sábado, 19 de agosto de 2017

Situación económica, empleo y elecciones primarias Carola Nuñez, Buenas y Santas, El Eco de Tandil

Entrevista de Carola Nuñez y equipo en su programa Buenas y Santas, emitido por El Eco de Tandil, FM 104.1 sobre los nexos entre la situación económica y los resultados electorales de las elecciones primarias del domingo último

domingo, 6 de agosto de 2017

Empleo: el desafío más sensible del repunte económico Nota de S Stang_ 6-8-17

El trabajo crecerá lento y con diferencias por sectores; qué factores modificarán la relación entre PBI y generación de puestos

DOMINGO 06 DE AGOSTO DE 2017
SEGUIR
LA NACION
49
Empleo: el desafío más sensible del repunte económico. Foto: Archivo
¿Cuánto empleo será capaz de generar la reactivación económica que, tardíamente respecto de lo esperado, da sus señales por estos días, según los indicadores oficiales? La cuestión es el desafío quizá más sensible, porque se refiere al punto que, a los ojos de la sociedad en general, haría más atractivos los llamados brotes verdes. Según estiman varios analistas, no habrá que esperar, para los próximos meses, una alta creación de puestos en el conjunto de la economía, lo cual parece ser un llamado para la instrumentación de políticas y acciones que tiendan a mejorar la relación entre el nivel de actividad y el de ocupación. Y, por tanto, a mejorar el nivel de vida.
El mapa del empleo muestra -según datos del Indec correspondientes al primer trimestre del año- que en el país hay 19,85 millones de ocupados. Tres de cada cuatro son asalariados y uno de cada cuatro está en el cuentapropismo. Y un tercio de los dependientes no está registrado.
Cuando se mira sólo el segmento de los asalariados en blanco del sector privado (según la información del Sistema Integrado Previsional Argentino - SIPA), resultan ser 6,18 millones las personas incluidas a mayo pasado, una cifra superior en un 0,5% respecto de un año atrás. En los últimos tiempos, la variación no fue significativa y, si bien en agosto de 2016 cambió el signo de negativo a positivo, en abril y mayo pasados hubo leves caídas mensuales.
El alza del 0,5% interanual es un promedio de los movimientos dispares que hay en el mercado laboral. Por caso, mientras que en la construcción (donde está el 7% de los empleos en blanco) la evolución fue positiva y del 7,7%, en la industria (que reúne a casi el 20% de los asalariados registrados) los números reflejan una caída interanual del 2,8%. En el primer caso, la actividad en las obras (principalmente las públicas) viene creciendo a ritmo alto desde marzo, después de un 2016 con meses de muy escaso movimiento. Y las fábricas (medidas en su conjunto) comenzaron a reactivarse en mayo en la comparación interanual, pero en este caso, el nivel de empleo suele ser más inflexible, porque durante la caída de la producción hubo plantas en las que se mantuvo a trabajadores, con menos horas ocupadas.
Foto: LA NACION
Para los próximos meses, los analistas prevén, por lo general, un nivel promedio de creación de puestos que permitiría mantener la desocupación en un nivel cercano al actual, pero sin reducirla significativamente.
"Nosotros tenemos un análisis de largo plazo que muestra elasticidades entre el empleo formal y el producto de 0,7", dice desde el Ministerio de Trabajo José Anchorena, subsecretario de Estadísticas, Estudios y Políticas Laborales, quien afirma que esa relación puede mejorar con determinadas políticas. La elasticidad citada significa que, por cada punto de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), crece 0,7% el empleo.
Si eso se diera así en adelante y si se creciera a una tasa del 3% anual, se crearían unos 130.000 puestos asalariados formales privados en un año, o 250.000 si esa relación pudiera extrapolarse a todo el trabajo en blanco (incluyendo a cuentapropistas y al sector público donde, en rigor, juegan factores diferentes). Según Anchorena, como en épocas de crecimiento hay cierta tendencia a una regularización de trabajadores, la elasticidad resulta más baja en el sector informal: cae a 0,4 por cada punto del producto.
Algunos economistas de consultoras privadas, como Marcelo Capello, del Ieral, ubican sus proyecciones en cifras cercanas a las mencionadas.
Un crecimiento aproximado del 3% anual del PBI es la estimación promedio que hacen, para 2017, 2018 y 2019, los centros de estudios que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), publicado por el Banco Central.
El número de puestos de trabajo que, según se estima, podrían crearse en la actividad privada, es una cifra cercana al número de personas que se suman cada año a la fuerza laboral sólo por el crecimiento de la población. Es por eso que, de no mediar factores o acciones que aceleren la generación de puestos, no se lograría una baja del desempleo, un indicador que también depende del porcentaje de la población que esté activa (es decir que tiene o busca trabajo).
