible para comprender la política económica argentina: La política económica en una sociedad conflictiva. El caso argentino. Pero, además de este libro, escribió numerosos trabajos sobre la historia de la industria argentina (publicados en el Boletín Techint), la industria automotriz, las empresas transnacionales, la experiencia sobre la política económica del proceso y, en sus comienzos, numerosos documentos sobre cuentas nacionales y la distribución del ingreso en Argentina. Últimamente se había dedicado investigar sobre los balances de pagos durante el peronismo y estudios sobre el IAPI, las carnes y el trigo durante la presidencia del general Perón. Estos últimos trabajos los disfrutó enormemente porque se dedicó a investigar minuciosamente la información y descifrar datos contradictorios. Era un investigador obsesivo que no se detenía hasta no tener completamente dilucidado el tema.

Juan conjugó dos cuestiones relevantes: una sólida formación académica junto a una inusual habilidad para ejercer la gestión de la administración pública. Previo a su designación como Secretario de Planificación y posterior nombramiento de ministro de Economía en la presidencia de Raúl Alfonsín; había sido director del Indec y Secretario de Economía durante la gestión de Aldo Ferrer. Tenía treinta años en aquellas primeras aventuras.

Sourrouille fue un gran hacedor de instituciones. Valga, como conspicuo ejemplo, sus sucesivas presidencias del Instituto de Desarrollo Económico y Social. Acompañado por Getulio Steinbach hicieron del IDES un instituto señero de las ciencias sociales de Argentina y dieron un prestigio singular a Desarrollo Económico -Revista de Ciencias Sociales. Pero también tuvo una gestión destacada en la Fundación Centro de Estudios para el Cambio Estructural (CECE). Fue un ámbito destacado de discusión y publicaciones de políticas públicas.

Pero, probablemente, uno de sus logros más destacables se refiera a su capacidad de formación de profesionales en economía. Todos los que trabajamos con Juan experimentamos un salto en nuestra capacidad profesional. Aprendimos a hacer economía. Hacer análisis económico con Juan era adentrarse minuciosamente a examinar los datos. A desmenuzarlos hasta que nos mostraran la esencia. Y nos enseñó a disfrutar de la investigación. Pero, además, se ocupó de que muchos economistas estudiaran en el exterior. Varios de los economistas destacados estudiaron en el exterior gracias a las gestiones de Sourrouille.

Una de sus cualidades que sobresalieron fue la capacidad para formar grupos de trabajo. Tenía la particular habilidad de aglutinar a grupos de profesionales en función de un objetivo común y que cada uno de ellos lograra dejar a un lado sus vanidades personales. Muchos de estos grupos han perdurado y, en muchos casos, se reunían periódicamente a debatir cuestiones de política económica.

La generosidad era una cualidad destacable de Sourrouille, valor muy escaso en el gremio de los economistas, en el cual se tiende a esconder datos o información para proteger el poder monopólico. Yo lo llamaba, cariñosamente, el “Viejo Hucha” en referencia al personaje que interpretó Enrique Muiño. Buscaba y archivaba cuanto documento circulaba por las bibliotecas y, más recientemente, por el ciberespacio. Pero, a diferencia del personaje de Muiño, era habitual que cuando uno lo visitaba para discutir algún escrito o investigación en marcha, volviera con un montón de libros, documentos y papeles que Juan sacaba de sus arcones.

Somos muchos los que extrañaremos su presencia. Juan era un habitual referente de muchos de nosotros al que recurríamos frecuentemente. Éramos varios los que antes de dar a luz algún escrito se lo mandábamos con la premisa “¿qué te parece, Juan?”. O mandarle una nota o un artículo de otro con la pregunta “¿qué opinás de esto, Juan?”. Con su característica generosidad, respondía de inmediato. Y, generalmente, con alguna acotación o comentario que a uno se le había pasado por alto.

