jueves, 21 de diciembre de 2017

No debemos olvidar la causa judicial de la que tanto se habló durante varios meses



En Esquel

Caso Santiago Maldonado: piden el cambio de carátula, de "Desaparición Forzada" a "Muerte Dudosa"

Lo hizo la fiscal federal Silvina Avila.

Caso Santiago Maldonado: piden el cambio de carátula, de "Desaparición Forzada" a "Muerte Dudosa"
Juez Gustavo Lleral deferá definir ahora. Archivo Clarín


martes, 19 de diciembre de 2017

Empleo ¿avance o estabilidad? Nota de El Economista

Nota de Juan Strasnoy Peyré 19-12-17

http://www.eleconomista.com.ar/2017-12-empleo-avance-o-estabilidad/

Entrevista completa


EMPLEO: ¿AVANCE O ESTABILIDAD?

Tras una leve recuperación, el Gobierno ve con optimismo el 2018. Sin embargo, los analistas ven más continuidades que mejoras. Los salarios no crecerán en términos reales


Por Juan Strasnoy Peyre

La creación de empleo es, sin dudas, una de las grandes preocupaciones. Con una dinámica que no logra despegar, este año cerrará con números más que discretos. Entonces, se impone una pregunta: ¿cómo evolucionará en 2018? En un terreno donde prima la incertidumbre, en medio de los conflictos abiertos de caras a la votación en el Congreso del paquete de reformas con que el Gobierno busca transformar la estructura del mercado laboral (entre otros aspectos), las miradas son dispares. Optimismo oficial, expectativas moderadas entre empresarios y escepticismo en algunos analistas. Lo seguro es que nadie espera un gran salto.

La herencia de 2017

Este año se despedirá con una suave reactivación tras la caída de 2016. Tanto los datos de empleo registrado de los últimos meses difundidos por el Ministerio de Trabajo como los del tercer trimestre que proporcionó la EPH del Indec (que contemplan también el universo de los trabajadores informales) mostraron que la generación de puestos de trabajo comenzó a ganarle, por poco, al crecimiento poblacional. La cartera laboral informó que en septiembre el empleo registrado creció 2,1% interanual, aunque en el sector asalariado privado (el que contiene el llamado “empleo de calidad”) la suba fue apenas del 1,1%, con lo que sólo le empató a la expansión demográfica. Mientras, los indicadores laborales de la EPH mostraron un alza interanual de la tasa de empleo en el 3°T de 0,3 p.p..

El subsecretario de Estadísticas, Estudios y Políticas Laborales, José Anchorena, pronosticó que este año cerrará con cerca de 80.000 nuevos asalariados privados registrados, que sigue siendo el principal déficit de la gestión –a lo largo del año creció por debajo de la categoría monotributistas, que comprende modalidades de contratación más precarias–. El año pasado, al compás de la recesión, se habían registrado unos 45.000 asalariados menos. Considerando a todo el sector privado y al público, la estimación de crecimiento para 2017 llega a 300.000.

En un terreno donde prima la incertidumbre, en medio de los conflictos abiertos de caras a la votación en el Congreso del paquete de reformas con que el Gobierno busca transformar la estructura del mercado laboral (entre otros aspectos), las miradas son dispares. Optimismo oficial, expectativas moderadas entre empresarios y escepticismo en algunos analistas. Lo seguro es que nadie espera un gran salto.


Optimismo

El punto de partida para el Gobierno es considerar que los números muestran que “hemos salido del estancamiento laboral”. Además, aseguran que la aprobación del paquete reformista potenciará la creación de empleo. En concreto, Anchorena espera que el próximo año estén cerca de duplicarse los nuevos asalariados: “Creemos que en 2018 el crecimiento puede ser mayor, de unos 130.000 puestos asalariados”.

Un dato que en Alem al 600 creen que refleja ese panorama es el de las expectativas empresariales. Según la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) realizada por el Ministerio entre 2.800 compañías, en octubre el 11,7% de las firmas dijo que prevé aumentar su dotación y el 3,6% disminuirla, lo que arroja un resultado neto de 8,1%. “Llevamos tres meses seguidos con expectativas netas por encima del 6%”, celebró Anchorena.

