jueves, 18 de abril de 2019

Superar la mala distribución del ingreso sin facilismos El Cronista, 18-4-2019

Columna publicada en El Cronista el 18-4-2019


La última parte de 2018 marcó un punto importante del deterioro en los ingresos reales de los argentinos. Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la comparación interanual del cuarto trimestre arroja un perjuicio del orden del 13%, sea en los ingresos de la ocupación principal (IOP), en la totalidad de los ingresos individuales (II - cualquiera fuera su origen) o en el ingreso per cápita familiar (IpcF). La pregunta es: ¿para qué nos sirve este termómetro de la situación económica y social?
Una forma de aproximarnos a la respuesta es preguntarnos qué ocurría en el primer trimestre de 2018. En ese momento, la comparación interanual arrojaba una mejora de 2,4% del IOP, del 5,6% de los II y del 9,9% del IpcF. Visto retrospectivamente deberíamos haber estado descorchando champaña.

Evolución de los ingresos reales – Por trimestres - 2018 (%)

Variación interanual
Índices
Primer trimestre
Cuarto trimestre
Ingreso Ocupación Principal
2.4
-12.6
Ingreso Individual
5.6
-12.5
Ingreso per cápita familiar
9.9
-13.2



Fuente: Elaboración propia del CEPED sobre la base de EPH - INDEC
Aquellos buenos indicadores de hace un año y los pésimos más recientes, se conjugan en el resultado del promedio de 2018 respecto de 2017. Los tres indicadores comentados fueron negativos pero más moderados: -5,0% para el IOP, -4,0% para los II y -2,4% para el IpcF. Dicho de otro modo el deterioro mayor vino del lado de los ingresos laborales ya que al computar todos los ingresos de las personas (que pueden incluir jubilaciones o transferencias públicas) la pérdida fue menor. Finalmente para las familias, el resultado negativo agregado fue la mitad de lo que sufrió el ingreso del trabajo.
Pero aún se puede hacer otro contraste que no deja de tener interés. Si se compara la pérdida sufrida en los tres indicadores en 2018, los guarismos son menores que lo que pasó con los mismos en…2014. Por ejemplo el ingreso de los hogares se deterioró más de tres veces en 2014 que lo que perdió en 2018. El lector se estará haciendo la pregunta sobre qué significa la información estadística frente a las expresiones de preocupación y descontento de la sociedad. Sin duda es un buen interrogante sobre el que es necesario reflexionar.
Evolución anual de los ingresos reales – Años 2014 y 2018 (%)
Índices
2014
2018
Ingreso Ocupación Principal
-6.7
-5.0
Ingreso Individual
-5.9
-4.0
Ingreso per cápita familiar
-8.1
-2.4



Fuente: Elaboración propia del CEPED sobre la base de EPH - INDEC
Sabemos que en 2014 hubo una fuerte devaluación apenas se inició el año, y que hubo notables pérdidas de empleo, una presión inflacionaria notable –en especial en la primera mitad de ese año- lo que en conjunto derivó en un sensible deterioro de los ingresos reales. Pero, haciendo memoria, no es posible revivir el hervidero que parece representar la situación y el humor social perceptibles en 2018.
Aún no están disponibles los datos oficiales sobre participación salarial en la riqueza generada. Estimaciones propias ubican la cifra de 2018 en el orden del 46% es decir cuatro puntos porcentuales menos que en 2017. De ser así retornaríamos al nivel de participación correspondiente a 2011 año en el que la Dra. Kirchner fue reelegida con más del 50% de los votos.
Indudablemente, a menos que optemos por desechar los indicadores sociales utilizados en las últimas décadas, debemos seriamente cuestionarnos por la verdadera significación de la dura experiencia económica y social de Argentina.
Claro que el ejercicio no debe tener como propósito encontrar ningún tipo de “consuelo de tontos” sino que podríamos aprovecharlo para un cometido doble. Primero para esforzarnos para entender los contenidos estructurales de las situaciones que padecemos. Segundo para reflexionar en torno de las vías para encontrar un camino verdaderamente diferente que nos aleje de la realidad presente.
Dicho de otro modo, si todo fuera tan sencillo como para retrotraer la política económica y la fase del ciclo económico a algún momento del pasado reciente la cuestión no sería muy complicada. Si, lo es, apenas reconocemos que aunque no haya eclosionado la angustia laboral y social en ciertos momentos del pasado, eso no significa que no hayamos sufrido similares contingencias.
Pero, además, esa reiteración tiene su origen en acciones (o, posiblemente, en no acciones) de los gobiernos de turno pero también en otras falencias como, por ejemplo, la escasa productividad de la economía argentina y el déficit que venimos arrastrando en materia de inversión productiva desde hace demasiado tiempo. Esta carencia es atribuible, de modo esencial, a la deserción de los empresarios al no transformar parte de la ganancia en incremento del nivel de actividad.
Es notable. Desde la mirada pro mercado se apela a intervenciones erradas que estimulan al capital a actuar en sentido contrario al pregonado. Y desde la mirada más intervencionista se omite completamente reflexionar sobre las razones por las cuales el porcentaje de inversión sobre el producto viene bajando desde Alfonsín para acá.
Las situaciones críticas requieren fuerte presencia en materia redistributiva pero ésta no se sostiene si no es con una intensa y persistente expansión del nivel de actividad, es decir con inversión.