Para Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad de La Plata, en América latina un crecimiento anual del PBI del 4% por cuatro años estaría asociado, en promedio, con un aumento de menos de dos puntos en la tasa de empleo, según la conclusión del análisis de una amplia base de datos. "La realidad argentina podría ser diferente, pero es útil tener en cuenta estas estimaciones como indicativas de la magnitud de lo esperable", dice.
"Es probable que en el corto plazo el repunte de la actividad no se refleje en una mejora sensible de los indicadores laborales", dice Fabio Bertranou, director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el Cono Sur. Cita al menos dos razones para ello: una, que hay sectores, entre los que ganaron dinamismo, que tienen baja tasa de elasticidad del empleo (no es el caso de la construcción), y la otra, que en los últimos tiempos hubo cierta resiliencia, que llevó a que el desempleo se haya mantenido sin subir a dos dígitos y a que la informalidad no subiera sustancialmente.
Un relevamiento realizado en junio por SEL Consultores entre 1400 empresas, mostró que, a la hora de identificar en qué momento se reactivarían las búsquedas laborales, las respuestas se concentraron en 2018: marcaron ese año el 33% de las micropymes, el 36% de las pymes y el 40% de las grandes firmas. Y, mientras que muchos eligieron el renglón del "no sabe", para este 2017 mostraron optimismo el 9% de las empresas micro y el 15% de las medianas y grandes.
Entre los factores que pueden incidir en la relación entre PBI y empleo están el perfil del repunte económico; las reglas en las relaciones entre empleadores y trabajadores; el avance tecnológico, y la situación social.
El perfil del crecimiento. "El empleo crece de manera heterogénea, como la economía. En servicios, comercio y construcción avanza, y en la industria cae en las ramas más mano de obra intensiva", afirma Dante Sica, director de la consultora Abeceb, donde estiman que este año el empleo crecería un 1% "y en 2018 algo más, porque hay sectores, como el de petróleo y minería, que tienen hoy tasas negativas pero que guardan potencial para crecer".
Gasparini apunta que los sectores de mayor generación de empleos (y en particular, de empleos no calificados) son la construcción, el comercio y los servicios personales. Pero, a la vez, "son los menos dinámicos en cuanto a productividad y generación de divisas". Por eso, dice, la estrategia de crecimiento "debe ser balanceada".
Un punto a considerar es qué pasó con los niveles de ocupación de cada actividad en tiempos de recesión. "En algunos sectores, la caída del empleo no fue tanta como la del nivel de actividad; esto indica que ahora tampoco habrá tanto efecto", señala el economista Luis Beccaria, investigador de la Universidad de General Sarmiento. En casos en que se mantuvieron las dotaciones (o no se redujeron tanto como la actividad) habrá más horas de trabajo y más ingresos para quienes ya están, pero no más puestos.
Esa situación diferencia a lo que podría pasar ahora respecto de lo que pasó tras la salida de la gran crisis de 2001. Un estudio del Ieral muestra que, si bien en el período de 2004 a 2017 la elasticidad entre empleo y producto fue de 0,66, hay diferencias cuando se mira el dato por etapas. Entre 2004 y 2007, la tasa fue de 1,53. "Había una alta capacidad productiva no utilizada", recuerda Capello.
Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Cedes) de la UBA, dice que, en aquellos tiempos de principios del siglo, se habían movido con más rapidez las pymes, un segmento de la actividad tecnológicamente no tan avanzado y, a la vez, mano de obra intensivo. "Ahora el sector medio del empresariado no se decide a pensarse a sí mismo formando parte de la estrategia de crecimiento", analiza. Y la causa sería que fue golpeado por factores como el incremento de las tarifas.
"Hay que ver el peso del costo de las tarifas en cada caso, pero en los últimos años se había perdido eficiencia energética y hay mucho por mejorar; de hecho, hoy se ve que la actividad y el uso de energía decrece. Eso se llama eficiencia energética", afirma un funcionario del Gobierno.
Mientras tanto, y frente a las noticias de despidos en varias empresas, en la cartera de Trabajo señalan que la dinámica laboral tiene un promedio de 300.000 bajas y 300.000 altas mensuales, con un saldo que en los últimos meses no da negativo.
Las políticas y regulaciones. "La elasticidad puede elevarse si el Gobierno implementa reformas en las regulaciones y genera incentivos para las contrataciones", señala Capello, quien agrega que la creación de puestos "resultará mayor o menor en función de lo que ocurra con el precio relativo entre el trabajo y el capital, porque hoy la ecuación favorece la automatización de tareas".