Los números de la EIL son similares a los que relevó Manpower. Para el primer trimestre de 2018 midió una Expectativa Neta de Empleo de +8%. Pero el análisis de la consultora fue menos eufórico: habló de “un leve optimismo en los planes de contratación”. “Con 13% de los empleadores que esperan aumentar los niveles de personal y 79% que no pronostican cambios, vemos que se mantiene una tendencia de contratación estable, sin grandes movimientos en el corto plazo” explicó Fernando Podestá, vicepresidente de ManpowerGroup Argentina.

La cartera laboral informó que en septiembre el empleo registrado creció 2,1% interanual, aunque en el sector asalariado privado (el que contiene el llamado “empleo de calidad”) la suba fue apenas del 1,1%, con lo que sólo le empató a la expansión demográfica


Preocupación

Para el titular del CEPED, Javier Lindenboim, la suerte del mercado laboral es inseparable de la marcha de la economía: “Necesitamos incrementar la productividad significativamente y ver cómo la sociedad discute esa eventual mejoría en materia distributiva. Y esas dos cuestiones tienen serias dificultades porque los empresarios, al no decidirse a invertir, están pateando en contra de una necesidad que es social pero, desde el otro lado, también hay dificultades para sentarse a conversar. Así, es difícil imaginar que haya progresos en materia de productividad. Y si esto no ocurre, las chances de tener éxito pronto en materia de inflación se alejan”. Con esos elementos, sostuvo que sería muy poco probable que en 2018 se dé una dinámica superadora de la de este año y plantó que “es complicado que la mirada sea optimista; hoy lo veo preocupante”.

En números, Lindenboim estimó que “podemos tener un crecimiento parecido al de este año, del orden del 3%, lo cual no es suficiente, porque la relación empleo-producto viene siendo de alrededor de un tercio y eso da 1 punto, que es más o menos el crecimiento de la población, es decir, apenas alcanzaría para mantener el mercado de trabajo en un delicado equilibrio”.

En materia salarial, su mirada tampoco es esperanzadora. “Si no hay mejoramiento de la demanda laboral, es muy difícil imaginar que la mejora del salario real se materialice. Sabemos que el salario mejora cuando hay un lapso de demanda fuerte comparada con la oferta”. Su lectura tiene sustento a la luz de las declaraciones del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que dijo que “las paritarias de 2018 deberían cerrar en torno al 16,6%” en línea con las expectativas inflacionarias de los empresarios plasmadas en el Relevamiento de Expectativas del Mercado del BCRA. Es decir, que el poder adquisitivo quede estancado.

Finalmente, el investigador del CEPED se refirió al posible impacto de la reforma laboral. “Primero, aún no sabemos qué cosas se van a aprobar. El tema es que si está plateada para producir algún ahorro al sector empresario y punto, no nos va resolver ningún problema, como no lo resolvieron las modificaciones que se dieron en los años noventa”, advirtió.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Nota de Diego Yañez en LA NACION, 14-12-17

La desocupación bajó al 8,3% en el tercer trimestre, con un leve aumento en la creación de empleo

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Retrocedió dos décimas respecto del mismo trimestre de 2016; sigue afectando a cerca de 1,6 millones de argentinos; subió 6 décimas la subocupación, al 10,8%
JUEVES 14 DE DICIEMBRE DE 2017
LA NACION









