domingo, 23 de agosto de 2015

Sobre la manipulación estadística, columna publicada en Clarin el 23-8-2015

Una historia oscura de manipulación e impunidad

Debate.Javier Lindenboim

A comienzos de agosto en un evento académico se desarrolló una mesa para encarar la supresión de información en general y de estadísticas públicas en particular, su manipulación y la impunidad con la que se desenvuelve esta acción estatal. En no pocos de los más de doscientos documentos que se presentaron en el 12° Congreso de la Asociación Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo – ASET se destacaban las dificultades con que se encuentran académicos, funcionarios y sindicalistas para estudiar la realidad socioeconómica de la década reciente.
Es muy preocupante que los más altos funcionarios del gobierno nacional ni siquiera consideran pertinente aludir al tema. Más llamativo es el silencio de las autoridades que hasta no hace mucho insistían en denunciar la falacia de las informaciones producidas por el INDEC como consecuencia de la intervención de facto producida en el organismo en el verano de 2007. En esa circunstancia, con falsos argumentos, se modificó el resultado del índice de precios que ya estaba calculado, lo cual se constituyó en el primer paso de un largo período de manipulación estadística. La comisión de universidades públicas convocadas por el propio gobierno nacional para evaluar la acción oficial sobre las estadísticas públicas denunció que no se trataba de un problema metodológico sino de falseamiento de los datos que se introducían para el cálculo.
Esa es la razón por la cual poco tiempo después se desactivó el índice de precios de alcance nacional que se estaba calculando y el indicador “diseñado” a comienzos de 2008 se tornó en la antítesis técnica y metodológica de lo que fue la historia del INDEC. La oscuridad abarcó, desde entonces, la falta de difusión de los precios medios de los productos encuestados.
Como era previsible, el entusiasmo oficial por suprimir el derecho a la información implicó dejar de publicar las bases usuarias de la Encuesta Permanente de Hogares durante tres años. Una expresión irónica ocurrió a mediados de 2009 cuando la Presidenta de la Nación habló del secuestro de los goles (para justificar la decisión acerca de la televisación del futbol) pues mientras eso pasaba, se mantenía “secuestrada” la información de la EPH. Sólo un reclamo judicial de múltiples instituciones y personalidades permitió meses después acceder –luego de un trienio- a las bases usuarias de la Encuesta.
Pero como los índices de pobreza requieren para su cálculo el conocimiento del costo de adquisición de la canasta de consumo – con los datos el IPC- las estadísticas oficiales en la materia fueron perdiendo sentido hasta que se decidió “resolver” el problema dejando sencillamente de realizar su estimación. El origen del problema era el falseamiento estadístico pero haciendo una pirueta, el ministro de Economía decidió alumbrar un “nuevo” índice de precios con el apoyo indescifrable del Fondo Monetario Internacional. A poco andar, se comprobó que no había ningún cambio. No sólo las autoridades que operaron durante siete años la estafa estadística participaron de los anuncios sino que pocos meses después se evidenció la continuidad de la manipulación.
No sólo eso. Dentro de la actividad del INDEC dejaron de ser creíbles y, por tanto, se tornaron en inútiles gran parte de las series producidas, sean de comercio exterior, de nivel de actividad económica u otras. Un ejemplo no menor ocurre con las informaciones de ANSES que empezaron a deteriorarse hacia mediados de la década, y luego de la estatización de fondos de las AFJP la desaparición de series o la agregación que impide su análisis se multiplicaron notoriamente.
Qquien quiera que asuma la conducción política de la Argentina ¿comprenderá la relevancia de reconstruir el sistema estadístico nacional? ¿Será consciente de que es imposible establecer políticas de cualquier orden ignorando la realidad? ¿La población ¿lo comprenderá? Ojalá así sea.
Javier Lindenboim, Director del CEPED/UBA e investigador del CONICET

lunes, 3 de agosto de 2015

La difícil situación en Venezuela

FIRMA: MARGARITA LÓPEZ MAYA | 05:00 a.m.
Impostergable lo político
Nuestra crisis como sociedad es tan global, profunda e intensa, que cuesta pensar por dónde comenzar a resolverla
Nuestra crisis como sociedad es tan global, profunda e intensa, que cuesta pensar por dónde comenzar a resolverla. Hay quienes creen que lo primero es enfocarse en lo económico. Que medidas inmediatas y urgentes como la unificación cambiaria, el aumento de la gasolina, el cobro de deudas petroleras, serían un primer paso para luego desmontar otros problemas acuciantes.