Se nos ha ido un ser humano excepcional. De principios éticos intachables y cuya lealtad a valores y personas era inquebrantable.

viernes, 16 de julio de 2021

¿Se perdió más empleo con Cambiemos que con la pandemia? Nota de Chequeado.com 15-7-2021

 Nota de Chequeado.com del 15-7-21 (incluye parte de las respuestas de la entrevista sostenida con Federico Poore)


  • Si se considera todo el empleo registrado, durante la gestión de Mauricio Macri (2015-2019) la serie desestacionalizada mostró un aumento en torno a los 148.348 trabajadores, que contrasta con la caída de 79.064 trabajadores registrados observada durante el primer año de la gestión de Alberto Fernández (2019-2020).
  • Al cálculo realizado por el ministro de Trabajo de la Nación se llega sólo si se considera el empleo privado registrado, que cayó en 196.269 trabajadores durante el año de pandemia, menos que los 217.429 de la administración de Cambiemos.
  • De todas maneras, los especialistas consultados señalan que se están comparando 2 cosas incomparables: en primer lugar, un año contra 4; y, en segundo lugar, porque durante la gestión del Frente de Todos rigió una prohibición de despidos que no existía durante el gobierno de Cambiemos.

En una entrevista con el programa “Maldita suerte” que se emite por El Destape Radio, el ministro de Trabajo de la Nación, Claudio Moroni, aseguró que el país perdió menos empleo durante el año posterior al impacto del coronavirus en el país que entre 2015 y 2019, durante la gestión de Mauricio Macri.

“Durante el año de pandemia, la Argentina perdió menos empleo que en los 4 años del gobierno anterior”, aseguró durante la entrevista el funcionario y, tras una repregunta, aclaró: “Estoy hablando del empleo formal”.

Si se considera el empleo registradodurante la gestión de Mauricio Macri (2015-2019) la serie desestacionalizada mostró un aumento en torno a los 148.348 trabajadores, que contrasta con la caída de 79.064 trabajadores registrados observada durante el primer año de la gestión de Alberto Fernández (2019-2020). Al cálculo realizado por el ministro de Trabajo se llega sólo si se considera el empleo privado registrado, que cayó 196.269 durante el año de pandemia, menos que los 217.429 de la administración de Cambiemos.

Además, los especialistas consultados señalan que se están comparando 2 cosas incomparables: en primer lugar, un año contra 4; y, en segundo lugar, porque durante la gestión del Frente de Todos rigió una prohibición de despidos que no existía durante el gobierno de Cambiemos.

La evolución del empleo registrado

Este medio se comunicó con el equipo de Prensa del ministro Moroni, desde donde reenviaron al apartado de Estudios y Estadísticas Laborales del sitio web del Ministerio de Trabajo de la Nación. “Los datos a mirar son los del SIPA”, indicaron.

Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) son los que el Ministerio de Trabajo utiliza para elaborar sus panoramas mensuales de trabajo registrado. Si se toma en cuenta únicamente el empleo formal privado, durante el primer año de la pandemia, éste mostró una caída en torno a los 196.269 trabajadores, levemente menor a la caída de 217.429 empleos formales privados observados durante los 4 años del mandato de Macri.

Pero Moroni en la entrevista habló de “empleo formal” y, si se considera todo el empleo registrado (privado y público) tal como lo define el propio Ministerio en su último informe, entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019 la serie desestacionalizada mostró un aumento del empleo registrado en torno a los 148.348 trabajadores, que contrasta con la caída de 79.064 trabajadores registrados observada entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020.

Fuente: Ministerio de Trabajo, SSPEyE-MTEySS, Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial, sobre la base de los registros administrativos de los sistemas de la seguridad social (2021).

“Durante el año de la pandemia, la Argentina perdió algo menos de empleo asalariado privado registrado que durante los 4 años del gobierno anterior. En cambio, dentro del conjunto de empleo registrado en el cuatrienio anterior aumentó y en el año de pandemia, cayó”, explicó a Chequeado el economista Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) e investigador del Conicet.