3
La desocupación fue del 8,3% de la población económicamente activa al cierre del tercer trimestre del año, lo que representó una leve baja de dos décimas respecto de igual período de 2016, cuando se había ubicado en el 8,5%, según informó ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Pese a que las cifras no muestran variaciones significativas, las subas de la tasa de actividad y el nivel de empleo completan un panorama que en el Gobierno señalan como "alentador" y los especialistas califican de "optimismo moderado".
Según datos arrojados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que elabora regularmente el organismo, el desempleo bajó también cuatro décimas en comparación con el segundo trimestre de este año, cuando se había situado en el 8,7%. Por otro lado, el nivel de actividad, que mide la cantidad de personas que tienen una ocupación o que sin tenerla la están buscando, ascendió del 46% en el período de julio a septiembre del año pasado, al 46,3% este año. En la comparación contra el trimestre anterior también muestra signos positivos, al subir 9 décimas (45,4%).
Al mismo tiempo, el empleo pasó del 41,1% en el tercer trimestre de 2016 al 42,4% actual (había sido del 41,5% en el segundo trimestre de este año), siempre como porcentaje de la población activa. Así, la fotografía se completa con todos los indicadores en verde, pero con niveles que, según remarcan los economistas que siguen el mercado laboral, están lejos de ser óptimos para la situación de la economía y la sociedad argentinas.
"Más importante que la baja del desempleo es que el empleo despierta. En el tercer trimestre de 2017, contra 2016, se crearon 217.000 empleos (+1,9%), 110.000 de ellos en el GBA (+1,7%)", escribió en su cuenta de Twitter Juan José Llach, director del IAE Business School, de la Universidad Austral.
"Que haya disminuido la desocupación es una buena noticia, al igual que el aumento en el nivel de actividad. En el conjunto se ha venido recuperando el empleo registrado, y si ha aumentado la tasa de empleo, no hay duda de que hubo un aumento del trabajo informal", dijo a LA NACION Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped). De todas formas, advirtió que es "preocupante" que el nivel de desempleo se mantenga en el orden del 8% en los últimos trimestres.
La mejora en los indicadores de empleo se dio en el marco de un fuerte aumento en la actividad económica, según registró el propio Indec, con crecimientos interanuales del 4,9% en julio, 4,3% en agosto y del 3,8% en septiembre.
Por otro lado, la tasa de subocupación demandante, la gente que trabaja menos de 35 horas semanales y quiere hacerlo más, ascendió al 7,9% en el tercer trimestre, frente al 7% de igual período del año pasado. En tanto, la tasa de subocupación de los no demandantes (los que trabajan menos de 35 horas y no quieren trabajar más) bajó al 2,9% este año desde el 3,2% de julio-septiembre de 2016.
El Indec estimó que en los 31 conglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) hay 1.058.000 personas desocupadas y 1.380.000 subocupadas. Además hay 1.959.000 personas que, aunque tengan un empleo, se encuentran buscando otro de manera activa. La proyección de la cifra de desempleados a nivel nacional llega a unos 1,6 millones de personas.
Por regiones, el Gran Buenos aires, con una tasa de desocupación del 10,3%, se colocó en la vanguardia de las ciudades de más de 500.000 habitantes en la tabla de desempleo; le siguieron Córdoba, con el 9,1%; San Juan y Mar del Plata, ambas con el 9%; Catamarca, con el 8,56%; Salta, con el 8,5%; Rosario, 8,4%, y Bahía Blanca, 8,1%. La ciudad de Buenos Aires registró un desempleo del 7,3%.

En tanto, Viedma-Carmen de Patagones, con el 1,7%, resultó el conglomerado con menor tasa de desocupación, seguido por Santiago del Estero, con el 2,4%; La Rioja, 2,8%; Comodoro Rivadavia, 3%; Formosa, 3,1%, y Resistencia y Corrientes, con el 3,4% en ambos casos.
En tanto, las localidades con menos de 500.000 habitantes presentaron una tasa de desocupación promedio del 5,3%, con un incremento de siete décimas porcentual respecto del 4,8% de igual período de 2016.
"Los datos difundidos son relativamente firmes en términos absolutos. La tasa de empleo está creciendo y la de desempleo no bajó, quizá, lo esperado, porque básicamente la tasa de actividad creció y se está recuperando. Esto es un buen elemento, teniendo en cuenta que había caído mucho en los últimos años", señaló a LA NACION Juan Luis Bour, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).
Por su parte, Claudio Lozano, coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, sostuvo que "se observa una recuperación del empleo, al haber 440.000 empleados más que el trimestre anterior y 345.000 respecto del año pasado, aunque con un bajo impacto en la tasa de desocupación". Y agregó: "Hay un aumento significativo de la población que busca trabajo y con una marcada tendencia al incremento de la desocupación encubierta".