Desde el Gobierno ya se manifestó con toda claridad que se considera elevado el costo de los contratos laborales. El demorado debate sobre esa cuestión, de la que hay diferentes puntos de vista, está atado tanto a la reforma tributaria como a la previsional, ambas comprometidas por ley para los próximos años. En lo que a los cambios jubilatorios se refiere, no es menor el análisis de los efectos que en el mercado laboral podría tener el hecho de incentivar a las personas a quedarse más años en actividad.
Para Capello, una reducción segmentada de los costos laborales no salariales y la capacitación para jóvenes hoy inactivos, serían dos medidas de acción fundamentales.
Sica agrega que debería hacerse eje en bajar la informalidad y en modernizar las relaciones del trabajo, "porque algunos convenios colectivos reflejan formas de trabajar de los años 60". Según el economista, los acuerdos sectoriales de competitividad que impulsa el Gobierno (iniciados con el caso de Vaca Muerta) "son un puente hacia una nueva ley".
Coincide Lindenboim en que habrá que discutir la dinámica de los vínculos. Agrega que rigen cuestiones que son beneficiosas para algunas estructuras sindicales, pero no para los trabajadores representados.
Desde la cartera laboral, Anchorena enumera tres acciones que, según considera, favorecen la dinámica del trabajo: la promoción de la ley de primer empleo (que el Gobierno no logra que apruebe el Congreso); el desincentivo a la judicialidad (se aprobó una ley tendiente a reducir los litigios por accidentes de trabajo, a la que deben adherir las provincia), y las políticas de formación profesional.
Un tema que se sumó a la agenda del debate es la reforma laboral aprobada por Brasil, que le daría a ese país más competitividad en término de costos de mano de obra. "Probablemente acelere en nuestro país el debate sobre la posibilidad de flexibilizar los convenios", considera Capello. En Brasil, señala, uno de los cambios importantes fue el de disminuir la influencia de las convenciones colectivas en favor de acuerdos individuales, por empresas y por sector.
"La reforma de Brasil presiona porque está en la región y es un país que busca captar inversiones; no hay que copiarlo, pero tampoco hay que ignorarlo", sentencia Sica.
El avance tecnológico. En la opinión de Gasparini, este factor es central entre los que podrán modificar la relación esperable entre el crecimiento económico y el empleo. El investigador del Cedlas considera que, más importante que la magnitud de la tasa a la que avance el PBI, es que la tendencia positiva se mantenga por muchos años.
Mientras que en la industria la tendencia a la caída del empleo en muchas partes del mundo ya está dada por las tecnologías, considera Gasparini, la novedad es que los cambios llegan a servicios que se creían blindados a los efectos de la robotización.
Desde la OIT se hizo este año un llamado para promover una agenda de debates sobre políticas y acciones que podrían mitigar los impactos en el mundo laboral de la robotización y las nuevas formas de la economía. Reorientar planes educativos, reducir jornadas laborales, fijar un ingreso básico universal, y hasta disponer un impuesto al robot, son algunos temas que, a nivel global, se discuten.
La estructura social y del empleo. En una Argentina en la que tres de cada diez habitantes son pobres, la creación de empleos que incluyan a las personas de grupos vulnerables y una formalización significativa de la economía no registrada, son desafíos que potencian al puro objetivo de que haya más fuentes laborales.
"Una cuestión a tener en cuenta es qué tipo de empleo se va a generar, porque hoy buena parte del stock de desempleados y también de quienes se suman a ese universo son personas con baja calificación", advierte Beccaria. Sobre el plan Empalme que lanzó el Gobierno, sostiene que, aun cuando no genera más puestos, sí apunta a una mejora distributiva, porque ayudará a quienes no tienen el llamado "capital social", a incorporarse al segmento formal. El plan promueve que quienes cobran planes sociales los mantengan durante los primeros meses de una contratación laboral en el sector privado, y que el monto mensual cobrado sea a cuenta de lo que debe pagar el empleador. Así, se beneficia a ambas partes.
Según los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA), menos de la mitad de los trabajadores de los centros urbanos del país (sean asalariados o cuentapropistas) tiene un empleo en el que se cumplen plenamente los derechos. El índice se reduce a sólo el 11% en el estrato socio económico más bajo de la población.
"Hay que perseverar en consolidar un programa integral de promoción de la formalización -destaca Bertranou, de la OIT-. El empleo en condiciones precarias es y será de baja productividad, a la vez que la informalidad perpetúa la exclusión social. Además, las políticas de desarrollo productivo tendientes a diversificar y complejizar la matriz, requieren trabajadores formales, calificados y con habilidades acordes a las nuevas exigencias del esquema productivo".

