domingo, 8 de mayo de 2022

Es más inteligente no inventar gastos sin recursos que crear impuestos Entrevista de Silvia Stang, LA NACION, 8-5-22

 Entrevista de Silvia Stang en LA NACION, 8-5-2022

Javier Lindenboim: “Los kirchneristas creen que un impuesto nuevo es un triunfo para los trabajadores; es más inteligente no inventar gastos sin recursos”

El economista analizó la situación macro, el escenario laboral y las paritarias; advirtió que la pandemia dejó al país en una situación más complicada que la anterior en cuanto a los problemas de calidad del empleo, y afirmó que hoy no existe un horizonte

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LA NACION
Javier Lindenboim: "Socialmente hablamos, no salimos de la rapiña entre nosotros; necesitamos un esfuerzo mucho más compartido y que se fije un horizonte para la recuperación"
Javier Lindenboim: "Socialmente hablamos, no salimos de la rapiña entre nosotros; necesitamos un esfuerzo mucho más compartido y que se fije un horizonte para la recuperación"Victoria Gesualdi / AFV

Es licenciado en Economía Política por la Universidad de Buenos Aires (UBA), con un posgrado en Formación de Investigadores en Desarrollo Urbano y Regional del Instituto Di Tella; fue docente en diferentes casas de estudio; es investigador del Conicet y dirige el Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped) de la UBA

“Más allá de todo lo que arrastramos [en materia de problemas laborales], la pandemia nos puso en un escalón más complicado aún, porque la recuperación de la fuerza de trabajo [tras la cuarentena] se produjo en gran medida en dos componentes de no buena calidad: el de los asalariados privados no registrados y el de los no asalariados, que en parte es posible que estén registrados en el sistema previsional y Dios sabe con qué regularidad hacen sus aportes, pero creo que no nos equivocamos si decimos que en su mayor parte no están registrados”, sostuvo, en diálogo con LA NACION, el economista Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población Empleo y Desarrollo (Ceped) de la UBA. Según advirtió, las condiciones están dadas para que el problema se profundice y eso, señaló, se deriva del “gran lío” que hay en el Gobierno, que no puede concretar las medidas necesarias para que se pueda avanzar hacia un contexto favorable al crecimiento.

Además de marcar las falencias en la calidad del empleo que afectan a millones de trabajadores en el país, Lindenboim se refirió al problema que impacta en los bolsillos de todos: “En el acuerdo con el FMI hay, no en la letra sino en el espíritu, una certeza de que el proceso inflacionario va a ser de tal intensidad que va a ayudar al cumplimiento de las metas, ese es un argumento en contra de las posibilidades de mirar con optimismo el futuro de los próximos meses del mercado de trabajo; el cinturón va a seguir apretando”, concluyó.

El “lío” en el Gobierno, agregó, hace que terminen primando “las viejas recetas que ya en los años anteriores de kirchnerismo en el poder se pusieron en práctica, y que contribuyeron a traernos hasta aquí”.

–¿A qué se refiere con las medidas necesarias que no se toman?

–Prácticamente todas las que podrían contribuir, no ya a que haya un superávit fiscal, sino a no agravar el déficit fiscal; algunas están en el acuerdo con el Fondo Monetario, como lo de tarifas. En la Argentina, al menos hasta donde yo conozco, por décadas hablar de equilibrio fiscal era atributo de la mirada más ortodoxa de la economía. Ahí Néstor Kirchner vino a producir un cambio, porque tenía todas las condiciones a su favor para hacerlo, se aferró a eso y defendió la política de los superávits gemelos [fiscal y comercial], con lo cual todos los que miraban la búsqueda del equilibrio o de superávit fiscal como algo feo, malo sucio se quedaron sin argumentos. Pero luego eso se perdió con diferentes medidas y no se pudo volver a salir del déficit fiscal.

–Más allá de las políticas macro, ¿qué peso pueden tener eventuales cambios en la legislación laboral, si se busca que haya más empleo y de buena calidad?