Aunque ayuden, medidas inmediatas solo son un pañito caliente. Si no superamos el problema económico de fondo, volveremos a la misma crisis. Nuestro liderazgo, y también la sociedad, están obstinados hace décadas en mantener una economía rentística petrolera que no puede dar sustento digno a los 30 millones que somos. Además, nos impide ser una sociedad moderna, justa y democrática. ¿Empezaremos entonces por comprometer al liderazgo en resolver el problema económico estructural?

Por otra parte, cuando leo los desmanes que vienen ocurriendo en la muy publicitada por el Gobierno OLP, me pregunto qué más bajo podemos caer en lo social. Homicidios y colas son manifestaciones de nuestra degradación. El Gobierno no nos trata como ciudadanos, sino como peones de un juego macabro. Arma a unos grupos para aterrorizar a otros que considera sus enemigos. Después declara la guerra a los que armó, que ahora no controla. Todos sus procedimientos carecen de transparencia y legalidad. Desgobierna mientras la sociedad se disuelve en la anomia. ¿No debiéramos comenzar por un programa social de largo plazo que transforme esta cultura retrógrada, violenta e irracional?

Toda empresa ambiciosa comienza con un primer paso. Para nosotros ese paso debiera ser político, porque ello abriría el camino hacia lo demás. Un revés político presionaría al chavismo a dejar la sordera y permitiría escoger con quiénes diseñaremos nuestro futuro en lo económico, social, cultural y moral. Con lo político nos empoderamos y damos poder a quienes consideramos que tienen conocimiento, preparación, honestidad y coraje para conducirnos a un porvenir que deje atrás el oscurantismo de este fracasado proyecto. Lo político, es decir, deliberar, votar y movilizarnos en pro de un cambio de proyecto y liderazgo, es el primer paso impostergable. El camino será largo, pero se hace al andar.

@mlopezmaya


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domingo, 2 de agosto de 2015

Respuesta de Agustín Salvia a las críticas de H Recalde y A Asiain al informe sobre pobreza de la UCA