Los cambios que vendrían en la legislación

Los ejes de una reforma
Bajar los costos de las contrataciones, promover una menor conflictividad y establecer un sistema permanente de capacitación, serían los ejes de la reforma laboral que impulsará el Gobierno después de las elecciones de octubre
El efecto Brasil
El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo días atrás, en declaraciones radiales, que "la reforma de Brasil se adecua a lo que quieren hacer ellos y no a lo que necesitamos nosotros"
La promesa del consenso
El funcionario también afirmó, ya varias veces, que hay que descartar reformas que no estén consensuadas entre los diferentes actores de la economía. "Hay posibilidad de diálogo entre Gobierno, trabajadores y empresarios", dijo

viernes, 4 de agosto de 2017

Exposición en la mesa sobre estadísticas públicas organizada por ASET en su 13° Congreso -4-8-17

Presentación en la mesa sobre Estadísticas Públicas en el 13° Congreso de Aset celebrado del 2 al 4 de agosto de 2017 en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.


jueves, 3 de agosto de 2017

El vaso medio lleno o medio vacío? Columna en EL ECONOMISTA

Columna en EL ECONOMISTA, 3-8-2017

Pese a no pocas miradas agoreras sobre los temas ocupacionales, mes a mes aparecen evidencias que no por modestas dejan de ser estimulantes.

Acaban de conocerse los datos de empleo registrado hasta mayo último. En cinco meses se agregaron 78.000 personas a la fuerza laboral registrada. ¿Dejamos atrás lo peor en materia de empleo?

A lo largo de todo 2016 se habían creado 96.000 empleos registrados. Lo cual no alcanzaba siquiera al ritmo de aumento de la población. Pero los nuevos empleos de este año, si mantuvieran el ritmo a lo largo de 2017, representarían 1,5% de elevación, es decir, más que el crecimiento de la población. Está claro entonces que el empleo aumentó poco y fue magro, pero creció. De modo que los impactos indudablemente negativos de cierres o despidos de personal han sido afortunadamente compensados con creces con nuevos puestos de trabajo.

La otra cuestión es evaluar de qué tipo de empleo estamos hablando. En 2017 creció tanto el componente privado de los asalariados como el público. Ambos, en conjunto, aportaron poco más de la mitad del total.


Una parte importante de los nuevos empleos estuvo conformada por los trabajadores independientes y del servicio doméstico (46%) pero esta cifra se ubica en medio de las registradas tanto en 2012 como en 2013. La diferencia es que el aporte proporcional de los asalariados privados este año es sensiblemente mayor que el registrado en 2012, 2013 o 2014. En aquellos años de escasa creación de empleo privado la compensación vino dada por el empleo público que aportó entre la mitad y las tres cuartas partes del empleo total registrado creado en cada año. ¿Todo esto es bueno? Sin duda. ¿Alcanza? En modo alguno.

La parte más negativa está dentro del sector asalariado privado. Allí aún no se recuperó el nivel absoluto de fines de 2015 pues se perdieron unos 16.000 empleos. Pero esto no es todo pues en su interior hay ramas muy afectadas: la industria en este año y medio destruyó algo más de 50.000 empleos. Si nos concentramos en los primeros cinco meses de cada año desde 2009 para aquí fueron más los años negativos para la industria que los positivos. Es decir que la nueva gestión no sólo no revirtió la preocupante situación ocupacional de la industria sino que la agravó.

La serie publicada por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social se inicia en 2009. Hasta 2015, en siete años, se crearon unos 80.000 empleos asalariados registrados al año. En términos sectoriales los aportes correspondieron un cuarto al comercio; otro cuarto venía de dos sectores el de transporte y el de servicios sociales y de salud, otro tercio adicional sumando la industria y la enseñanza. Como se observa la creación de empleo asalariado privado ha dependido principalmente de los servicios aunque hasta fines de 2015 la industria sumaba. Poco, pero sumaba.

La parte más negativa está dentro del sector asalariado privado. Allí aún no se recuperó el nivel absoluto de fines de 2015 pues se perdieron unos 16.000 empleos


Territorialmente, la pérdida de empleo asalariado privado en 2016 fue generalizada hasta julio. Los 49.000 empleos perdidos se distribuyeron en casi todo el país (salvo cuatro provincias). De allí en más la situación se revirtió. Se crearon 33.000 y salvo en cuatro jurisdicciones en casi todas hubo mejoría.

Tanto el empleo asalariado privado como los demás componentes están especialmente ligados a la existencia de un ciclo económico favorable que genere la demanda de fuerza laboral. Y tal reversión requiere tanto de políticas estatales como de decisiones empresarias. Ambas, hasta ahora, están pendientes.

