lunes, 8 de enero de 2018

¿Mejora la distribución del ingreso en la Argentina? El Cronista 8-1-18

Columna en El Cronista 8-1-2018

¿Mejora la distribución del ingreso en la Argentina?

JAVIER LINDENBOIMDirector del Ceped e investigador del Conicet
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La manera en que la sociedad distribuye los ingresos y la riqueza suele ser la expresión de sus características dominantes (más igualitaria, más excluyente, más indiferente) aunque a veces sólo se percibe alguno de sus emergentes. Los últimos datos proporcionados por el Indec acerca de la situación de los ingresos monetarios de las personas y las familias son alentadores aun cuando las desigualdades persisten.

Un poquito de historia

Hace exactamente una década, el entonces ministro Martín Lousteau intentó enfrentar lo que por entonces era un problema incipiente pero relevante: el impacto fiscal de los crecientes subsidios. El rechazo de su propuesta fue reemplazada por la famosa Resolución 125, que al tiempo que construyó una trinchera social no resolvió la cuestión que venía a remediar. Los tímidos amagues posteriores por ajustar tarifas fueron sucesivamente quedando de lado con lo cual el único camino, habida cuenta de la falta de acceso a los mercados de crédito fue tomar deuda cara con Venezuela, primero, y acelerar la emisión y las tensiones inflacionarias, luego. Y ante la presión de la Justicia por terminar con la segregación de los jubilados que no cobraban la mínima se ideó un sistema de ajuste que no podía basarse en la preservación de la capacidad de compra de los ingresos porque se había roto el termómetro (el IPC). Para colmo la innovación fue falseada desde el inicio mismo generando alzas artificiales en los ingresos.

Afrontar este tipo de desequilibrios, incluyendo los sucesivos parches a la coparticipación de los ingresos fiscales, de los que se detrajeron 15% del impuesto a las ganancias en los 90 (con la privatización del sistema previsional) y no se restituyeron al reestatizarlo hace una década era y sigue siendo tarea prioritaria. Y discutir a fondo el modo de encararlo quedó otra vez para mejor ocasión. Ni la única manera de "resolver" la cuestión era manotear un trimestre de ajuste (el nudo de la discusión) ni lo mejor era dejar todo como estaba. Es decir, ni se fue a fondo en materia fiscal, y menos aún en materia previsional. Tampoco se estimó, hasta ahora, el impacto del reflujo de los fondos hacia la población más castigada por los índices de pobreza en el Área Metropolitana, cuyas condiciones desfavorables de vida se apunta a mejorar.
Debe decirse que el cambio de la fórmula de ajuste no requería, per sé, hurgar en el bolsillo de los perceptores para cubrir el bache fiscal producido por el acuerdo interprovincial. Si lo buscado era el ahorro debió haber sido expresado así con claridad. Y por separado debió explicarse el sentido último del cambio del mecanismo de ajuste trimestral así como la inconsistencia subsistente en el modo en que se lo aplicaba hasta ahora.
Probablemente el tercer trimestre de 2017 refleja parte de aquel "ventajoso" mecanismo que funcionaba mejor con el aumento nominal de la recaudación pero no aseguraba la preservación de la capacidad de compra de los ingresos cuando disminuye el ritmo inflacionario (es lo que, se supone, se garantizaría con el nuevo sistema).

Los datos sobre distribución personal del ingreso

Según el último informe del Indec el ingreso de la ocupación principal (IOP) aumentó cuatro puntos porcentuales respecto de igual trimestre de 2016. Los ingresos individuales (II) -que incluyen también ingresos no laborales- mejoraron ocho puntos porcentuales. Y los ingresos per cápita familiares (IpcF) crecieron, en términos reales, en torno de los diez puntos porcentuales en el último año. Esta variable es la que suele reflejar con cierta eficacia las oscilaciones de las transferencias realizadas a miembros de las familias (jubilaciones, pensiones y AUH).