–Creo que la estructura de funcionamiento del mercado de trabajo en una cantidad de áreas es algo importante, y hay una cerrazón a discutir el tema por parte del sindicalismo. Lo poco que se intentó hacer fue en la época de Macri y con acuerdos sectoriales, como los de Vaca Muerta. Con las actuales condiciones, en la Argentina los acuerdos de orden general son muy difíciles y, por lo tanto, analizar por cadenas de producción, por sectores, puede ser la vía, pero igual es algo muy difícil. Ese es un punto. También está la discusión sobre el sistema previsional, en la cual nadie le quiere poner la cara a decir que no solo está bastante deteriorado, sino que buena parte de las medidas que con ojos entusiastamente progresistas se vieron como avances de derechos, al haberse hecho sin sustento actuarial para ver cómo se sostenían a futuro, lograron agravar el problema. Es cierto que la política tiene predominio sobre la economía, pero debería ser consciente de que lo que induce a hacer no es inocuo en lo económico. Sabemos que, aproximadamente, por cada tres puntos de crecimiento del PBI, el empleo puede crecer un punto en la Argentina, pero veo difícil que hoy se cumpla eso y, entonces, ni siquiera estamos en condiciones de que se creen los puestos necesarios para quienes se incorporan.

–Frente a la aceleración de la inflación, se planteó desde el Gobierno, por un lado, la dinamización de las paritarias y, por el otro, el pago de bonos desde el Estado a una parte de la población, ¿cómo ve esas medidas?

–Sobre lo primero, se me vienen a la mente algunas apreciaciones de Roberto Frenkel que, cuando se proponían acortamientos de plazos para hacer los reajustes y, en general, cuando se proponían hacer ajustes con respecto a los acontecimientos pasados y no sobre un plan futuro, hablaba espantado de los posibles resultados que se pueden obtener en materia de aceleración inflacionaria. Estamos como en una calesita loca. Es cierto que la situación requiere que se tomen algunas medidas para ayudar a los sectores populares, pero también es cierto que no todos los empleadores están en condiciones de hacerse cargo de nuevas erogaciones sin pasar eso a precios. Creo que en el Gobierno, y fuera el Gobierno también, no hay conciencia de la gravedad de la situación, cada uno pega el grito donde le duele un poco el callo. No aparece alguna línea de pensamiento que lleve a tomar medidas en algún sentido. Es un momento en que la perinola dice ‘todos ponen’, así que no es tiempo de que chicaneemos para llevarnos un pedazo más de la torta, sino que tenemos que ver qué podemos aportar. Eso es fácil decirlo, pero políticamente es algo extremadamente difícil, mucho más si una parte del Gobierno sigue manteniendo argumentos como si lo que pasa no pasara; el kirchnerismo sigue planteando cosas como si el mundo fuera el de no sé cuándo. En situaciones críticas puede haber algunas medidas que transitoriamente tapen un agujero, pero estoy convencido de que ninguna medida parcial puede ser satisfactoria. Hay sindicatos con capacidad de presión, camioneros, bancarios, aceiteros, que consiguen mejoras sustanciales; los demás van a estar mirando a ver si pueden tomar un pancito para mojarlo en el café con leche. Pero de ahí no salimos. Socialmente hablando, no salimos de la rapiña entre nosotros. Y necesitamos un esfuerzo mucho más compartido y que se fije un horizonte no inmediato para la recuperación. Alguien puede decir que es injusto y que los trabajadores no tienen por qué hacerse cargo; sí, estoy convencido de que es injusto y de que el capitalismo produce injusticias, pero vivimos con el capitalismo y tenemos que encontrar salidas económicas y políticas.

–Una década atrás, según datos oficiales, había igual o incluso mayor cantidad de asalariados registrados del sector privado que ahora; teniendo en cuenta ese dato y el actual contexto, ¿influye la negociación salarial en la dinámica del empleo?