Muy poco se pone sobre la mesa que la construcción de un futuro mejor se logra iniciando un camino que, por definición, debe ser de largo aliento. Y la pelea contra los facilismos de distinto signo es una tarea de la dirigencia y de la sociedad civil.


2-5-19 Columna en Clarin (Inversión y empleo: herramientas para salir del laberinto) (https://www.clarin.com/opinion/inversion-empleo-herramientas-salir-laberinto_0_6ygeHoeGW.html)

miércoles, 17 de abril de 2019

Qué nos espera en 2019? Radio El Eco, Tandil, 17-4-19

Entrevista de Sofía Rojo "Buenas y santas", Radio El Eco, FM 104.1, Tandil en torno de las últimas informaciones sobre empleo, distribución del ingreso y pobreza




17-4-19 Entrevista de Sofía Rojo, Buenas y Santas, Radio El Eco, FM 104.1, Tandil (https://www.eleco.com.ar/tandil-fm/entrevista-a-javier-lindenboim-buenas-y-santas/)
18-4-19 Columna en El Cronista (Superar la mala distribución del ingreso sin facilismos) (https://www.cronista.com/columnistas/Superar-la-mala-distribucion-del-ingreso-sin-facilismos-20190417-0059.html#)
30-4-19 Publicación libro Eudeba homenaje a Olivera
ABRIL  DE 2019
2-5-19 Columna en Clarin (Inversión y empleo: herramientas para salir del laberinto) (https://www.clarin.com/opinion/inversion-empleo-herramientas-salir-laberinto_0_6ygeHoeGW.html)


jueves, 28 de marzo de 2019

En 2018 se perdió uno de cada cuatro empleos creados en 2017 28-3-2017

Columna aparecida en EL CRONISTA, 28-3-2019




Los datos recientes sobre empleo y desempleo urbanos, referidos a fines del año último, completan un panorama ocupacional muy delicado para todo 2018. La pérdida de puestos de trabajo y el descenso de la capacidad de compra, hacen prever una disminución –quizás importante- en la participación de los asalariados en la distribución primaria del ingreso.
La tasa de actividad se ha mantenido en torno de 46.5% en el año, nivel sólo alcanzado en dos trimestres de 2011 y uno de 2012. En aquellos momentos eso iba acompañado de tasas importantes de empleo que en la última medición bajó al 42,2% perdiendo casi un punto porcentual respecto de un año atrás.
La contrapartida, desafortunadamente lógica, es que la tasa de desocupación se elevó en torno de dos puntos dado que la misma o mayor cantidad de gente busca trabajo pero menos tienen éxito en esa búsqueda.
Esto significa que el buen desempeño ocupacional verificado hasta comienzos de 2018 se derrumbó completamente. Si en 2017 se habían registrado 400 mil nuevos ocupados, el año último perdió su empleo uno de cada cuatro de ellos. El resultado de este proceso es que ahora hay más ocupados que a fines de 2016 o de 2015 pero eso no evita el impacto en quienes se quedaron sin trabajo ahora.
En síntesis, a los 160 mil nuevos activos captados en los centros urbanos encuestados se agregan los 100 mil ocupados que dejaron de estarlo conformando así el incremento total de desempleados: un cuarto de millón de personas.
Un dato singular es la concentración territorial de la pérdida de empleo mencionada. En los partidos del GBA se ubica alrededor del 40% de la ocupación. Sin embargo la proporción de la pérdida de empleo en el área es el doble: el 80% corresponde a residentes del conurbano. Las otras aglomeraciones con pérdidas importantes son Rosario y Tucumán.
En el Conurbano no sólo se perdieron unos 80 mil puestos ya que el aumento de los desocupados allí fue muy superior, alcanzando los 133 mil, debido a una mayor búsqueda de empleo probablemente de nuevos trabajadores potenciales.
La pérdida de ocupados afectó de modo singular a los asalariados. De hecho esta categoría explica casi en su totalidad aquella caída afectando de modo diferencial a los trabajadores protegidos los que perdieron 150 mil puestos al tiempo que aumentaron en 50 mil los trabajadores precarios.
Si la pérdida de empleo está concentrada (Conurbano, Rosario, Tucumán) el aumento del desempleo abarca un ámbito más disperso y heterogéneo.
En el cuadro se observa que los partidos del Conurbano participan también con una proporción mayor a la de su participación poblacional en el país, así como que el desempleo afecta jurisdicciones como la propia ciudad de Buenos Aires.