Los antecedentes de estos últimos 15 años (en este caso se carece de los de 2007 y 2015) ilustran diversos aspectos de la realidad socioeconómica de la Argentina reciente.
Los datos por subperíodos corroboran lo ya conocido: el enorme impulso económico a la salida de la crisis, que elevó en términos reales los ingresos laborales en más del 20% y casi el 40% el per cápita familiar, consecuencia derivada ante todo de la multiplicación de puestos de trabajo al interior de las familias. Con posterioridad, declinan de modo notable tanto los ingresos individuales como el per cápita familiar pese a una leve mejora de los de la ocupación principal.
Luego la pérdida es generalizada (aunque podría mostrar algo diferente si contáramos con los datos de 2015; en cambio, deben utilizarse los de 2014, uno de los peores momentos de la segunda década del siglo XXI). Por último, en relación con 2014, el desempeño en 2017 muestra una mejora modesta (5%) de los ingresos de la ocupación principal, un crecimiento algo mayor en los ingresos individuales y una notable mejoría (más de 15 puntos porcentuales) de los ingresos familiares per cápita.
En comparación con el tercer trimestre de 2011, vísperas de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, los valores de igual trimestre de 2017 son un par de puntos menores para los ingresos laborales pero con mejoría de tres puntos porcentuales en los ingresos individuales y nueve puntos más arriba en los ingresos familiares. Es decir que si bien hubo un leve deterioro de los salarios reales en el sexenio, hubo mecanismos redistributivos que mejoraron la capacidad de compra de los ingresos familiares de manera sensible.
Como colofón puede anotarse que el Coeficiente de Gini -que mide la disparidad entre los perceptores- mostró, en el tercer trimestre de 2017 una caída de 0.45 a 0.43, es decir un mejoramiento en la distribución del ingreso.
Nada de esto excluye que los ingresos cubren en promedio una parte de las necesidades habituales y que alrededor de un tercio de la población sufre carencias tales que implican condiciones de pobreza. Los índices disponibles mostraron una fuerte disminución en los primeros años posteriores a la crisis de 2001-2002 seguidos de un estancamiento hasta 2011 y de allí en más un aumento de los indicadores de carencia hasta 2015. Más recientemente se empeoró la situación de pobreza en los tramos iniciales del gobierno de Cambiemos con un modesto mejoramiento en el último año.
Está por verse cuál será el efecto en los ingresos laborales y de los hogares derivado tanto de la tibia recuperación económica de 2017 y su eventual continuidad en este nuevo año así como del aminorado incremento de los ingresos de la seguridad social. En el marco de la notable dificultad para aminorar el ritmo inflacionario, sin embargo la información comentada del Indec permite alentar ciertas esperanzas pese a la difusión de los más duros pronósticos.