–Desde el punto de vista general es muy difícil tener una apreciación, porque eso depende de los diferentes ámbitos de actividad económica y de si han podido o no hacer modificaciones tecnológicas ahorradoras de mano de obra. Creo que eso de que porque la mano de obra es más cara echo gente, puede ser en un contexto en el cual cada vez vendo menos, pero si estoy vendiendo cada vez más, es distinto. Creo que es un caballito de batalla del empresario azuzar el peligro de los despidos y eso puede generar nuevamente lo que pasó con la prohibición de despidos, que no resolvía los problemas, sino que los ponía bajo tensión. Lo de las paritarias es comprensible en un contexto en el que no existe el planteo de un horizonte. Imaginemos algo difícil de imaginar en la Argentina: que el Gobierno se planta después de haber cosechado credibilidad por parte de la ciudadanía y que diga: ‘bueno, estamos en un lío tan importante que lo que tenemos que hacer es tal y tal cosa, que en lo inmediato no nos va a resolver muchas, solo alguna cuestión, pero es la única manera de llegar en dos, tres, cuatro o cinco años a un punto medianamente satisfactorio’. Eso produciría en la sociedad un sacudón; a lo mejor es una utopía muy grande, pero creo que si no es por ese lado, no tenemos forma.

–En los últimos años sí creció el número de empleados públicos y de monotributistas, con aportes considerados bajos para la sostenibilidad del sistema jubilatorio, donde está parte del problema fiscal actual y hacia adelante. Más allá de las causas, ¿qué efectos futuros pueden esperarse de esa dinámica del mundo laboral?

–El sector público en los últimos 15 años mantuvo una dinámica ascendente, más allá de cómo le fue yendo al país. Y monotributistas es una categoría que también creció. En lo previsional, yo no pondría el acento en ese segmento o en el de personal de casas particulares; creo que tenemos demasiados sistemas que no son de privilegio, pero sí especiales, que se estructuraron para dar respuesta a demandas de sectores, como los de docentes, investigadores, etcétera. Eso tampoco es equitativo, porque más allá de que se haya aportado un poco más, todos los aportes actualizados no alcanzan a cubrir las retribuciones que se dan. Quiero decir que yo no miraría solo en la parte baja, sino que, si me meto a discutir el tema previsional, incluiría todo el conjunto.

–Con la percepción de una muy alta presión tributaria y con los cuestionamientos al gasto público, existe una brecha de la que últimamente se habla mucho: una parte de la sociedad percibe que paga impuestos y que hay otra parte que solo recibe dinero, ¿cómo ve ese tema?

–Un mundo y otro no funcionan separados. El mundo al que llamamos informal tiene muchísimos intersticios que lo vinculan al que llamamos formal, por lo cual este último está negreando también y, a la vez, el mundo llamado informal alguna cosa en blanco hace. Creo que, efectivamente, hay una percepción en la sociedad de que hay una presión fiscal muy elevada y tiene que ver con lo que pasa con el gasto también; por ejemplo, que haya disminuido la matrícula escolar es algo que no tiene justificación. Y hay un debate espurio en el Gobierno, porque los kirchneristas creen que poner un impuesto nuevo es un triunfo para los trabajadores, y yo creo que es una torpeza pensar las cosas en ese contexto, porque todo va a depender de a quién se grave, de cómo se grave y de qué destino se dará a lo recaudado. Es más inteligente no inventar erogaciones sin recursos. Estoy de acuerdo con que hay presión fiscal, en lo que no estoy de acuerdo es en ese argumento que suena redondito, de que unos pagan mucho y otros no pagan nada, y peor aún, que son los que reciben. Creo que eso no es literalmente así; un punto elemental es que los sectores más pobres pagan IVA, aunque no sé si ese IVA llega al Estado [o queda en el camino], y otro punto es el de las conexiones entre el sector formal e informal. Por ejemplo, si hablamos de la confección de prendas y se mira cuánta tela se fabricó, y si con la tela que se fabricó y no se exportó se podría producir el doble de trajes de los que están informados, entonces la mitad de los trajes se vendió en negro; es un ejemplo burdo, pero lo doy para que se entienda la conexión entre el mundo formal e informal. La escisión no sirve de mucho, sí sirve la discusión sobre la eficiencia del fisco.