Lo que se perdió en la pandemia fue, principalmente, empleo no registrado asalariado y empleo no asalariado. De eso -que llegó a ser casi 4 millones de puestos menos en el segundo trimestre de 2020- se recuperó gran parte, pero a lo largo de 2020 (respecto de 2019) se perdieron 1,5 millones de puestos de trabajo. Aproximadamente la mitad son asalariados precarios y no asalariados”, agregó Lindenboim.

Vale la pena destacar, como reconoció Hernán Lacunza -ministro de Hacienda de la Nación durante la gestión de Cambiemos- en este chequeo, que el crecimiento de empleos durante la gestión de Macri estuvo motorizado por el empleo informal y el cuentapropismo, y no tanto por el trabajo formal privado, considerado como “empleo de calidad”. En ese período, el 90% de los puestos creados se dio a través de trabajadores no registrados y trabajadores no asalariados, como autónomos y monotributistas (ver chequeo).

El empleo durante la pandemia

“Las metodologías que sustentan la afirmación no son comparables. Primero, porque compara 1 año contra 4. Segundo, porque el contexto en ambos períodos es muy distinto”, dijo a Chequeado Tania Rodríguez, investigadora asociada del Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo de la Universidad Nacional de San Martín (CETyD/UNSAM).

Según Rodríguez, durante el año de pandemia la administración de Alberto Fernández (Frente de Todos) adoptó o continuó “medidas de protección a empleo” -que incluyeron el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) y la suspensión de despidos- y que se sumaron a otras prestaciones estatales, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) lo que, en todo caso, podría hablar de “otro tipo de respuestas frente a una crisis o una situación desfavorable”.

En diciembre de 2019, el Gobierno nacional dispuso la prohibición de despidos, medida que fue prorrogada en diversas oportunidades y que actualmente rige hasta el 31 de diciembre de 2021. El decreto también dispone la prohibición de realizar suspensiones sin justa causa, por falta o disminución de trabajo, y las suspensiones por fuerza mayor.

“No obstante, los informales y precarios continúan siendo los sectores más desprotegidos, y los datos recientes indican que se continúa ensanchando la brecha entre el trabajador formal privado y el resto de los trabajadores”, sostuvo Rodríguez.

En su último informe, el CETyD destacó que los niveles de pérdida de empleo durante el año último fueron similares entre varones y mujeres, y que la recuperación de los últimos meses de 2020 venía siendo pareja entre trabajadores y trabajadoras. “Sin embargo, a principios de 2021 las mujeres quedaron rezagadas. Esa realidad obedece principalmente a la situación de las trabajadoras domésticas, en particular, de las informales”, advierte el reporte.

Por lo tanto, lo que dijo Moroni es falso. Si se considera el empleo registrado, durante la gestión de Macri (2015-2019) la serie desestacionalizada mostró un aumento en torno a los 148.348 trabajadores, que contrasta con la caída de 79.064 trabajadores registrados observada durante el primer año de la gestión de Fernández (2019-2020).

Al cálculo realizado por el actual ministro de Trabajo de la Nación se llega sólo si se considera el empleo privado registrado, que cayó 196.269 durante el año de pandemia, menos que los 217.429 de la administración de Cambiemos. De todas maneras, los especialistas consultados señalan que se están comparando 2 cosas incomparables: en primer lugar, 1 año contra 4; y, en segundo lugar, porque durante la gestión del Frente de Todos rigió una prohibición de despidos que no existía durante el gobierno de Cambiemos.

jueves, 15 de julio de 2021

Empleo: dejemos de mirar para otro lado -Columna publicada en Clarin, 15-7-21

 Columna publicada en Clarin, 15-7-2021



Sin embargo, parece haber predominio en nuestra dirigencia de una mirada facilista, de la que se deriva como útil y necesario denostar al diferente y no buscar con los que piensan distinto el mejor camino para salir del atolladero. Una vez más nos preguntamos, ¿seguirán mirando para el lado equivocado? Ojalá que los equivocados seamos nosotros.
Dos meses atrás, el total de empleo registrado era de 12 millones de puestos, es decir el mismo número que el que había al momento del cambio de gobierno a fines de 2015. Entre fines de 2019 -asunción de Alberto Fernández- y ahora, se perdieron unos 150.000. Dicho de otro modo, ese fue el incremento (no disminución) habido durante el gobierno de Cambiemos.