viernes, 5 de enero de 2018

Columna en Clarin 5-1-2018

Debate

2018: mayores y mejores certezas


Luego de un primer año muy duro en materia social y económica, la gestión macrista logró que 2017 transcurriera de modo que resultó –sin dudas- en un período de recuperación del año crítico precedente.
Con la vista puesta en el año que se inicia hay varios puntos que no terminan, sin embargo, de dilucidarse. Por una parte si la mejoría de 2017 fue tan sólo una repetición de los recientes años impares en los que, elecciones mediante y con forzados mecanismos de contención de precios, se lograba reactivar la actividad económica y mejorar el ánimo de la sociedad.
Así ocurrió en 2011 que concluyó con el arrollador triunfo electoral del 54% de la ex Presidenta Kirchner. También en 2013, antes del abrupto descenso de la actividad económica, del empleo y de los salarios en 2014. Incluso en 2015, aunque sin el resultado electoral previsto por las autoridades salientes. Está por verse si este año 2018 repetirá los “valles” de los años pares recientes o el país podrá evitar una nueva declinación.
Otro punto menos ambiguo es que la comparación de 2017 es claramente ventajosa con relación a 2016 pero también tiene fuertes elementos para mostrar desventajas en relación con 2015. Las pérdidas se observan, también, tanto en el nivel de actividad económica, como en la composición (más que en la cuantía) del empleo y en materia de ingresos. Es importante para el análisis, que los niveles de satisfacción disponibles en 2015 tuvieron escasos elementos para mantenerse sólidamente afincados. Pero ese debate no alcanza para atender los requerimientos de la cotidianeidad de la población.
Este esquema de reflexión, al mismo tiempo, está a mucha distancia de las contundentes predicciones de fines de 2015 de que iniciábamos una etapa de destrucción de la actividad económica en general, de supresión de las fuentes de trabajo tanto públicas como privadas, y de disminuciones intensas de los ingresos y de las condiciones de vida de la población.
Que aún hoy haya quienes sostengan que hay menos empleos no hace que tales predicciones se verifiquen en la práctica. Hasta setiembre de 2017 se crearon 20 mil puestos asalariados privados. Pero en el mismo lapso se destruyeron casi 70 mil empleos en la industria. Y eso no tiene visos de ser modificado en el corto plazo. Este déficit industrial, preocupante, expresa la enorme dificultad para crear empleo que se venía observando en el pasado reciente. En efecto, entre enero de 2009 y diciembre de 2015 sólo uno de cada ocho empleos privados registrados creados provinieron de la industria. Ahora, ni siquiera eso.
Tanto los datos disponibles sobre capacidad de compra de los ingresos salariales o de las familias como los de distribución primaria de los ingresos dan cuenta de dos elementos inescindibles: a) después de la salida de la crisis, hubo un lapso inicial de gran crecimiento del empleo y de los ingresos laborales seguido de un estancamiento muy visible en el segundo mandato de la Doctora Kirchner.; b) la situación crítica de 2016 lo fue principalmente en materia de ingresos antes que en el nivel de empleo y tal caída no tuvo intensidad mayor que la observada en 2014. En este segundo aspecto –superando las dificultades de información comparable que aún subsisten- el ingreso de la ocupación principal según la Encuesta Permanente de Hogares habría caído en el segundo trimestre de 2014 –en términos reales- diez puntos porcentuales comparado con un año atrás mientras el mismo contraste en 2016 registra un deterioro de seis puntos porcentuales.
En el futuro inmediato hay elementos contradictorios. Por un lado las previsiones empresarias sugieren un módico aumento de la demanda ocupacional en 2018. Diversos gremios están pendientes de la materialización de los acuerdos firmados en la primera parte del año con cláusula “gatillo” en virtud de haber excedido el índice de precios los niveles previstos en dichos acuerdos. Con eso, aunque tardíamente, se podrá compensar la pérdida implícita.
Por el otro, una parte importante de los ingresos de los hogares hoy provenientes del sistema previsional en sentido amplio (jubilaciones, pensiones, AUH, etc.) se verán afectados con las reformas sancionadas para el ajuste de las prestaciones respectivas. Los aumentos próximos, inferiores a los esperados aunque más asiduos, no alcanzarán durante el año a compensar el deterioro del año recién concluido. Seguramente, superarán la depreciación de la moneda de 2018 pero a partir de un umbral deteriorado.
El núcleo central sigue siendo el de la morosidad con la que se comporta la inversión productiva. Y eso es atribuible tanto a las decisiones oficiales como, de manera prioritaria, a la falta de decisión empresaria. En tal sentido, bien vale recordar que tanto en períodos de mayor rentabilidad empresarial como en los que ésta menguaba, la transformación de utilidades en inversión mostró una languidez preocupante. Ni los estímulos al capital de los años ‘90 ni las acciones supuestamente coercitivas de la década pasada modificaron una descripción que hizo la ex Presidenta: “Se la llevaron en pala”.
El Estado debe procurar que las inversiones productivas se produzcan y participar con las que corresponden al mejoramiento de la infraestructura. Pero una de sus mayores obligaciones es la de promover los acuerdos que logren su materialización primero y garanticen un usufructo más equitativo de sus resultados.

Dinámica del empleo en Argentina al inicio de 2018

Entrevista de Diego Genoud para su nota a publicar en el portal Letra P (3-1-2018)



Texto de la nota publicada en Letra P

 Por  04/01/2018 16:04
Con la reforma laboral como próxima estación del reformismo permanente, la administración Cambiemos apunta a un triple objetivo: disciplinar al sindicalismo argentino, aumentar la productividad y flexibilizar los mecanismos para convertir al empleo en motor del crecimiento, el anhelo repetido del que la Argentina se alejó hace tiempo.
El mercado laboral ilustra las transformaciones que Mauricio Macri llevó adelante desde que entró a la Casa Rosada. El informe de octubre de 2017 del Ministerio de Trabajo, en base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), lo muestra con claridad. Según los últimos datos oficiales, en todo el país hay 12,3 millones de trabajadores, 248 mil más que en octubre de 2016, una suba del 2,1%. De acuerdo a esas cifras, se perfilan 21 meses de crecimiento consecutivo del total de trabajadores registrados.
Hoy el empleo asalariado en el sector privado representa el 51% del total, el empleo estatal el 26% y los monotributistas el 13%, justamente el universo que más viene creciendo. Para el criterio de medición oficial, el sector privado -8,7 millones- incluye a los asalariados del ámbito privado -6,2 millones-, a los monotributistas -casi 1,6 millón-, a los autónomos y a los trabajadores de casas particulares -en total, unos 900 mil-. El sector público abarca a todos los empleados dependientes de organismos públicos -casi 3,2 millones-. 
Primera diferencia. Mientras para la gestión Cambiemos el monotributo no es precariedad sino formalización, para la CTA implica un claro nivel de precarización frente al trabajo registrado, el sálvese quien pueda de época. Algo propio de sociedades con niveles de protección social más precarios, más parecidos a los de buena parte de América latina que a los de Europa.