MERCADO DE TRABAJO

Actividad-Empleo -Desocupación


  • Actividad
  • Empleo
  • Desocupación abierta
  • Ocupados demandantes de empleo

ActividadEmpleoDesocupación abiertaOcupados demandantes de empleo2° Trim. 20163° Trim. 20164° Trim. 20161° Trim. 20172° Trim. 20173° Trim. 2017010203040503° Trim. 2017 Empleo: 42,4
Actualizado al: 15/12/2017 | Fuente: Indec | Descargar datos en: CSV - XML - XLS -

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Distribución del ingreso ¿el huevo o la gallina? El Cronista 29-11-17


Distribución del ingreso: ¿el huevo o la gallina?


El empleo y el salario dependen del crecimiento y éste de la inversión productiva eficiente. Redistribuir sirve transitoriamente.
Seguramente los chisporroteos de la campaña electoral no habrán pasado de eso sin llegar a mayores honduras sobre temas sustantivos. Uno de ellos, el de la distribución del ingreso, sigue requiriendo atención.
¿Alcanzamos el fifty-fifty porque la inversión es de sólo el 15% o a pesar de eso? Para aumentar la inversión ¿es preciso promover una mayor desigualdad en la distribución del ingreso? O bien, ¿se puede vencer la pobreza sin modificar el volumen y el tipo de la inversión?
Acordemos que en esta como en otras materias relevantes las simplificaciones extremas no ayudan demasiado, sea que se trate del tipo de "pongamos dinero en el bolsillo de las personas y todo funcionará a las mil maravillas" o "como es necesario garantizar la inversión para generar empleo debemos asegurar la ganancia empresaria suprimiendo costos como los asociados al trabajo". En el medio queda un amplio espectro en el que se ubican las metas socioeconómicas, así como las condiciones de crecimiento y desarrollo económicos.
En dirección a la búsqueda de explicaciones más estructuradas incluyendo la mejora de la formulación de los interrogantes, podemos mirar los ingresos personales y familiares originados en la Encuesta Permanente de Hogares. El ejercicio requiere dos acuerdos: omitir las reservas existentes sobre la plena verosimilitud de los datos del período 2007-2015 y salvar las modificaciones operacionales implementadas a partir de mediados de 2016 en esa información.

Luego de 2015 ¿cambios o continuidades?

