domingo, 28 de agosto de 2016

Los datos del mercado laboral salen de la bruma estadística LA NACION 28-8-16

Columna aparecida en LA NACION, 28-8-16

Los datos del mercado laboral salen de la bruma estadística

PARA LA NACION
DOMINGO 28 DE AGOSTO DE 2016

4
Los datos del segundo trimestre del año difundidos por el Indec días atrás denotan una preocupante situación laboral, en tanto la tasa de desempleo se acerca a los dos dígitos. Es inevitable intentar comparar con los datos previos: frente a la suba de la tasa de desocupación hay una leve alza de la de empleo. En valores absolutos, en un año habría 400.000 empleos nuevos y otro tanto de nuevos desocupados. Podría decirse que sería necesaria una explicación satisfactoria al incremento de la tasa de actividad, es decir, a por qué hay más personas en el mercado laboral.
Pero hay al menos dos razones por las que buena parte de los comentarios de estos días deben ser tomados con pinzas. Una es la cuestión estacional. No es metodológicamente correcto ni útil comparar los nuevos datos con los últimos conocidos del tercer trimestre de 2015. Y en especial no pueden compararse porque son los primeros datos que se tienen saliendo de la bruma estadística.
En el verano de 2007, el camino que el gobierno de entonces decidió recorrer fue el de torcer los datos de la realidad, con la convicción de que así esa realidad no iba a ser percibida por el conjunto de la sociedad.
Se puede reconstruir el camino que empezó con la supresión del cómputo del precio de la lechuga, que en ese momento se había disparado. Al mismo tiempo se modificó el tratamiento de los datos sobre los gastos en salud y en turismo. El resultado fue "exitoso" para quienes imaginaron tamaño desatino: el índice de precios al consumidor de enero de 2007 no mostraría el verdadero incremento de casi el 2%, sino que resultaría de poco más de la mitad: 1,1%. De allí en adelante, la distancia entre los números manipulados y los que hubieran correspondido se mantuvo en torno de una relación de dos a uno.
Como era previsible, la falsificación y el ocultamiento trascendieron la frontera del índice de precios. Primero se afectó el cálculo (derivado parcialmente de aquel) de la pobreza y la indigencia. Luego, dentro del mismo Indec se afectaron otros índices, hasta que se llegó a alterar las estimaciones de crecimiento económico, de participación salarial y muchas más.
La Encuesta Permanente de Hogares (EPH), histórica fuente de información sobre el funcionamiento del mercado de trabajo y otros datos socioeconómicos, no quedó al margen del atropello. No sólo se "secuestraron" las bases de usuarios desde 2007 durante casi tres años, sino que en ese ínterin se incluyeron datos inexplicables como el "aumento" del empleo en el cuarto trimestre de 2008. Durante 2007 y 2008 el empleo se estancó, según la EPH, pero hacia fines de 2008, cuando se avizoraban los efectos de la crisis financiera internacional y se impulsaron desde los planes de protección de empleo (Repro) hasta medidas de estímulo para contrarrestar la caída del consumo (programas para automotores, motocicletas, heladeras, etcétera), la EPH informó que había habido un salto del empleo, con la creación de casi un cuarto de millón de puestos. Nunca se explicó tal contradicción.
Años después, los datos de la EPH informaron la peculiar noticia de que el ingreso de los asalariados precarios habría crecido a mayor velocidad que el de los protegidos. Contemporáneamente, quizá para atemperar el impacto informativo de la caída de la tasa de actividad y la de empleo, se dijo que la población de referencia de las ciudades relevadas era sensiblemente más alta que lo que se consideraba hasta entonces. Así, tasas más bajas sobre poblaciones más elevadas daban como resultado un volumen de empleo aparentemente estancado.
Cuando éramos chicos nos decían que la mentira tiene patas cortas. Eso no fue tenido en cuenta por los responsables de la estadística, que no repararon que en 2014 la Encuesta Anual de Hogares Urbanos arrojó 400.000 empleos menos que en 2013.
Por entonces ya se había decidido oficialmente no calcular más la pobreza por ser algo "estigmatizante". El último dato publicado era del orden del 5% de la población, cuando las mediciones alternativas hablaban de tres o cuatro veces ese porcentaje.
Con el cambio de gobierno llegó el reemplazo de la cúpula del Indec. Se sancionó la emergencia estadística y se interrumpieron las publicaciones de la mayor parte de las series. Paulatinamente algunas de ellas se recompusieron (índices de precios, cuentas nacionales, etcétera) y ahora hay datos de empleo y desempleo.
Los ciudadanos y el periodismo tienen derecho a mirar sus resultados con sumo interés y a intentar contrastar los nuevos valores con los últimos conocidos. Pero no es posible hacer la comparación. Habrá que disponer de los datos del resto del año para evaluar mejor dónde estamos parados.