Ya hace casi un año que parece que dejamos de retroceder aunque aún no se encienden los motores para ir hacia adelante. Claro que no es lo mismo retroceder que estar detenido. Pero en la práctica hay sectores de la población que no logran distinguir ambas instancias. La expectativa está puesta en que las señales recientes sobre crecimiento de la industria y la construcción (6,6% y 17%, respectivamente) prenuncien una etapa favorable para la economía nacional y, por ende, para el sector laboral argentino.

martes, 1 de agosto de 2017

Brotes verdes en el empleo? Nota de Silvia Stang

Entrevista de Silvia Stang del 1-8-17 para su nota publicada en La Nación el 6-8-17




Empleo: el desafío más sensible del repunte económico

El trabajo crecerá lento y con diferencias por sectores; qué factores modificarán la relación entre PBI y generación de puestos
DOMINGO 06 DE AGOSTO DE 2017

SEGUIR
LA NACION






49
Empleo: el desafío más sensible del repunte económico
Empleo: el desafío más sensible del repunte económico. Foto: Archivo
¿Cuánto empleo será capaz de generar la reactivación económica que, tardíamente respecto de lo esperado, da sus señales por estos días, según los indicadores oficiales? La cuestión es el desafío quizá más sensible, porque se refiere al punto que, a los ojos de la sociedad en general, haría más atractivos los llamados brotes verdes. Según estiman varios analistas, no habrá que esperar, para los próximos meses, una alta creación de puestos en el conjunto de la economía, lo cual parece ser un llamado para la instrumentación de políticas y acciones que tiendan a mejorar la relación entre el nivel de actividad y el de ocupación. Y, por tanto, a mejorar el nivel de vida.
El mapa del empleo muestra -según datos del Indec correspondientes al primer trimestre del año- que en el país hay 19,85 millones de ocupados. Tres de cada cuatro son asalariados y uno de cada cuatro está en el cuentapropismo. Y un tercio de los dependientes no está registrado.
Cuando se mira sólo el segmento de los asalariados en blanco del sector privado (según la información del Sistema Integrado Previsional Argentino - SIPA), resultan ser 6,18 millones las personas incluidas a mayo pasado, una cifra superior en un 0,5% respecto de un año atrás. En los últimos tiempos, la variación no fue significativa y, si bien en agosto de 2016 cambió el signo de negativo a positivo, en abril y mayo pasados hubo leves caídas mensuales.
El alza del 0,5% interanual es un promedio de los movimientos dispares que hay en el mercado laboral. Por caso, mientras que en la construcción (donde está el 7% de los empleos en blanco) la evolución fue positiva y del 7,7%, en la industria (que reúne a casi el 20% de los asalariados registrados) los números reflejan una caída interanual del 2,8%. En el primer caso, la actividad en las obras (principalmente las públicas) viene creciendo a ritmo alto desde marzo, después de un 2016 con meses de muy escaso movimiento. Y las fábricas (medidas en su conjunto) comenzaron a reactivarse en mayo en la comparación interanual, pero en este caso, el nivel de empleo suele ser más inflexible, porque durante la caída de la producción hubo plantas en las que se mantuvo a trabajadores, con menos horas ocupadas.
Foto: LA NACION
Para los próximos meses, los analistas prevén, por lo general, un nivel promedio de creación de puestos que permitiría mantener la desocupación en un nivel cercano al actual, pero sin reducirla significativamente.
"Nosotros tenemos un análisis de largo plazo que muestra elasticidades entre el empleo formal y el producto de 0,7", dice desde el Ministerio de Trabajo José Anchorena, subsecretario de Estadísticas, Estudios y Políticas Laborales, quien afirma que esa relación puede mejorar con determinadas políticas. La elasticidad citada significa que, por cada punto de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), crece 0,7% el empleo.
Si eso se diera así en adelante y si se creciera a una tasa del 3% anual, se crearían unos 130.000 puestos asalariados formales privados en un año, o 250.000 si esa relación pudiera extrapolarse a todo el trabajo en blanco (incluyendo a cuentapropistas y al sector público donde, en rigor, juegan factores diferentes). Según Anchorena, como en épocas de crecimiento hay cierta tendencia a una regularización de trabajadores, la elasticidad resulta más baja en el sector informal: cae a 0,4 por cada punto del producto.
Algunos economistas de consultoras privadas, como Marcelo Capello, del Ieral, ubican sus proyecciones en cifras cercanas a las mencionadas.
Un crecimiento aproximado del 3% anual del PBI es la estimación promedio que hacen, para 2017, 2018 y 2019, los centros de estudios que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), publicado por el Banco Central.
El número de puestos de trabajo que, según se estima, podrían crearse en la actividad privada, es una cifra cercana al número de personas que se suman cada año a la fuerza laboral sólo por el crecimiento de la población. Es por eso que, de no mediar factores o acciones que aceleren la generación de puestos, no se lograría una baja del desempleo, un indicador que también depende del porcentaje de la población que esté activa (es decir que tiene o busca trabajo).