Los datos de la EPH del segundo trimestre de 2016 probablemente muestran el momento más difícil para los sectores laborales en lo que va de la gestión de Cambiemos. Ello se refleja en los tres indicadores. Pero, llamativamente, ni los ingresos ocupacionales ni los individuales se deterioran tanto como había sucedido en 2014. No obstante, en este aspecto se forjó una imagen de extrema gravedad que al igual que lo que ocurrió social y mediáticamente con el empleo, no se condice con la información estadística disponible.
Las tres variables expresan una pronunciada mejoría en los primeros años posteriores a la crisis del 2001 alcanzado una mejora del 30% en términos reales en poco tiempo. Esa ganancia la tienen los IpcF ya en 2006, al año siguiente el IOP y por último los ingresos individuales en 2009. Esto es congruente con la mejora ocupacional cuya fuerte dinámica de crecimiento se dio hasta 2007.
Esos años iniciales fueron los de mayor crecimiento del producto, de más rápida recuperación de la utilización de la capacidad instalada disponible en el aparato productivo y de mayor ampliación del número de miembros activos en los hogares. Allí se dio la fuerte recuperación de las dotaciones en las ramas de la industria y la construcción. Fueron los años en los que el superávit fiscal y el del sector externo eran considerados éxitos indudables.
Sin embargo, a partir de entonces se inicia un período irregular en materia productiva lo que se ve reflejado en la lentitud de la mejora ulterior. En lo que hace a los ingresos ocupacionales, la caída de 2014 es tan pronunciada que su nivel es un poco menor que el que se había logrado en 2009. No es sólo caída del poder adquisitivo: en ese año, según la EAHU, se había destruido un décimo de todo el empleo creado desde 2002 hasta entonces.
Los ingresos individuales tienen un comportamiento parecido pero más moroso. Alcanzan un alza del 30% recién en 2009 y luego de una caída profunda en 2010 mejora lentamente hasta alcanzar un 36% de mejora (respecto de 2004) en el año 2013. Las condiciones generales no permitieron mantener ese buen desempeño, de modo que también los ingresos individuales tuvieron una profunda caída en 2014 (devaluación y pérdidas de empleo mediante) para volver al nivel de 35% por sobre el del inicio de la serie.
De esa manera hay similitud en el comportamiento de los ingresos ocupacionales y totales de los individuos caracterizados por un mejoramiento sólido al principio y una irregularidad posterior en cuyo transcurso ya las mejorías fueron menores y afectadas por importantes pérdidas.
Respecto de los Ingresos per cápita familiares se observan rasgos distintivos. No sólo alcanza antes la mejoría de 30% en términos reales sino que aun de modo no lineal continúa mejorando la situación relativa de los hogares hasta 2013 cuando alcanza una situación 65% mejor que al momento inicial en términos reales.
La diferenciación en este comportamiento respecto de los individuales o los laborales tiene diversas motivaciones. En los primeros años el factor decisivo fue el aumento del empleo con el consiguiente incremento de miembros ocupados en el hogar. Con posterioridad empezó a hacerse notar el impacto de la ampliación de la cobertura previsional, en especial a través de la moratoria. A todo ello se agregó la extensión de la protección social por medio de la Asignación Universal por Hijo. En todo este período, pero cada vez con más intensidad, la situación basada en los ingresos monetarios requiere ser complementariamente analizada en virtud de la gravitación de los enormes subsidios a los hogares en materia de tarifas de transporte y de costo de los servicios domiciliarios.
Volviendo a 2016. El ingreso de la ocupación principal registró una pérdida de poco más del 3.5% mientras que el conjunto de los ingresos de las personas (ingresos individuales) cayeron en poco más del 3%. Situación difícil, sin duda. Pero no extrema. La pérdida real en 2014 fue del doble en el IOP y en los II.
Por su parte los ingresos familiares se mantuvieron prácticamente estancados, habida cuenta de las incorporaciones de medidas de protección (ampliación de las asignaciones familiares a monotributistas) o mejora de las existentes. Singular resultado, habida cuenta de que en 2014 el deterioro había sido del 10%.
Por su parte, el segundo trimestre de 2017 exhibe, respecto del pico de 2015, un deterioro de un punto porcentual en materia de ingresos de la ocupación principal, de estancamiento en los ingresos individuales y de sensible mejoría (5 pp) en materia de ingreso per capital familiar. Puede ponerse entre paréntesis el contraste 2017 con 2015 por los cambios en el relevamiento, pero la comparación 2016 con 2017 no tiene ese inconveniente.

Derivaciones de los datos

La evidencia de los años recientes parece no ser contundente respecto de si es necesario acelerar la bomba del consumo o privilegiar la inversión. En los primeros años posteriores a la crisis -al salir de un pozo profundo- todo empujaba en similar dirección: subía la inversión, mejoraban los superávit gemelos, se aprovechaba la capacidad ociosa, aumentaba el empleo, mejoraban los ingresos. En los primeros años la tasa de inversión subió hasta casi alcanzar los 20 puntos pero desde 2007 inició su declinación volviendo el año último a valores próximos a los 16 puntos.
Seguramente hacen falta ponderar otros elementos intervinientes como el rotundo cambio de las condiciones internacionales en los primeros años y más tarde la transformación del superávit energético en déficit; la peligrosa utilización de las reservas internacionales y el desinterés por los perniciosos efectos del crecimiento de la inflación. En ese marco, fue posible mantener mecanismos redistributivos a costa de acrecentar la presión de las contradicciones en el funcionamiento de la economía, incluyendo el agotamiento del capital social.
Frente a ello, el gobierno actual, que para muchos venía a desandar completamente el camino, va realizando su tarea no descomprimiendo la presión derivada del déficit fiscal, promoviendo lentamente el retorno de la prestación de servicios con precios más cercanos a los del mercado y sin afectar las medidas de protección social preexistentes.
Quizás un inédito esfuerzo por mejorar la eficiencia productiva del conjunto pueda encaminar un proceso en el que se logre un efectivo incremento de la producción y de la productividad aprovechando más y mejor la capacidad productiva de la fuerza laboral argentina y, por lo tanto, preservando y ampliando el bienestar de su población. El desafío es enorme. Hace una década la entonces candidata Cristina de Kirchner postulaba un pacto social que, en esencia, contenía estos mismos ingredientes. Nunca es tarde para empezar de nuevo.