jueves, 21 de diciembre de 2017

No debemos olvidar la causa judicial de la que tanto se habló durante varios meses



En Esquel

Caso Santiago Maldonado: piden el cambio de carátula, de "Desaparición Forzada" a "Muerte Dudosa"

Lo hizo la fiscal federal Silvina Avila.

Caso Santiago Maldonado: piden el cambio de carátula, de "Desaparición Forzada" a "Muerte Dudosa"
Juez Gustavo Lleral deferá definir ahora. Archivo Clarín


martes, 19 de diciembre de 2017

Empleo ¿avance o estabilidad? Nota de El Economista

Nota de Juan Strasnoy Peyré 19-12-17

http://www.eleconomista.com.ar/2017-12-empleo-avance-o-estabilidad/

Entrevista completa


EMPLEO: ¿AVANCE O ESTABILIDAD?

Tras una leve recuperación, el Gobierno ve con optimismo el 2018. Sin embargo, los analistas ven más continuidades que mejoras. Los salarios no crecerán en términos reales


Por Juan Strasnoy Peyre

La creación de empleo es, sin dudas, una de las grandes preocupaciones. Con una dinámica que no logra despegar, este año cerrará con números más que discretos. Entonces, se impone una pregunta: ¿cómo evolucionará en 2018? En un terreno donde prima la incertidumbre, en medio de los conflictos abiertos de caras a la votación en el Congreso del paquete de reformas con que el Gobierno busca transformar la estructura del mercado laboral (entre otros aspectos), las miradas son dispares. Optimismo oficial, expectativas moderadas entre empresarios y escepticismo en algunos analistas. Lo seguro es que nadie espera un gran salto.

La herencia de 2017

Este año se despedirá con una suave reactivación tras la caída de 2016. Tanto los datos de empleo registrado de los últimos meses difundidos por el Ministerio de Trabajo como los del tercer trimestre que proporcionó la EPH del Indec (que contemplan también el universo de los trabajadores informales) mostraron que la generación de puestos de trabajo comenzó a ganarle, por poco, al crecimiento poblacional. La cartera laboral informó que en septiembre el empleo registrado creció 2,1% interanual, aunque en el sector asalariado privado (el que contiene el llamado “empleo de calidad”) la suba fue apenas del 1,1%, con lo que sólo le empató a la expansión demográfica. Mientras, los indicadores laborales de la EPH mostraron un alza interanual de la tasa de empleo en el 3°T de 0,3 p.p..

El subsecretario de Estadísticas, Estudios y Políticas Laborales, José Anchorena, pronosticó que este año cerrará con cerca de 80.000 nuevos asalariados privados registrados, que sigue siendo el principal déficit de la gestión –a lo largo del año creció por debajo de la categoría monotributistas, que comprende modalidades de contratación más precarias–. El año pasado, al compás de la recesión, se habían registrado unos 45.000 asalariados menos. Considerando a todo el sector privado y al público, la estimación de crecimiento para 2017 llega a 300.000.

En un terreno donde prima la incertidumbre, en medio de los conflictos abiertos de caras a la votación en el Congreso del paquete de reformas con que el Gobierno busca transformar la estructura del mercado laboral (entre otros aspectos), las miradas son dispares. Optimismo oficial, expectativas moderadas entre empresarios y escepticismo en algunos analistas. Lo seguro es que nadie espera un gran salto.


Optimismo

El punto de partida para el Gobierno es considerar que los números muestran que “hemos salido del estancamiento laboral”. Además, aseguran que la aprobación del paquete reformista potenciará la creación de empleo. En concreto, Anchorena espera que el próximo año estén cerca de duplicarse los nuevos asalariados: “Creemos que en 2018 el crecimiento puede ser mayor, de unos 130.000 puestos asalariados”.

Un dato que en Alem al 600 creen que refleja ese panorama es el de las expectativas empresariales. Según la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) realizada por el Ministerio entre 2.800 compañías, en octubre el 11,7% de las firmas dijo que prevé aumentar su dotación y el 3,6% disminuirla, lo que arroja un resultado neto de 8,1%. “Llevamos tres meses seguidos con expectativas netas por encima del 6%”, celebró Anchorena.