Aumento del número de desocupados en aglomerados EPH (miles)
4to. Trimestre 2017 – 4to trimestre 2018
Partidos del GBA
133
Rosario
32
Córdoba
22
CABA
17
Mendoza
14
Mar del Plata
12
Tucumán
10
Fuente: INDEC Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos. 4to. Trim 2018, Bs. As., marzo 2019.
Si se expanden los datos al total urbano (es decir, no sólo a las ciudades donde se hace la Encuesta) las cifras resultantes son, según el INDEC, las que siguen.

Pérdida de empleo asalariado urbano (miles)
4to trimestre 2017 – 4to. Trimestre 2018
Asalariados
139

Protegidos

-214
Precarios

77
Fuente: INDEC Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos. 4to. Trim 2018, Bs. As., marzo 2019.

Según esta misma estimación del INDEC hubo un 10% más de pérdida de empleo asalariado que en el total, es decir se incrementaron las categorías no asalariadas.
De manera que el panorama en los meses últimos es decididamente negativo. Se pierden empleos. Esta pérdida es mayor entre los asalariados. Dentro de estos, los trabajos que disminuyen son los protegidos creciendo algo los precarios. Sin mencionar la insatisfacción de la nueva fuerza laboral que intenta anualmente incorporarse al mercado sin éxito ni el deterioro salarial.
No parecen haber dudas acerca de la necesidad de recuperar un sendero de crecimiento capaz de reavivar la demanda laboral. Para eso hace falta inversión y ésta viene declinando desde hace una década por lo menos. El reclamo de la sociedad es entonces no sólo a las autoridades políticas que deben garantizar las condiciones macroeconómicas, sino también a los empresarios que hace tiempo -aun atravesando períodos de bonanza (como para que “se la lleven en pala”, CFK dixit)- destinan cada vez menos a ampliar la capacidad productiva. Quizás no haya más tiempo para convencerse de la necesidad de un acuerdo político, social y económico. Y esto vale cualquiera sea el desenlace electoral de este año.

viernes, 22 de marzo de 2019

jueves, 21 de marzo de 2019

Qué cambios estructurales debieran debatir los políticos - Clarin 21-3-19

Debate

Qué cambios estructurales debieran debatir los políticos

El significado de los aspectos estructurales puede ser claramente distinto al que fue dominante a fines de los años ‘90 en Argentina y toda América Latina.
Desde su perspectiva estructuralista, la CEPAL alertó nuevamente en su Panorama Social 2018 sobre la perduración de los altos niveles de desigualdad en la región y su incidencia negativa sobre el crecimiento y el desarrollo. Sigue abierto el debate acerca de las prioridades: combatir la desigualdad y la exclusión para remover los obstáculos estructurales del país o, en cambio, procurar la supresión de esos obstáculos para tener éxito en aquel combate.