Comparaciones delic adas - Declaraciones para iECO 28-816


Texto enviado a iECO (recogido parcialmente en la nota)

Sobre la comparación de los nuevos datos de EPH con los anteriores

Pese a que la información es incomparable, los ciudadanos en general o los estudiosos no pueden evitar el intento de hacerlo.
Allí aparecen múltiples elementos de diverso porte y significado. Uno de ellos es el supuesto incremento de casi 400 000 desocupados. Pero también un volumen cercano de nuevos ocupados. Hay quienes adjudican el aumento del desempleo en parte a la situación económica deprimida actual y también al “sinceramiento” de los datos anteriormente manipulados. La proporción de los ingredientes es difícil de determinar pero, en cualquier caso, la información actual alude a un mercado de trabajo preocupante. Al diagnóstico deberá agregarse los datos más detallados que estarán disponibles en no menos de un mes.
También puede hacerse otro ejercicio, aunque con similar cautela. Las tasas de actividad o de empleo actualmente vigentes son casi iguales a las que regían una década atrás.
La diferencia cuantitativa más visible es que la tasa de desempleo era de 1,5 puntos porcentuales más alta.  Lo interesante es que en 2006 el equipo a cargo del operativo de la Encuesta de Hogares era el mismo que el que fue repuesto en sus funciones en los meses recientes.
La constancia del volumen relativo de empleo podría interpretarse, al menos, de dos maneras. Una que el mayor nivel de actividad económica es producido con mayor eficiencia productiva. Contrariamente, la otra mirada postula que estaríamos en presencia de un estancamiento luego de un importante lapso de crecimiento económico

En comparación con América Latina tanto la tasa de actividad como la de empleo son bajas. Si bien ambas dependen en parte de la estructura poblacional y la de nuestro país ha tendido a su envejecimiento –lo que resta potencial en las edades centrales- es cierto que el insuficiente dinamismo de la actividad económica parece ser un factor clave de este bajo desempeño. Un ejemplo de ello lo proporcionan las provincias del norte argentino cuyas tasas vienen siendo muy bajas desde hace décadas. No sabemos aún si el Plan Belgrano habrá de tener incidencia en revertir en algo tal situación, Lo que seguro es necesario es un importante flujo de inversión productiva.

Para bajar el desempleo hay que crear 200.000 puestos de trabajo por año


En 10 años no se modificaron los principales indicadores de empleo

La economía argentina debe crear más de 200.000 puestos de trabajo por año para que empiece a bajar el desempleo que se ubica en el 9,3%. Y para llegar a 2019 con una desocupación cercana al 6%, la creación anual de empleo deberá estar en torno a 400.000 puestos. Esta conclusión de la consultora Ecolatina importa un desafío para el país donde en los últimos 10 años el empleo que se creó solo acompañó el crecimiento de la población. Por eso, hoy las tasas de desempleo y de empleo son similares a las de 2006. Además, desde 2011 el empleo no crece.
Este desafío parte de un país con 1.550.000 desocupados (9,3%), casi 2 millones de subocupados y otro tanto de ocupados insatisfechos con sus empleos. Son 5.400.000 personas, el 31,2% de la población activa, que tienen problemas de empleo. Y de los asalariados ocupados, el 33,4% se desempeña “en negro” y afecta en mayor proporción a jóvenes y mujeres.
Los últimos datos difundidos por la gestión anterior habían sido los del segundo y tercer trimestre de 2015, con desempleo del 6,6% y 5,9% respectivamente.
La directora de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) Cynthia Pok aclaró que no era recomendable la comparación con la medición de un año atrás porque esa diferencia de 2,7 puntos podía deberse a las irregularidades de las anteriores mediciones, a distintas proyecciones de población y también una parte a lo que pasó en el mercado de trabajo durante la gestión del actual Gobierno.
El economista Claudio Lozano asegura que de esa comparación surge que habría unos 666.000 nuevos desocupados, de los cuales la mitad corresponde a “la recuperación de la credibilidad en las estadísticas públicas del nuevo INDEC y la otra mitad a la política económica del gobierno de Macri”.
“Todas estas estadísticas, junto con otras, muestran que en términos estructurales la situación del empleo es muy grave”, admite José Anchorena, subsecretario de Programación y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo. El funcionario considera “que hay que poner énfasis en la tasa de empleo, que es del 41,7%, como porcentaje de la población total. En Uruguay, para tomar una referencia regional, es de 47,3% y en Australia, para tomar una estructura de similar factores de producción, es de 49%. Si la Argentina tuviera una tasa de empleo similar a la uruguaya, tendría casi 1,5 millones más de ocupados; con una tasa similar a la australiana, serían 2 millones más de ocupados”.
Juan Luis Bour, director y economista Jefe de FIEL observa que las tasas de actividad son similares a las observadas unos 10 años atrás. En cuanto a las tasas de empleo, son similares o algo inferiores. Profundizando el análisis, Bour habla de un “estancamiento” del mercado laboral en este período largo de más de 10 años, sin contar lo que pasó en el período de manipulación estadística 2007-2015. Y asegura que “la baja tasa de actividad –o sea, el porcentaje de población en el mercado laboral- es un indicio de no haber aprovechado esta última década para aumentar la participación laboral femenina Todo indica también que cayó la participación laboral de población joven (hasta 29 años), hombres y mujeres, más allá del aumento en las tasas de escolaridad”. Además, agrega, la estadística “también muestra que la proporción de trabajadores informales sigue siendo alta” y que, por lo tanto, la “calidad media del empleo es baja”.
Javier Lindenboim, director de CEPED, Instituto e Investigaciones Económicas de la UBA, coincide en que las actuales tasas de actividad y de empleo son casi iguales a las que regían una década atrás.
“La diferencia cuantitativa más visible es que la tasa de desempleo era de 1,5 puntos porcentuales más alta. En 2006 el equipo a cargo del operativo de la EPH era el mismo que el que fue repuesto en sus funciones en los meses recientes”. Y agrega que “esta constancia del volumen relativo de empleo podría interpretarse, al menos, de dos maneras. Una que el mayor nivel de actividad económica es producido con mayor eficiencia productiva. La otra mirada postula que estaríamos en presencia de un estancamiento luego de un importante lapso de crecimiento económico”.
Lindenboim concluye que “en comparación con América Latina tanto la tasa de actividad como la de empleo son bajas. Si bien ambas dependen en parte de la estructura poblacional y la de nuestro país ha tendido a su envejecimiento –lo que resta potencial en las edades centrales-, es cierto que el insuficiente dinamismo de la actividad económica parece ser un factor clave de este bajo desempeño”.