Para Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad de La Plata, en América latina un crecimiento anual del PBI del 4% por cuatro años estaría asociado, en promedio, con un aumento de menos de dos puntos en la tasa de empleo, según la conclusión del análisis de una amplia base de datos. "La realidad argentina podría ser diferente, pero es útil tener en cuenta estas estimaciones como indicativas de la magnitud de lo esperable", dice.
"Es probable que en el corto plazo el repunte de la actividad no se refleje en una mejora sensible de los indicadores laborales", dice Fabio Bertranou, director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el Cono Sur. Cita al menos dos razones para ello: una, que hay sectores, entre los que ganaron dinamismo, que tienen baja tasa de elasticidad del empleo (no es el caso de la construcción), y la otra, que en los últimos tiempos hubo cierta resiliencia, que llevó a que el desempleo se haya mantenido sin subir a dos dígitos y a que la informalidad no subiera sustancialmente.
Un relevamiento realizado en junio por SEL Consultores entre 1400 empresas, mostró que, a la hora de identificar en qué momento se reactivarían las búsquedas laborales, las respuestas se concentraron en 2018: marcaron ese año el 33% de las micropymes, el 36% de las pymes y el 40% de las grandes firmas. Y, mientras que muchos eligieron el renglón del "no sabe", para este 2017 mostraron optimismo el 9% de las empresas micro y el 15% de las medianas y grandes.
Entre los factores que pueden incidir en la relación entre PBI y empleo están el perfil del repunte económico; las reglas en las relaciones entre empleadores y trabajadores; el avance tecnológico, y la situación social.
El perfil del crecimiento. "El empleo crece de manera heterogénea, como la economía. En servicios, comercio y construcción avanza, y en la industria cae en las ramas más mano de obra intensiva", afirma Dante Sica, director de la consultora Abeceb, donde estiman que este año el empleo crecería un 1% "y en 2018 algo más, porque hay sectores, como el de petróleo y minería, que tienen hoy tasas negativas pero que guardan potencial para crecer".
Gasparini apunta que los sectores de mayor generación de empleos (y en particular, de empleos no calificados) son la construcción, el comercio y los servicios personales. Pero, a la vez, "son los menos dinámicos en cuanto a productividad y generación de divisas". Por eso, dice, la estrategia de crecimiento "debe ser balanceada".
Un punto a considerar es qué pasó con los niveles de ocupación de cada actividad en tiempos de recesión. "En algunos sectores, la caída del empleo no fue tanta como la del nivel de actividad; esto indica que ahora tampoco habrá tanto efecto", señala el economista Luis Beccaria, investigador de la Universidad de General Sarmiento. En casos en que se mantuvieron las dotaciones (o no se redujeron tanto como la actividad) habrá más horas de trabajo y más ingresos para quienes ya están, pero no más puestos.
Esa situación diferencia a lo que podría pasar ahora respecto de lo que pasó tras la salida de la gran crisis de 2001. Un estudio del Ieral muestra que, si bien en el período de 2004 a 2017 la elasticidad entre empleo y producto fue de 0,66, hay diferencias cuando se mira el dato por etapas. Entre 2004 y 2007, la tasa fue de 1,53. "Había una alta capacidad productiva no utilizada", recuerda Capello.
Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Cedes) de la UBA, dice que, en aquellos tiempos de principios del siglo, se habían movido con más rapidez las pymes, un segmento de la actividad tecnológicamente no tan avanzado y, a la vez, mano de obra intensivo. "Ahora el sector medio del empresariado no se decide a pensarse a sí mismo formando parte de la estrategia de crecimiento", analiza. Y la causa sería que fue golpeado por factores como el incremento de las tarifas.
"Hay que ver el peso del costo de las tarifas en cada caso, pero en los últimos años se había perdido eficiencia energética y hay mucho por mejorar; de hecho, hoy se ve que la actividad y el uso de energía decrece. Eso se llama eficiencia energética", afirma un funcionario del Gobierno.
Mientras tanto, y frente a las noticias de despidos en varias empresas, en la cartera de Trabajo señalan que la dinámica laboral tiene un promedio de 300.000 bajas y 300.000 altas mensuales, con un saldo que en los últimos meses no da negativo.
Las políticas y regulaciones. "La elasticidad puede elevarse si el Gobierno implementa reformas en las regulaciones y genera incentivos para las contrataciones", señala Capello, quien agrega que la creación de puestos "resultará mayor o menor en función de lo que ocurra con el precio relativo entre el trabajo y el capital, porque hoy la ecuación favorece la automatización de tareas".