DOMINGO, 2 DE AGOSTO DE 2015
DEBATE › LOS DATOS ESTADISTICOS DE POBREZA E INDIGENCIA

El sentido común

Respuesta a las notas publicadas en Página/12 y Cash de Héctor Recalde y de Andrés Asiain, respectivamente, en referencia al informe sobre pobreza presentado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina.
 Por Agustín Salvia *
Cabe reconocer que ambas notas constituyen aportes a un debate todavía pendiente. Al menos los autores han leído el documento, aunque introducen errores u omisiones que desvirtúan la posibilidad de un intercambio más profundo sobre los problemas que están detrás de las cifras en cuestión. De ahí que sea necesario hacer algunas aclaraciones pero no sin dejar de proponer una discusión más amplia y reflexiva.
1. No hay ninguna referencia en nuestro informe a que estemos en un momento crítico, ni que la situación social en 2014 sea similar a la de 2003, ni mucho menos. Por el contrario, son constantes las referencias a los avances sociales conseguidos gracias a una década de crecimiento con políticas sociolaborales activas. Sin embargo, se insiste en que negamos tales avances. ¡No es cierto! Así como tampoco que entre 20102014 no valoramos mejoras (en indicadores de pobreza estructural y multidimensional pero menos los ingresos de los más pobres, páginas 201-220).
2. Las estadísticas de precios, pobreza, precariedad y desigualdad constituyen medidas cruciales para evaluar la calidad de vida de una sociedad. Se trata de información sensible, no sólo social sino también en el orden político. Está en juego el reconocimiento de derechos. Representar estos problemas a través de datos permite visibilizar injusticias, legitimar reclamos, empoderar a los afectados. Sinceramente no creo que nuestros críticos se opongan a esta idea. Sin embargo, para desacreditar el informe buscan mostrar un país sin deudas sociales. Nada se dice sobre ellas. La omisión no es menor. Sobre todo porque en materia social no todo es color de rosas.
3. Dejando a un lado los temas estructurales, ¿no cabe esperar acaso que entre 2012-2015, en un contexto de creciente inflación, estancamiento del empleo y aumento de la marginalidad laboral, haya subido la pobreza por ingresos? De hecho, para CESO –y nadie del oficialismo se ha dado por enterado– la indigencia entre 2013-2014 ascendió de 4,2 a 5,1 por ciento y la pobreza de 13,9 a 16,1 por ciento (al menos 6,5 millones de personas). Afortunadamente, tal como se muestra en nuestros estudios, la AUH, las jubilaciones y demás programas funcionan como sistemas de protección social, dado que sino la situación sería peor.
4. En este marco, cabe responder algunas críticas metodológicas sobre la medición de la pobreza por ingresos: a) la muestra urbana de 5700 hogares de la EDSA-ODSA, aunque no es igual se solapa con la de la EPH-Indec, pero de ninguna manera es una “muestra de pobres” (representa mejor ciudades intermedias y áreas metropolitanas); b) los ingresos familiares no se miden de igual manera en la EDSA que en la EPH, lo cual produce diferencias en las medias de ingresos pero no en la desigualdad distributiva (los Gini entre EPH-EDSA no presentan diferencias significativas); c) debido a la ausencia de datos oficiales, la CBA se actualiza a partir de los precios en alimentos (no se usan los precios generales del Indec o de las Provincias, ni el de Precios Cuidados, por ser “poco generosos” con la visibilización de los pobres); d) es cierto que para calcular la línea de pobreza se aplica un coeficiente constante, pero ello se hace ante la falta de información confiable sobre la composición del gasto de los hogares y los precios de los bienes y servicios básicos no alimentarios.
5. Siguiendo estas reglas, dado una línea de indigencia para una familia tipo de 2735 pesos y una línea de pobreza de 5717 pesos, entre 2012 y 2014, la indigencia subió de 4,5 a 5,1 por ciento tomando la EPH y de 5,4 a 6,4 por ciento según la EDSA; y la pobreza de 15,5 a 20,4 por ciento según la EPH y de 26,2 a 28,7 por ciento para la EDSA. Al menos, 2 millones de indigentes y 6 millones de pobres. En cualquier caso, muy lejos del 1,2 por ciento o el 4,7 por ciento de indigencia y pobreza, índices oficiales ratificados haces pocas semanas por el director del Indec y algunos funcionarios del gobierno nacional. Datos que no parecen escandalizar a los críticos. ¿Será quizás qué el compromiso con el poder es más importante que los derechos de los sectores más débiles? Por otra parte, apoyarse en datos del BID o el Banco Mundial para avalar el actual modelo social, me recuerda a los noventa dorados. Al menos por eso, pondría alguna ficha de sospecha sobre el sentido común argumentado.
6. Por supuesto que las cifras elaboradas pueden contener errores, de hecho los tienen (estamos revisando los datos de ingresos de 2010), el saber producido es científico-técnico no es dogmático, a la vez no existe un solo paradigma ni método para medir la pobreza, la desigualdad. De ahí la importancia del debate académico, así como que estos problemas sigan estando en la agenda pública. Lo que no es justificable es que por “razones políticas” se afirme que no existe pobreza. Al menos el Observatorio de la Deuda Social puede decir que eso “no es cierto” dado que no tiene compromiso con ningún grupo económico, poder político, fuente de financiamiento ni gobierno. Sepan disculparnos, quizás necesiten que lo seamos pero afortunadamente no somos “opositores”, “oficialistas” ni “usinas” de nadie en particular, más allá de cómo los medios o sus comunicadores hacen política con la información, a favor o en contra, según sea el caso.
* Investigador Jefe del Observatorio de la Deuda Social Argentina-UCA.