Pero también se muestran en la configuración y funcionamiento más amplio de la sociedad: dificultad para asegurar equilibrio en el sector externo y en materia fiscal, ausencia de reformas progresivas en materia impositiva, crecientes dificultades para permitir que el Estado pueda actuar como eficaz y eficiente factor en la distribución secundaria del ingreso ya sea en materia monetaria como principalmente en lo relativo a la prestación de los servicios básicos para la población.América Latina y Argentina evidencian falencias estructurales con eje en su dimensión propiamente productiva: desequilibrios sectoriales, diferenciales profundos en materia de productividad tanto a nivel de sectores como en las comparaciones internacionales, insuficiente soporte de la infraestructura –tanto de índole cuantitativa como cualitativa.
En ese marco pueden registrarse intervenciones estatales más regresivas (como la de los años ‘90) o más progresivas (la década inicial de este siglo), en algunos casos realizadas por la misma fuerza política.
El trasfondo, sin embargo, parece residir en la configuración sustantiva de la organización de la producción, que más allá del entramado social y político muestra a poco andar los límites más que sus potencialidades.
Vale aquí un recordatorio. La denominación genérica de las políticas propiciadas a fines del siglo pasado en América Latina fue la de ajuste estructural. La expresión, sin embargo, se circunscribe a la formulación impulsada por los organismos internacionales de crédito como recomendación característica para las políticas públicas en la región, las cuales debían ser cumplimentadas por los gobiernos como precondición para recibir préstamos u otros mecanismos de colaboración financiera, en virtud de sus fuertes restricciones externas. Era esa la base de las políticas neoliberales aplicadas en la región.
En cambio, es posible utilizar la noción “estructura” para aludir al conjunto de relaciones económicas y sociales que sustentan el funcionamiento del aparato productivo y determinan las condiciones en que se desenvuelve su población. Este enfoque tampoco tiene un significado único y homogéneo.
Por lo general, la noción de cambio estructural se utiliza actualmente para aludir al desplazamiento de la frontera tecnológica de manera de reducir la brecha con los países desarrollados en pos de elevar el crecimiento y el ingreso por trabajador.
De manera que el significado de los aspectos estructurales puede ser claramente distinto al que fue dominante a fines de los años ‘90 en Argentina y toda América Latina. En nuestro caso, aunque puede empezarse por un balance objetivo del desempeño económico y social luego de la profunda crisis de 1998-2002, es indudable que la mayor riqueza y efectividad surgiría de una reflexión de mayor aliento.
El contraste entre el primer decenio del siglo XXI y la última década del siglo anterior arroja claros resultados positivos en materia de bienestar pero, aunque hubo al menos un quinquenio de alto crecimiento económico, no se verificaron modificaciones estructurales. En más de un aspecto, inclusive, en la salida de la crisis pudimos beneficiarnos de importantes cambios productivos previos en el ámbito agrícola (sin hablar de la estampida de la demanda de bienes primarios que favoreció a toda la región) y en el energético.
A tono con los Objetivos del Milenio de Naciones Unidos y de un nuevo talante de época, Argentina profundizó intervenciones estatales redistributivas. Como es conocido, quizás no lo suficiente, esas acciones no surgieron sobre la base de un incremento de la productividad media de la economía sino de un aprovechamiento sesgado de la bonanza que no garantizaba su propia sustentabilidad. Los problemas externos, energéticos y monetarios volvieron a emerger como factores de freno, primero, y más tarde de retroceso.
No debería sacarse la conclusión de que la inusitada mejora en la distribución del ingreso (la primaria y también la secundaria) o no existió o no fuera necesaria. La pérdida de empleo e ingresos en los finales de los ‘90 reclamaban recuperación y avance en tal dirección. Pero al omitir que la producción y distribución son facetas de un mismo proceso, terminamos olvidando la brecha tecnológica que nos aleja crecientemente del mundo en el que estamos insertos y dejamos de tener presente que la mayor productividad es condición para garantizar la continuidad de la inversión productiva y para el paulatino mejoramiento de la calidad de vida y el bienestar de la población.
El indicador más dramático es el de la tasa de inversión, cuya tendencia declinante no produce mayor desvelo en las fuerzas políticas. Otro es el mantenimiento del sesgo impositivo basado en impuestos indirectos (IVA) y de la alta tasa de evasión que a su turno propicia el trabajo precario.
Esto no niega sino que presupone que los núcleos sociales, económicos y políticos tengan apetencias y demandas contrapuestas. Pero debe reconocerse que ni los graves problemas actuales surgieron de la noche a la mañana ni que su modificación pueda alcanzarse abruptamente o sin esfuerzo de algún modo compartido.
La búsqueda de precisión acerca del contenido de tales cambios estructurales y, de modo particular, cuál es el sendero que es necesario transitar y los recursos con los que hay que hacerlo abre el ancho campo de la política. ¿Será demasiado ilusorio pensar que estos pueden ser los condimentos principales del próximo debate electoral?