Desde el Gobierno ya se manifestó con toda claridad que se considera elevado el costo de los contratos laborales. El demorado debate sobre esa cuestión, de la que hay diferentes puntos de vista, está atado tanto a la reforma tributaria como a la previsional, ambas comprometidas por ley para los próximos años. En lo que a los cambios jubilatorios se refiere, no es menor el análisis de los efectos que en el mercado laboral podría tener el hecho de incentivar a las personas a quedarse más años en actividad.
Para Capello, una reducción segmentada de los costos laborales no salariales y la capacitación para jóvenes hoy inactivos, serían dos medidas de acción fundamentales.
Sica agrega que debería hacerse eje en bajar la informalidad y en modernizar las relaciones del trabajo, "porque algunos convenios colectivos reflejan formas de trabajar de los años 60". Según el economista, los acuerdos sectoriales de competitividad que impulsa el Gobierno (iniciados con el caso de Vaca Muerta) "son un puente hacia una nueva ley".
Coincide Lindenboim en que habrá que discutir la dinámica de los vínculos. Agrega que rigen cuestiones que son beneficiosas para algunas estructuras sindicales, pero no para los trabajadores representados.
Desde la cartera laboral, Anchorena enumera tres acciones que, según considera, favorecen la dinámica del trabajo: la promoción de la ley de primer empleo (que el Gobierno no logra que apruebe el Congreso); el desincentivo a la judicialidad (se aprobó una ley tendiente a reducir los litigios por accidentes de trabajo, a la que deben adherir las provincia), y las políticas de formación profesional.
Un tema que se sumó a la agenda del debate es la reforma laboral aprobada por Brasil, que le daría a ese país más competitividad en término de costos de mano de obra. "Probablemente acelere en nuestro país el debate sobre la posibilidad de flexibilizar los convenios", considera Capello. En Brasil, señala, uno de los cambios importantes fue el de disminuir la influencia de las convenciones colectivas en favor de acuerdos individuales, por empresas y por sector.
"La reforma de Brasil presiona porque está en la región y es un país que busca captar inversiones; no hay que copiarlo, pero tampoco hay que ignorarlo", sentencia Sica.
El avance tecnológico. En la opinión de Gasparini, este factor es central entre los que podrán modificar la relación esperable entre el crecimiento económico y el empleo. El investigador del Cedlas considera que, más importante que la magnitud de la tasa a la que avance el PBI, es que la tendencia positiva se mantenga por muchos años.
Mientras que en la industria la tendencia a la caída del empleo en muchas partes del mundo ya está dada por las tecnologías, considera Gasparini, la novedad es que los cambios llegan a servicios que se creían blindados a los efectos de la robotización.
Desde la OIT se hizo este año un llamado para promover una agenda de debates sobre políticas y acciones que podrían mitigar los impactos en el mundo laboral de la robotización y las nuevas formas de la economía. Reorientar planes educativos, reducir jornadas laborales, fijar un ingreso básico universal, y hasta disponer un impuesto al robot, son algunos temas que, a nivel global, se discuten.
La estructura social y del empleo. En una Argentina en la que tres de cada diez habitantes son pobres, la creación de empleos que incluyan a las personas de grupos vulnerables y una formalización significativa de la economía no registrada, son desafíos que potencian al puro objetivo de que haya más fuentes laborales.
"Una cuestión a tener en cuenta es qué tipo de empleo se va a generar, porque hoy buena parte del stock de desempleados y también de quienes se suman a ese universo son personas con baja calificación", advierte Beccaria. Sobre el plan Empalme que lanzó el Gobierno, sostiene que, aun cuando no genera más puestos, sí apunta a una mejora distributiva, porque ayudará a quienes no tienen el llamado "capital social", a incorporarse al segmento formal. El plan promueve que quienes cobran planes sociales los mantengan durante los primeros meses de una contratación laboral en el sector privado, y que el monto mensual cobrado sea a cuenta de lo que debe pagar el empleador. Así, se beneficia a ambas partes.
Según los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA), menos de la mitad de los trabajadores de los centros urbanos del país (sean asalariados o cuentapropistas) tiene un empleo en el que se cumplen plenamente los derechos. El índice se reduce a sólo el 11% en el estrato socio económico más bajo de la población.
"Hay que perseverar en consolidar un programa integral de promoción de la formalización -destaca Bertranou, de la OIT-. El empleo en condiciones precarias es y será de baja productividad, a la vez que la informalidad perpetúa la exclusión social. Además, las políticas de desarrollo productivo tendientes a diversificar y complejizar la matriz, requieren trabajadores formales, calificados y con habilidades acordes a las nuevas exigencias del esquema productivo".