–¿Y cómo influye el peso de la carga fiscal en las posibilidades de crecimiento de la actividad?

–Depende mucho de lo que haga el fisco, si vuelca una parte importante de los ingresos a crear algo en un sector en el que estamos en déficit, como la infraestructura, sería a largo plazo extremadamente favorable para el crecimiento. Pero si se dilapida de muchas maneras, no podemos menos que mirar esa carga como algo contrario al crecimiento; ahí está incluida la corruptela.

miércoles, 4 de mayo de 2022

La situación laboral actual Entrevista de Luciana Vázquez, FM Milenium 4-5-22

 Entrevista de Luciana Vázquez, La pregunta sin fin, FM Milenium, 4-5-2022



Por qué la precarización del empleo y los bajos salarios preocupan más que la desocupación Nota de Santiago Rojas, Perfil, 3-5-22

 Entrevista incluida en la nota de Santiago Rojas, PERFIL, 3-5-22

Por qué la precarización del empleo y los bajos salarios preocupan más que la desocupación


La desocupación bajó a un 7%, dicen los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), dato que el dirigente Luis D’Elía abraza para defender al Gobierno Nacional en sus apariciones públicas.

Dicho dato aparenta ser alentador si no estuviesen a la vista también los datos de la pobreza arrojados por el mismo organismo reflejando un 37,3% para el segundo semestre del 2021. Más aún si tenemos en cuenta que la pobreza se duplicó penetrando al núcleo de la clase trabajadora; en 2011 un 12,7% de las personas con trabajo, eran pobres, y en 2021 ese porcentaje llegó al 28,2%, según el informe del Observatorio de Deuda Social Argentina (ODSA).

Economistas expresan su postura sobre las causantes de dicho fenómeno vinculadas al desplome del empleo y el salario. Javier Lindenboim, economista especialista laboral, expresó que en el gobierno de Mauricio Macri hubo una pérdida anual de 10 mil puestos de trabajo y en el primer bienio de Alberto Fernández esa cifra fue superior, alcanzando 50 mil empleos menos por año.

Más de la mitad de los niños argentinos son pobres, con serias consecuencias para su futuro

En cuanto a los ingresos salariales aseguró que hubo un deterioro y los que más perdieron, en el último sexenio, fueron los precarios (no registrados) a los que le siguieron los empleados públicos y luego, con menor perjuicio, los registrados.

“El último dato disponible, enero de 2022, respecto de diciembre de 2015 pierde casi el 34%. Para homogeneizar tomamos diciembre de 2015 y 2021. Así, la caída se reduce al 14%. Ha habido estancamiento del empleo de calidad y pérdida de los ingresos a niveles similares al promedio de 2008-2010”, agregó en su columna para un medio nacional.

A su vez; Damián Di Pace, analista económico e investigador, argumenta que el dato del 7% de desocupación es el dato más precario y peligroso que tiene argentina y explica que, si se toman los últimos 10 años, el salario a la salida privada cayó 1,5%.

“Estamos ante un escenario de precariedad laboral y de caída del empleo registrado. El crecimiento de los monotributistas de bases de alícuotas para los impuestos y bases de mínimos imponibles recontra desactualizados; y los que están empleados son de muy baja calidad”, afirmó el economista.

Advierten que sin planes sociales, la pobreza en Argentina podría llegar al 50 por ciento

“Por otra parte el autónomo, que es el emprendedor, cayó 8,7%. Tenemos menos autónomos en nuestro país básicamente porque están regodeados de impuestos, 35% de ganancia tienen que facturar con 21% de IVA  y 3% de Ingresos Brutos. Además, no se subieron las bases de los mínimos no imponible, por lo cual, un autónomo con 63 mil pesos paga ganancias, una locura”, finaliza Di Pace.