El Ministerio de Trabajo distingue media docena de categorías de empleo registrado, pero el grueso (10.8 millones) se concentra en tres: privados, públicos y monotributistas.

El peso de estos grupos es muy desigual: privados 5,8 millones, públicos 3,3y monotributistas 1.7. Las otras tres categorías (sumadas) agregan otros 1.2 millones (servicio doméstico, autónomos y monotributistas sociales).

Ya sabemos que la categoría de empleo registrado pudo eludir el fuerte impacto de la caída del empleo en 2020. La pérdida neta de puestos el año pasado (1.5 millones) fue soportada por los no registrados. Casi en partes iguales lo asalariados precarios y los no asalariados.

Esos conjuntos que aún pugnan por volver a trabajar y, como no encuentran dónde hacerlo, siguen sin “ofrecerse”. De allí que la tasa de desempleo se mantenga relativamente contenida.

Pero volvamos a los grupos registrados con una mirada retrospectiva.

La serie del Ministerio se inicia en enero de 2012, de modo que toma casi completo el segundo gobierno de Cristina Kirchner. En ese lapso, el empleo aumentó un 10% con la siguiente particularidad. Los monotributistas crecieron igual que el conjunto pero los privados, en cuatro años, sólo el 3%.

Va de suyo que en ese período fue el empleo estatal el que permitió elevar el promedio. En efecto, ese componente creció en el cuatrienio 21%. Dicho de otra manera, la “reconstrucción argentina” ya era necesaria por ese entonces pero no había tandas publicitarias que la reclamaran.

Durante la gestión de Cambiemos, el empleo privado siguió gravemente enfermo al punto de haber perdido todo lo agregado entre 2012 y 2015. Los monotributistas sumaron ocho puntos porcentuales y el sector estatal todavía crecía a buen ritmo: agregó otros cinco puntos.

Estamos hablando del balance del empleo registrado entre fines de 2015 y fines de 2019.

De allí en más, pandemia mediante, volvimos al nivel general de diciembre de 2015 pero en base a todavía más empleo público, también más monotributistas y nueva pérdida de tres puntos porcentuales del empleo privado. Esta pérdida fue tan escasa principalmente en base a la prohibición de los despidos que cubrían al empleo registrado.

¿Para qué es útil este repaso de los datos de una parte del empleo (poco más de la mitad del empleo total)?

Para tenerlo presente al observar que en la última década el Producto por habitante (PBIpc) perdió 20%. En pesos de 2004 pasamos de 17200 en 2011 a 13700 en 2020, en una escalera descendente de manera continua en todo el decenio. Es decir, lo que producimos (y, por tanto, lo que disponemos) es cada vez más chico.

No es ilógico que la demanda de empleo sea cada vez menor, pese a que tratamos de emparchar el problema con creación de empleo público y prohibición de despidos, todo lo cual es beneficioso para los involucrados directos pero crecientemente negativo para el conjunto de la sociedad.

La segunda década del siglo XXI, al menos en América Latina, se presentó de manera similar. Desapareció el impulso proveniente de la gran demanda internacional de nuestros productos de exportación (sea soja, petróleo, cobre o lo que fuera) y pese a que la tasa de interés internacional registró valores cercanos a cero muchos de nuestros países no pudieron aprovechar esa situación para atravesar el período de vacas flacas.