Los números de la EIL son similares a los que relevó Manpower. Para el primer trimestre de 2018 midió una Expectativa Neta de Empleo de +8%. Pero el análisis de la consultora fue menos eufórico: habló de “un leve optimismo en los planes de contratación”. “Con 13% de los empleadores que esperan aumentar los niveles de personal y 79% que no pronostican cambios, vemos que se mantiene una tendencia de contratación estable, sin grandes movimientos en el corto plazo” explicó Fernando Podestá, vicepresidente de ManpowerGroup Argentina.

La cartera laboral informó que en septiembre el empleo registrado creció 2,1% interanual, aunque en el sector asalariado privado (el que contiene el llamado “empleo de calidad”) la suba fue apenas del 1,1%, con lo que sólo le empató a la expansión demográfica


Preocupación

Para el titular del CEPED, Javier Lindenboim, la suerte del mercado laboral es inseparable de la marcha de la economía: “Necesitamos incrementar la productividad significativamente y ver cómo la sociedad discute esa eventual mejoría en materia distributiva. Y esas dos cuestiones tienen serias dificultades porque los empresarios, al no decidirse a invertir, están pateando en contra de una necesidad que es social pero, desde el otro lado, también hay dificultades para sentarse a conversar. Así, es difícil imaginar que haya progresos en materia de productividad. Y si esto no ocurre, las chances de tener éxito pronto en materia de inflación se alejan”. Con esos elementos, sostuvo que sería muy poco probable que en 2018 se dé una dinámica superadora de la de este año y plantó que “es complicado que la mirada sea optimista; hoy lo veo preocupante”.

En números, Lindenboim estimó que “podemos tener un crecimiento parecido al de este año, del orden del 3%, lo cual no es suficiente, porque la relación empleo-producto viene siendo de alrededor de un tercio y eso da 1 punto, que es más o menos el crecimiento de la población, es decir, apenas alcanzaría para mantener el mercado de trabajo en un delicado equilibrio”.

En materia salarial, su mirada tampoco es esperanzadora. “Si no hay mejoramiento de la demanda laboral, es muy difícil imaginar que la mejora del salario real se materialice. Sabemos que el salario mejora cuando hay un lapso de demanda fuerte comparada con la oferta”. Su lectura tiene sustento a la luz de las declaraciones del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que dijo que “las paritarias de 2018 deberían cerrar en torno al 16,6%” en línea con las expectativas inflacionarias de los empresarios plasmadas en el Relevamiento de Expectativas del Mercado del BCRA. Es decir, que el poder adquisitivo quede estancado.

Finalmente, el investigador del CEPED se refirió al posible impacto de la reforma laboral. “Primero, aún no sabemos qué cosas se van a aprobar. El tema es que si está plateada para producir algún ahorro al sector empresario y punto, no nos va resolver ningún problema, como no lo resolvieron las modificaciones que se dieron en los años noventa”, advirtió.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Nota de Diego Yañez en LA NACION, 14-12-17

La desocupación bajó al 8,3% en el tercer trimestre, con un leve aumento en la creación de empleo

Escuchar la entrevista completa


Retrocedió dos décimas respecto del mismo trimestre de 2016; sigue afectando a cerca de 1,6 millones de argentinos; subió 6 décimas la subocupación, al 10,8%
JUEVES 14 DE DICIEMBRE DE 2017
LA NACION