Según Marcelo Ramal, economista y docente de la UBA, aclara que a las estadísticas de desocupación hay que verlas bajo el prisma de la creciente precarización laboral, no solo en la Argentina, sino también del mundo entero.

“Las personas que ya han renunciado a un empleo formal, ahora se declaran ocupadas, simplemente porque a lo mejor hacen changas o llevan adelante tareas de una enorme informalidad. Hay una camada muy grande de trabajadores de aplicaciones de reparto, como Uber, que llevan adelante tareas que formalmente implican una ocupación, pero refleja una consolidación del subempleo y esto ha sido profundizado por la pandemia”, explica Ramal.

desocupación bajó a un 7%, dicen los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), dato que el dirigente Luis D’Elía abraza para defender al Gobierno Nacional en sus apariciones públicas.

Dicho dato aparenta ser alentador si no estuviesen a la vista también los datos de la pobreza arrojados por el mismo organismo reflejando un 37,3% para el segundo semestre del 2021. Más aún si tenemos en cuenta que la pobreza se duplicó penetrando al núcleo de la clase trabajadora; en 2011 un 12,7% de las personas con trabajo, eran pobres, y en 2021 ese porcentaje llegó al 28,2%, según el informe del Observatorio de Deuda Social Argentina (ODSA).

Economistas expresan su postura sobre las causantes de dicho fenómeno vinculadas al desplome del empleo y el salario. Javier Lindenboim, economista especialista laboral, expresó que en el gobierno de Mauricio Macri hubo una pérdida anual de 10 mil puestos de trabajo y en el primer bienio de Alberto Fernández esa cifra fue superior, alcanzando 50 mil empleos menos por año.

Más de la mitad de los niños argentinos son pobres, con serias consecuencias para su futuro

En cuanto a los ingresos salariales aseguró que hubo un deterioro y los que más perdieron, en el último sexenio, fueron los precarios (no registrados) a los que le siguieron los empleados públicos y luego, con menor perjuicio, los registrados.

“El último dato disponible, enero de 2022, respecto de diciembre de 2015 pierde casi el 34%. Para homogeneizar tomamos diciembre de 2015 y 2021. Así, la caída se reduce al 14%. Ha habido estancamiento del empleo de calidad y pérdida de los ingresos a niveles similares al promedio de 2008-2010”, agregó en su columna para un medio nacional.

A su vez; Damián Di Pace, analista económico e investigador, argumenta que el dato del 7% de desocupación es el dato más precario y peligroso que tiene argentina y explica que, si se toman los últimos 10 años, el salario a la salida privada cayó 1,5%.

“Estamos ante un escenario de precariedad laboral y de caída del empleo registrado. El crecimiento de los monotributistas de bases de alícuotas para los impuestos y bases de mínimos imponibles recontra desactualizados; y los que están empleados son de muy baja calidad”, afirmó el economista.

Advierten que sin planes sociales, la pobreza en Argentina podría llegar al 50 por ciento

“Por otra parte el autónomo, que es el emprendedor, cayó 8,7%. Tenemos menos autónomos en nuestro país básicamente porque están regodeados de impuestos, 35% de ganancia tienen que facturar con 21% de IVA  y 3% de Ingresos Brutos. Además, no se subieron las bases de los mínimos no imponible, por lo cual, un autónomo con 63 mil pesos paga ganancias, una locura”, finaliza Di Pace.

Según Marcelo Ramal, economista y docente de la UBA, aclara que a las estadísticas de desocupación hay que verlas bajo el prisma de la creciente precarización laboral, no solo en la Argentina, sino también del mundo entero.