Ese agotamiento explica el desencanto de parte de la población que buscó otras alternativas políticas, aunque algunos interpretan al revés: que los cambios en las orientaciones de las nuevas dirigencias elegidas generaron el retroceso económico vivido en el decenio.

Mientras la región “debate” la experiencia de cada país, en Argentina parece seguir primando la convicción de que no tenemos problemas estructurales que afrontar, que sólo se trata de la voluntad de un dirigente bien intencionado y, por tanto, que rápidamente volveremos a gozar de bonanzas pasadas.

Con esa idea en mente apareció la pandemia que, como en el mundo entero, desnudó las carencias y los conflictos de nuestras sociedades.

martes, 6 de julio de 2021

Inversión y consenso político, claves para la recuperación necesaria, columna en INFOBAE, 6-7-21

 Columna publicada en INFOBAE, 6-7-21

En el país, las decisiones políticas van a contramano de los requerimientos económicos y desaprovechan ventajas inesperadas como el mejoramiento del precio de la soja y la inminente asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI


La recuperación económica y ocupacional de fines de 2020 se atemperó a comienzos del año actual, entre otras razones, porque las decisiones políticas van a contramano de los requerimientos económicos y desaprovechan ventajas inesperadas como el mejoramiento del precio de la soja (que alivió sobremanera el mercado de cambios en el primer semestre) y la inminente asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) por parte del Fondo Monetario Internacional.

Las expectativas que se abren al inicio del segundo semestre de 2021 no despiertan –siquiera– las mofas de que eran objeto los “brotes verdes” que se anunciaban en la segunda mitad de 2016. La acumulación actual de noticias ingratas en materia de precios, del nivel de actividad, de empleo o de ingresos es suficiente carga para obstaculizar el curso de cualquier broma.

Si en la segunda mitad del gobierno de Cambiemos se acumuló un deterioro del orden del 15% de los salarios reales del sector protegido, según los informes del Ministerio de Trabajo, el acumulado del último trienio arroja ya una cifra superior al 20 por ciento

Un rápido recuento de las informaciones más recientes indica, en relación con la actividad económica (medida por el EMAE) que, por fin, la comparación con el mismo mes del año pasado resultó positiva en el último bimestre. Se sabía que al comparar con los pésimos meses de marzo en adelante los números iban a ser interesantes. Pero la variación mensual en febrero, marzo y abril arroja resultados crecientemente negativos. Con esto se diluyen las expectativas favorables que se habían construido desde ciertos ámbitos oficiales.

En cuanto a los precios, si bien aún no sabemos cuál habrá de ser el índice oficial de junio, el acumulado de los últimos doce meses arrojará un 50% de variación y como el grueso de ese número corresponde a la primera mitad de 2021, desaparece la pauta presupuestaria que fijaba un 29% para todo el año en curso.

La profundidad y extensión de las restricciones a la actividad económica produjeron una reducción de cuatro millones de puestos de trabajo (cerca de un cuarto del total existente a comienzos de 2020)

Los esfuerzos (de tinte electoral más que de protección social) de empujar arreglos salariales del 40% o más terminan siendo insuficientes para recuperar la pérdida de la capacidad de compra del salario al tiempo que contribuyen a enmarañar las variables macroeconómicas, por su desarticulación en términos de planificación económica. Si en la segunda mitad del gobierno de Cambiemos se acumuló un deterioro del orden del 15% de los salarios reales del sector protegido, según los informes del Ministerio de Trabajo, el acumulado del último trienio arroja ya una cifra superior al 20 por ciento. Ese diferencial negativo es mayor en el sector estatal y entre los trabajadores precarios, sin protección alguna.

Bien podría decirse que la situación en materia de empleo está asociada, como lo ha mostrado la OIT para toda la región, con los efectos de la pandemia y de las medidas tomadas por los distintos gobiernos para enfrentarla. En el caso argentino, es sabido, la profundidad y extensión de las restricciones a la actividad económica produjeron una reducción de cuatro millones de puestos de trabajo (cerca de un cuarto del total existente a comienzos de 2020).