jueves, 25 de agosto de 2016

LOS PROBLEMAS DE INSERCIÓN LABORAL SON PREOCUPANTES El Economista 25-8-16

Reportaje publicado el 25-8-16 en EL ECONOMISTA

La imposibilidad de comparar los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) recientemente publicados por el Indec con las series anteriores constituye un gran obstáculo para los investigadores, que deben apelar a fuentes extraoficiales y a la intuición para delinear alguna tendencia. Más allá de esa dificultad, los números correspondientes al segundo trimestre de este año permiten observar del mercado laboral, al que el economista Javier Lindenboim calificó como “preocupante”.

A partir de los datos publicados recientemente por el Indec, ¿qué evaluación hace del escenario laboral actual?
Que estamos complicados, que los problemas de inserción laboral claramente son preocupantes. Falta conocer una parte no menor de la información que no aparece inicialmente pero que es muy relevante, que es cuál es el nivel de ingreso de las personas que están en el mercado laboral. Pero sí, es duro. Uno tiene fuertes elementos para pensar que la situación laboral se vio afectada quizás no tanto en materia de disponibilidad de puestos de trabajo, pero sí más en cuanto a la duración de la jornada, por ejemplo con las suspensiones que algunos indicios dieron a lo largo de estos primeros meses del 2016. Eso y la situación en materia de ingresos son dos elementos constitutivos de la valoración que a mi juicio son suficientemente importantes.
Eso es, por el momento, todo lo que podemos decir porque el drama que presenta esta fotografía es que no tenemos la secuencia de la película, no tenemos posibilidad de comparación.

¿Le llamó la atención algún dato en particular de los publicados oficialmente?
Muchos destacaron, por ejemplo, el aumento de la tasa de actividad, que alcanzó el 46%. Sí, me llamó la atención eso y más aún el aumento de la tasa de empleo. Es leve, pero aumento al fin, contra lo que uno podía haberse imaginado. Pero son comparaciones que en sí mismas hay que ponerlas entre muchas comillas, porque los datos previos y los actuales son por definición incomparables. De todos modos, si uno hace pese a todas las advertencias el ejercicio de cotejo, resulta que más o menos con respecto a un año atrás habría habido 400.000 desocupados más, pero también 400.000 ocupados más. A uno le llama la atención, y mi intuición me dice que no es que hubo tal cambio, probablemente en ninguna de las dos variables, sino que son criterios metodológicos heterogéneos que dan resultados no comparables. Respecto al aumento de la PEA, uno no sabe si se debe a que antes estaba disminuida artificialmente porque a la gente que buscaba trabajo se la ponía como inactivo, para disimular el volumen captado de desempleo, cosa que es perfectamente imaginable.

También fue notable la tasa de desempleo en los menores de 29 años, de 18,9%. ¿Esto muestra la persistencia de la problemática del desempleo juvenil?
No lo miré comparativamente con los datos anteriores, pero tengo la impresión de que ese número no debe ser demasiado distinto a lo que ya se conocía con anterioridad. En la vieja versión realizada hasta el año pasado de la EPH era notable la alta incidencia de la desocupación en la gente más joven, que dificultaba su ingreso al mercado laboral.

Es un tema estructural entonces.
Sí, por eso creo que si uno comparara se vería en los viejos datos también una incidencia significativa del desempleo en lo tramos iniciales de 15 a 19 años, de 20 a 24.

La esperanza es que ahora, a partir de la fotografía actual, podamos tener hacia adelante alguna idea de variación.
Sí. Los nuevos datos corresponden al segundo trimestre, necesitaremos por lo menos completar este año, que no va a ser completo porque el primero no se relevó, pero por lo menos nos va a dar un panorama del grueso del año e inclusive al interior del año hay alguna tendencia que pueda ser percibida. De todos modos, por razones de estacionalidad uno debería esperar a volver a tener un segundo trimestre de un año contra otro.