“Las personas que ya han renunciado a un empleo formal, ahora se declaran ocupadas, simplemente porque a lo mejor hacen changas o llevan adelante tareas de una enorme informalidad. Hay una camada muy grande de trabajadores de aplicaciones de reparto, como Uber, que llevan adelante tareas que formalmente implican una ocupación, pero refleja una consolidación del subempleo y esto ha sido profundizado por la pandemia”, explica Ramal.


jueves, 28 de abril de 2022

La inflación es el efecto, no la causa - Columna en el diario DIAGONALES, 28-4-22

 Columna publicada en el diario DIAGONALES, 28-4-22


La inflación es el efecto, no la causa

Aunque hay coincidencia en los perjuicios principales del aumento de los precios, la lucha efectiva contra la inflación no está presente en los representantes

La inflación ha permanecido en Argentina durante demasiadas décadas carcomiendo los ingresos de los ciudadanos de a pie. Si bien ha sido un problema relativamente generalizado, en muy pocos países en el mundo perdura como problema. Sólo una veintena de ellos -en 2020- superaron el 10% anual de variación de precios. Con Venezuela a la cabeza y Argentina en quinto lugar, estábamos en esa incómoda situación. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) estima los promedios regionales de inflación “sin contar a Argentina, Haití, Surinam y Venezuela por presentar constantemente niveles de inflación muy superiores al resto de las economías de la región”.

Una de las razones de esa permanencia, quizás, ha sido el no reconocimiento de su presencia ni de su gravedad. En ello hay responsabilidad tanto de la dirigencia política como de la población en su conjunto. Desde alguna frase como “un poquito de inflación no hace mal” o el “índice de precios descarnado”, hasta su negación lisa y llana, mediante la manipulación de la actividad del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), todo ha confluido. Las convenciones colectivas de trabajo, por caso, suelen centrar su cometido en la recuperación de la pérdida de capacidad de compra del salario, precisamente, como consecuencia de la persistencia de la inflación.

Lo notable es que, aunque hay coincidencia en que los perjuicios principales del continuo (y, hoy, acelerado) aumento de los precios recaen sobre los sectores más pobres, la lucha efectiva contra la inflación no está presente en los representantes de estos núcleos, sean sindicales, sociales o políticos. Más vale, el planteo antiinflacionario tiende a ser adjudicado a la “derecha”. Lo mismo ocurre con el objetivo del superávit fiscal defendido en este siglo sólo por Néstor Kirchner y Mauricio Macri, con resultados dispares entre ambos. Kirchner logró los superávits gemelos y Macri no pudo salir de los resultados fiscales negativos.

En el caso de América Latina, los logros alcanzados en materia inflacionaria muestran que se pueden tener miradas y horizontes divergentes, pero mantener la atención sobre este problema y tener éxito. La persistencia e intensidad de la inflación en tan pocos países exponen dificultades y conflictos propios de nuestras sociedades.

Con evidencias como esta se debilitan fuertemente los argumentos como el que sostiene que el aumento de precios se debe al nivel de concentración económica que padecemos. Esa concentración existe y fue acrecentada en las dos primeras décadas de este siglo. Pero es difícil probar que la misma no se presenta en el resto de América Latina. Por otro lado, la existencia de monopolios puede explicar un nivel de precios favorable a ellos a través de una renta extraordinaria, pero no justifica necesariamente la variación de dicho nivel. Suponer que la inflación en Argentina tiene ese origen es afirmar que nuestra economía está más concentrada que la de nuestros países hermanos de la región, lo que está lejos de estar confirmado. No afirmo que la concentración económica no juega ningún papel ni pretendo eximir de responsabilidades a los grupos concentrados ni a los distintos gobiernos por no haber actuado eficazmente al respecto. Solo propongo poner la atención en otros elementos para el análisis.

Veamos algunos de ellos como ejercicio

Argentina es uno de los países en el mundo con mayores altibajos en lo que hace al nivel de actividad. No se trata de que crece en algunos años mucho y en otros, poco; sino que, en general, uno de cada tres años registra una caída del producto. Eso no sólo influye en el tamaño de la “torta” sino que para cada uno de los habitantes no aumenta lo suficiente (o declina, como en la última década). Pero, además, el funcionamiento económico en su conjunto se ve necesariamente afectado por tal dinámica.