Los cambios que vendrían en la legislación

Los ejes de una reforma
Bajar los costos de las contrataciones, promover una menor conflictividad y establecer un sistema permanente de capacitación, serían los ejes de la reforma laboral que impulsará el Gobierno después de las elecciones de octubre
El efecto Brasil
El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo días atrás, en declaraciones radiales, que "la reforma de Brasil se adecua a lo que quieren hacer ellos y no a lo que necesitamos nosotros"
La promesa del consenso
El funcionario también afirmó, ya varias veces, que hay que descartar reformas que no estén consensuadas entre los diferentes actores de la economía. "Hay posibilidad de diálogo entre Gobierno, trabajadores y empresarios", dijo

viernes, 21 de julio de 2017

¿Se viene una nueva reforma laboral? Patricia Valli, Perfil, 21-7-17

Entrevista de Patricia Valli, diario PERFIL, 21-7-17 sobre la evolución reciente del empleo y los rumores sobre cambios en las normas que rigen las relaciones laborales habida cuenta de las modificaciones legales registradas recientemente en Brasil






El 60% de los empleos creados en la era Macri es de cuentapropistas

Crece la cantidad de trabajadores que realizan sus propios aportes. Mientras se suceden despidos y cierres de fábricas, la Casa Rosada alienta que haya más emprendedores.
22|07|17
11:28

¿Cambio de modelo o efecto colateral?

¿Cambio de modelo o efecto colateral? Foto:Cedoc
Más de la mitad de los puestos laborales que se crearon desde que asumió el Gobierno hasta abril de este año– según el último dato oficial disponible– responden a quienes trabajan “por cuenta propia”, monotributistas que corren con sus aportes jubilatorios y de salud. Lo que para el candidato bonaerense Esteban Bullrices la apuesta por los “emprendedores”, para otros es resultado de la expulsión de trabajadores asalariados que pasan a hacer “changas”. 
Así, desde noviembre de 2015 hasta abril de este año, se inscribieron 60 mil puestos de monotributistas generales –en las diferentes categorías de aporte– y otros 35 mil monotributistas sociales. Según los datos de la consultora Ecolatina en base a las cifras del Ministerio de Trabajo, en ese período, el empleo general creció 0,8%, por un total de 160 mil puestos. Eso representa que el 37% fueron monotributistas y el 21,8% de la variante social. El resto estuvo explicado por la creación de empleo público y trabajadores de casas particulares.
“Hay un cambio en la composición que no es menor, en tanto se observa una evolución diferenciada del empleo de acuerdo al tipo de contratación. Empleados de casas particulares, monotributistas y monotributistas sociales constituyen un heterogéneo grupo de trabajadores que alcanzaron tasas de crecimiento de entre 4% y 10% durante la gestión actual. Así, la cantidad de puestos bajo estas modalidades de empleo, más precarias que la de los asalariados, aumentó en 115 mil en el período bajo análisis”,detallaron en la consultora que fundó Roberto Lavagna.
Los autónomos, que también trabajan por cuenta propia, cayeron en 12 mil empleos. Pero esto estuvo “incentivado por los nuevos límites que poseen los monotributistas en su facturación”.
Así, hasta ahora el sector asalariado formal falló en ponerse al día con la creación de empleo. En casi un año y medio, se perdieron 53 mil puestos de trabajo, impulsados por la caída en construcción y la industria. La próxima semana se esperan los números de mayo, donde por el impulso de la obra pública debería verse una mayor recuperación en el sector de construcción. La prueba para la industria está vinculada al sector automotriz y la recuperación de Brasil.
Contexto. Para el economista especializado en empleo y docente de la Universidad de Buenos Aires, Javier Lindenboim, al crecimiento del cuentapropismo “hay que mirarlo en el contexto de una situación crítica de un año y medio y que probablemente es propio de un período de reacomodamiento que de otra cosa. La aparición y fuerte impulso del monotributo fue incluso anterior” a este gobierno.
En los países desarrollados, el promedio es del 10% de cuentapropistas. Según el sociólogo Daniel Schteingart –en base a datos de OCDE y Cedlas– en la Argentina el 24% trabaja por cuenta propia, mientras que en Brasil es el 33% y en Suecia, el 5%. “Las sociedades más desarrolladas del mundo son asalariadas, no cuentapropistas”, ponderó. “Hay una idea de que el cuenta propismo es el trabajador cool freelance pero en la Argentina está más asociado al que está en subsistencia. Tres cuartos del cuentapropismo es de baja calificación”, remarcó.

Con el cambio de Gobierno hubo expulsión del sector asalariado formal y un aumento del cuentapropismo de baja calificación. 
Contratos. La reforma laboral en Brasil, donde los nuevos ítems crean contratos especiales e incluso “con exclusividad”, plantea si será el futuro también para la Argentina. Para Lindenboim, el debate sobre reforma laboral es “necesario a condición que se haga en los verdaderos términos, sobre cómo generar productividad” pero no para generar condiciones que faciliten despidos. “Hay que ver si se hace con criterios de organización de la producción, eficiencia productiva, o son sólo intentos del sector empresario de sacar un jugo mayor a su propio personal”.