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La desocupación fue del 8,3% de la población económicamente activa al cierre del tercer trimestre del año, lo que representó una leve baja de dos décimas respecto de igual período de 2016, cuando se había ubicado en el 8,5%, según informó ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Pese a que las cifras no muestran variaciones significativas, las subas de la tasa de actividad y el nivel de empleo completan un panorama que en el Gobierno señalan como "alentador" y los especialistas califican de "optimismo moderado".
Según datos arrojados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que elabora regularmente el organismo, el desempleo bajó también cuatro décimas en comparación con el segundo trimestre de este año, cuando se había situado en el 8,7%. Por otro lado, el nivel de actividad, que mide la cantidad de personas que tienen una ocupación o que sin tenerla la están buscando, ascendió del 46% en el período de julio a septiembre del año pasado, al 46,3% este año. En la comparación contra el trimestre anterior también muestra signos positivos, al subir 9 décimas (45,4%).
Al mismo tiempo, el empleo pasó del 41,1% en el tercer trimestre de 2016 al 42,4% actual (había sido del 41,5% en el segundo trimestre de este año), siempre como porcentaje de la población activa. Así, la fotografía se completa con todos los indicadores en verde, pero con niveles que, según remarcan los economistas que siguen el mercado laboral, están lejos de ser óptimos para la situación de la economía y la sociedad argentinas.
"Más importante que la baja del desempleo es que el empleo despierta. En el tercer trimestre de 2017, contra 2016, se crearon 217.000 empleos (+1,9%), 110.000 de ellos en el GBA (+1,7%)", escribió en su cuenta de Twitter Juan José Llach, director del IAE Business School, de la Universidad Austral.
"Que haya disminuido la desocupación es una buena noticia, al igual que el aumento en el nivel de actividad. En el conjunto se ha venido recuperando el empleo registrado, y si ha aumentado la tasa de empleo, no hay duda de que hubo un aumento del trabajo informal", dijo a LA NACION Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped). De todas formas, advirtió que es "preocupante" que el nivel de desempleo se mantenga en el orden del 8% en los últimos trimestres.
La mejora en los indicadores de empleo se dio en el marco de un fuerte aumento en la actividad económica, según registró el propio Indec, con crecimientos interanuales del 4,9% en julio, 4,3% en agosto y del 3,8% en septiembre.
Por otro lado, la tasa de subocupación demandante, la gente que trabaja menos de 35 horas semanales y quiere hacerlo más, ascendió al 7,9% en el tercer trimestre, frente al 7% de igual período del año pasado. En tanto, la tasa de subocupación de los no demandantes (los que trabajan menos de 35 horas y no quieren trabajar más) bajó al 2,9% este año desde el 3,2% de julio-septiembre de 2016.
El Indec estimó que en los 31 conglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) hay 1.058.000 personas desocupadas y 1.380.000 subocupadas. Además hay 1.959.000 personas que, aunque tengan un empleo, se encuentran buscando otro de manera activa. La proyección de la cifra de desempleados a nivel nacional llega a unos 1,6 millones de personas.
Por regiones, el Gran Buenos aires, con una tasa de desocupación del 10,3%, se colocó en la vanguardia de las ciudades de más de 500.000 habitantes en la tabla de desempleo; le siguieron Córdoba, con el 9,1%; San Juan y Mar del Plata, ambas con el 9%; Catamarca, con el 8,56%; Salta, con el 8,5%; Rosario, 8,4%, y Bahía Blanca, 8,1%. La ciudad de Buenos Aires registró un desempleo del 7,3%.

En tanto, Viedma-Carmen de Patagones, con el 1,7%, resultó el conglomerado con menor tasa de desocupación, seguido por Santiago del Estero, con el 2,4%; La Rioja, 2,8%; Comodoro Rivadavia, 3%; Formosa, 3,1%, y Resistencia y Corrientes, con el 3,4% en ambos casos.
En tanto, las localidades con menos de 500.000 habitantes presentaron una tasa de desocupación promedio del 5,3%, con un incremento de siete décimas porcentual respecto del 4,8% de igual período de 2016.
"Los datos difundidos son relativamente firmes en términos absolutos. La tasa de empleo está creciendo y la de desempleo no bajó, quizá, lo esperado, porque básicamente la tasa de actividad creció y se está recuperando. Esto es un buen elemento, teniendo en cuenta que había caído mucho en los últimos años", señaló a LA NACION Juan Luis Bour, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).
Por su parte, Claudio Lozano, coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, sostuvo que "se observa una recuperación del empleo, al haber 440.000 empleados más que el trimestre anterior y 345.000 respecto del año pasado, aunque con un bajo impacto en la tasa de desocupación". Y agregó: "Hay un aumento significativo de la población que busca trabajo y con una marcada tendencia al incremento de la desocupación encubierta".







MERCADO DE TRABAJO

Actividad-Empleo -Desocupación


  • Actividad
  • Empleo
  • Desocupación abierta
  • Ocupados demandantes de empleo

ActividadEmpleoDesocupación abiertaOcupados demandantes de empleo2° Trim. 20163° Trim. 20164° Trim. 20161° Trim. 20172° Trim. 20173° Trim. 2017010203040503° Trim. 2017 Empleo: 42,4
Actualizado al: 15/12/2017 | Fuente: Indec | Descargar datos en: CSV - XML - XLS -