Una derivación de ello, por ejemplo, es la declinación de la tasa de inversión. Un ejercicio realizado en el CEPED con los datos oficiales, muestra que tomando los períodos de gobierno (exceptuando el de la Alianza y el interregno de Duhalde) esa tasa ha venido cayendo sistemáticamente. Es sabido que la mayor parte del Producto se destina al Consumo. Pero ese consumo no puede alimentarse sin inversión. De eso es lo que hemos venido careciendo de manera notable.

La inflación es el efecto, no la causa

Un resultado de esto, a su turno, es el lento aumento de la productividad general de la economía y en particular del trabajo. Argentina no sólo está muy lejos de la media internacional, sino que cada vez se aleja más de ella como ocurre en el conjunto de la región. Simplificando mucho: eso implica que el país debe ofrecer mayor cantidad de sus exportaciones para adquirir el mismo nivel de importaciones que les resultan imprescindibles.

De tal manera, la puja por la distribución de la renta se exacerba ya que la riqueza generada crece demasiado lentamente (o directamente disminuye) y la escasa mejoría de la productividad obstaculiza el mejoramiento del bienestar y calidad de vida de sus habitantes.

Recordábamos más arriba la escasa preocupación por el resultado fiscal. La continuidad de déficits sucesivos debe ser encarada a través del endeudamiento público o de la emisión monetaria. ¿Puede alguien creer que emitir moneda resulta inocuo sobre el valor de esa moneda? No se está afirmando que este es el único factor como sostiene la corriente monetarista. Pero tampoco se trata de obviar el problema.

De tal manera, frente a tamaña complejidad del asunto y a la gravedad de sus efectos bien vale pensar no en “una receta” (lo que hablaría de una simplicidad inexistente) sino en un conjunto articulado de medidas económicas y de soporte político y social. Parecería que no estamos yendo, precisamente, en tal dirección.

miércoles, 27 de abril de 2022

La baja en la calidad del empleo - Entrevista radial Eco Medios 27-4-22

 Entrevista en Eco Medios, 27-4-22

Entrevista de Diego REynoso en el programa Asteriscos, Eco Medios, 27-4-22



Se profundiza la baja calidad del empleo -Columna en Clarin 27-4-2022

 Columna publicada en Clarín el 27 4 2022

Se profundiza la baja calidad del empleo

En el último informe de INDEC sobre empleo y desempleo llamó la atención la baja de la tasa de desempleo. En primera instancia puede suponerse que ello se debe a un aumento de la ocupación.

Es por eso que la variable merece atención. En el período de Cambiemos, el empleo creció -pese a múltiples opiniones- aunque lo hizo principalmente en base al del sector no asalariado y al de los trabajadores precarios.

A la inversa, el balance de los dos primeros años del Frente de Todos arroja saldo negativo. En el sector privado disminuyó tanto el empleo registrado como el no registrado y también lo hizo la participación salarial en el producto. Todo esto habida cuenta de la pandemia y la cuarentena.

El componente privado del empleo en declinación

Si nos detenemos en el sector privado registrado la evolución posterior a la crisis de principios de este siglo se puede resumir así: durante el gobierno de Néstor Kirchner se agregaron anualmente unos 500 mil trabajadores. En los dos mandatos de su esposa -Cristina Fernández- la evolución fue declinando ya que en su primer período se agregaron por año 200 mil puestos en esta categoría y en el segundo apenas 100 mil.

Con posterioridad los valores ya son negativos. En el gobierno de Mauricio Macri hubo una pérdida anual del orden de los 10 mil y en el primer bienio de Alberto Fernández esa cifra fue superior: 50 mil empleos menos por año.