Paulatinamente a lo largo de del año último gran parte de los empleos perdidos se fueron recuperando. De todos modos, la mayor parte de los puestos no recuperados correspondieron a dos sectores claramente identificados, casi en partes iguales: los trabajadores precarios (en relación de dependencia) y los no asalariados, en este caso sean cuentapropistas o pequeños propietarios. El impacto sectorial también estuvo altamente concentrado. Entre los precarios las pérdidas mayores fueron en servicio doméstico (más de 300.000) y entre comercio y construcción casi 200.000 adicionales. Entre los no asalariados la mayor destrucción fue en Comercio (170.000) y otros 150.000 entre la construcción y las actividades inmobiliarias y servicios empresariales.

Fuente: Indec, Informes de prensa de la Encuesta Permanente de Hogares
Fuente: Indec, Informes de prensa de la Encuesta Permanente de Hogares

Pese a la recuperación observada en la segunda parte de 2020 (como muestra el gráfico), un año después de iniciada la pandemia la tasa de empleo (proporción de ocupados respecto de la población) aun no llega a los niveles anteriores. Pasa lo mismo con la tasa de actividad, lo que explica que casi no haya habido variación en la tasa de desempleo.

En efecto, los enormes contingentes de ocupados que perdieron sus empleos volvieron muy paulatinamente a ofrecerse en el mercado laboral acompañando la recuperación de parte de las actividades económicas. El desaliento inicial (caída de casi diez puntos porcentuales de ambas tasas) evitó que la desocupación alcanzara o superara el 20% oscilando en cambio entre un 10 y un 13% aproximadamente.

Esta imagen inicial que, se insiste, se asemeja bastante al fenómeno registrado en general en América Latina y otras regiones, en nuestro caso tiene la peculiaridad de desenvolverse luego de un decenio de estancamiento (y caída del PBI per cápita) y también de una década de dificultades del mercado de trabajo.

Fuente: Indec, Evolución de los ingresos, primer trimestre de 2021
Fuente: Indec, Evolución de los ingresos, primer trimestre de 2021

Los nuevos datos de distribución del ingreso confirman que luego del mejoramiento inicial (2003-2007) siguió un extenso lapso de cuasi estancamiento, que en el primer bienio de cambiemos retomó la senda de la mejoría con valores record a comienzos de 2018, que de allí en más el descenso continuó incluyendo las dos primeras mediciones del gobierno actual: ni el primer trimestre de 2020 y, menos aún, de 2021 muestran mejoría.

De manera que las afirmaciones a comienzos de 2020 de que los problemas del país eran fácilmente solucionables expresaban un diagnóstico equivocado. A eso se agregó la pandemia, cuyo tratamiento, digamos de paso, luego de un breve lapso inicial, tomó rumbos inquietantes que complican la situación en este segundo año en el que los problemas sanitarios son más difíciles de resolver.

La mayor parte de los puestos no recuperados correspondieron a dos sectores claramente identificados, casi en partes iguales: los trabajadores precarios (en relación de dependencia) y los no asalariados, en este caso sean cuentapropistas o pequeños propietarios

La obstrucción interna al Gobierno de los arreglos necesarios en materia de endeudamiento externo, por ejemplo, puede satisfacer la mirada o el gusto de algún sector oficial, pero constituye un pésimo presagio para nuestro futuro.

Extrañamente, el ajuste iniciado en diciembre de 2019 (con el tema previsional a la cabeza) ha continuado su marcha. Y ese conflicto entre las decisiones inevitables a nivel macroeconómico y el impacto político potencialmente negativo para el Gobierno (que no quiere expresar claramente lo que está haciendo) no podrá perdurar demasiado tiempo.

Allí reaparece la imperiosa necesidad de una acción política consensuada y no de ruptura y enfrentamiento continuo. La dirigencia, en especial la de todos los colores políticos, tiene la mayor responsabilidad.