Se suele considerar a los asalariados no registrados y a los no asalariados (categoría compuesta principalmente por monotributistas y en la que predominan los no registrados) como los componentes más desfavorecidos del universo de trabajadores.

Sumando ambos conjuntos el promedio anual en los lapsos de gobierno desde 2003 (en miles) fue: 200, -15, 50, 300 y -58 mil. Los dos períodos con valores negativos son muy diferentes, ya que en el primero, 2007 y 2011, la disminución se explica por la transformación de asalariados precarios en protegidos. El bienio último -a su turno- incluye el fuerte deterioro durante la pandemia y la cuarentena extendida que afectó a ambas categorías de asalariados privados.

Las mayores variaciones positivas también difieren: entre 2003 y 2007 el crecimiento general del empleo también incluía a los trabajadores precarios; en el período de Cambiemos, el aumento de los puestos de trabajo, también significativo, se sostuvo en la suma de asalariados precarios y no asalariados. La recuperación del año 2021 de parte de lo perdido en 2020, se concentró asimismo en esas categorías (90%).

Todo esto significa que hasta 2015 hubo aumento del empleo privado registrado pero cada vez más lento y con pérdida de dinamismo. Desde entonces la situación de los trabajadores profundizó su deterioro.

La variación de los ingresos laborales

La heterogeneidad salarial es conocida. Los que más perdieron, en el último sexenio, fueron los precarios (no registrados) a los que le siguieron los empleados públicos y luego, con menor perjuicio, los registrados.

Su medición ha dado lugar a cuantificaciones diversas no siempre sostenidas en la información. Aquí miramos los datos del Ministerio de Trabajo que, en materia de ingresos, sólo refiere a los trabajadores (registrados) del ámbito privado. Pero hay un inconveniente derivado de que los datos de junio y diciembre incluyen el aguinaldo.

He aquí porqué con la misma fuente se pueden obtener datos dispares para medir la magnitud del deterioro de los ingresos salariales de este sector. El último dato disponible, enero de 2022, respecto de diciembre de 2015 pierde casi el 34%. Para homogeneizar tomamos diciembre de 2015 y 2021. Así, la caída se reduce al 14%.

Todavía más, si tomamos enero 2022 con el mes previo al cambio de gobierno en 2015 (a fin de evitar incluir el aguinaldo) la pérdida es un poco más pequeña: 7.5%. En resumen, hubo una pérdida de ingresos clara entre estos asalariados. Pero, sin dudas, no fue de un tercio como lo parece indicar la primera comparación. Los restantes cotejos giran en torno del 10%, retroceso que iguala el salario al vigente en 2010 en vísperas de la abrumadora reelección de la Dra. Kirchner.

La participación laboral en la distribución de la riqueza generada, cuyo descenso de 2015 a 2021 es del 13% (INDEC, Cuenta de generación de ingresos) un tercio del cual se debe al último año, es de todos modos, un parámetro significativo para apreciar la situación sociolaboral, distinto del salario individual.

Así. ha habido estancamiento del empleo de calidad y pérdida de los ingresos. Ese “combo” explica el deterioro que lleva la participación a niveles similares al promedio de 2008-2010. Un agudo analista del consumo ha señalado que estas objetivas similitudes deben ser tamizadas con otras percepciones de la sociedad que en la actualidad cree que el futuro difícilmente no sea peor que el presente. Esto hace a éste, menos soportable.

Calidad del empleo……y de las fuentes utilizadas

No hay dudas de que para modificar la situación del empleo y de los ingresos asociados a él, sería deseable que las acciones se sostengan en datos adecuados. Por ejemplo, saber que en el último bienio éramos tan pobres (o tan ricos) como en 2006 debido a que en el decenio reciente ha disminuido el producto per cápita.

Una buena base informativa es crucial como lo es un cambio en el encuadre político no sólo para encarar con eficacia el tema del empleo sino para no volver a tropezar haciendo lo mismo que nos trajo hasta aquí.