miércoles, 31 de marzo de 2021

Los datos laborales de 2020 no dicen todo Columna en INFOBAE, 31-3-2021

 Columna aparecida en Infobae, 31-3-2021

El modesto incremento del número de desempleados frente a la cuantiosa pérdida neta de empleo indica que en la sociedad habría la creencia de que sería inútil toda búsqueda de empleo

En el año 2020 se perdieron un millón de puestos de trabajo. La misma cuenta para los desocupados da una suba de trescientos mil
En el año 2020 se perdieron un millón de puestos de trabajo. La misma cuenta para los desocupados da una suba de trescientos mil

La información que acaba de dar a conocer el Indec sobre la situación laboral es, sin duda, dramática. Expandiendo los datos de la Encuesta de Hogares al total del país, en el año 2020 se perdieron un millón de puestos de trabajo. La misma cuenta para los desocupados da una suba de trescientos mil. Allí aparece el primer interrogante: ¿por qué si un millón de personas perdieron sus empleos la desocupación no aumentó en igual número?

No hace falta reiterar la intensidad y peculiaridad del impacto de la pandemia en general y las medidas para afrontarla (en particular, la extensión de la cuarentena). Es decir, no es necesario remarcar que una masa tan grande de activos que se tornan en inactivos, no puede adjudicarse precisamente a condiciones de mejoramiento del bienestar de las familias o del mejoramiento de su calidad de vida.

Predomina el desaliento

En la terminología habitualmente utilizada para estos análisis encontramos las palabras aliento y desaliento. La primera alude a percepciones o creencias que podemos calificar de optimistas en materia laboral. En esos casos predomina la convicción de que hay abundantes y/o atractivas oportunidades laborales y eso empuja a más gente a la búsqueda de empleo.

A la inversa, en situaciones en las que los datos de la realidad o la interpretación que la población afectada hace de esos datos lleva a la convicción de que es prácticamente inútil toda búsqueda, no sólo no hay nuevos contingentes buscando trabajo sino que aquellos que lo perdieron no se deciden a emprender el sondeo de uno que reemplace al anterior. A tal situación se la suele denominar como de desaliento.

En la terminología habitualmente utilizada para estos análisis encontramos las palabras aliento y desaliento

Los cierres (prolongados) de innumerables actividades económicas más las restricciones a los movimientos de las personas resultaron en 3,7 millones de puestos de trabajo perdidos en el segundo trimestre del año. Casi todos ellos correspondían o bien trabajadores en relación de dependencia desprotegidos o bien cuentapropistas o patrones. Ese fue -y sigue siendo- el principal sector social afectado desde el punto de vista laboral y de los ingresos.

La información disponible hasta ahora es escasa para entrar en mayores detalles. Sin embargo, llama la atención que mientras los patrones cierran el año con cifras negativas (más de 350.000) recuperando apenas una pequeña porción de lo perdido, los cuenta propia no sólo recuperaron el nivel prepandemia sino que lo han superado. No es de descartar que esto incluya un proceso de traslación de trabajadores asalariados a una condición de autónomos, más allá de lo que ya preexistía.

Ahora bien, el modesto incremento del número de desempleados que registra la encuesta frente a la cuantiosa pérdida neta de empleo, indica que en la sociedad habría la creencia -aún en la parte final del año, que es el período al que refieren los nuevos datos- de que sería inútil toda búsqueda de empleo.

Es por eso, que la tasa de desempleo arroja un número de dos dígitos pero que puede calificarse de modesto. De no ser por esa idea dominante, la demanda activa de empleo arrojaría cifras cercanas al 20 por ciento.

Tampoco puede formularse la hipótesis de que los ingresos que intentaron compensar tal situación, como el IFE, fueron suficientes para mantener en sus casas a quienes perdieron el empleo. No olvidemos que hubo sólo tres transferencias de $10.000 a lo largo de los nueve meses de cuarentena en 2020.

Fuente: Informes de prensa de la EPH. Notas: 2003: primer trimestre; 2015: tercer trimestre; resto: cuarto trimestre
Fuente: Informes de prensa de la EPH. Notas: 2003: primer trimestre; 2015: tercer trimestre; resto: cuarto trimestre

En efecto, en estos datos, que sólo cubren los aglomerados relevados por la EPH y por tanto son sólo unos dos tercios del total del país, los ocupados venían perdiendo dinamismo desde hace bastante tiempo. No obstante, se observa que las afirmaciones sobre la pérdida de empleo durante el gobierno de Cambiemos no tienen asidero para el conjunto de la ocupación, aún considerando que no son totalmente comparables debido a las modificaciones introducidas por el Indec a las estimaciones de la población de referencia en 2014 y en 2016.

Fuente: Informes de prensa de la EPH. Notas: 2003: primer trimestre; 2015: tercer trimestre; resto: cuarto trimestre
Fuente: Informes de prensa de la EPH. Notas: 2003: primer trimestre; 2015: tercer trimestre; resto: cuarto trimestre

Si miramos la secuencia de los asalariados protegidos que surgen de la Encuesta de Hogares, se ve con mayor claridad que la dinámica importante en materia de creación de empleo se concentró a la salida de la crisis de 2002. Es más, en el período inicial el empuje era tal que no sólo se creaban puestos protegidos sino también precarios.

Durante el primer gobierno de Cristina Kirchner el ritmo bajó mucho y, además, parte de los empleos protegidos nuevos eran traslados de condiciones precarias a protegidas, lo cual es excelente pero la creación neta de empleo asalariado pasó a ser sustancialmente menor.

Ya en el tercer gobierno kirchnerista el volumen de creación de empleo era un diez por ciento de lo que fue al comienzo.

En ese sendero llegó luego el gobierno de Cambiemos, en el cual se desbarrancó el empleo asalariado protegido (valores pequeños pero negativos) y fuerte incremento del empleo asalariado precario. Aquí no están los datos pero también hubo intensa creación de empleo no asalariado.

Todo ello muestra un cuadro que se puede sintetizar, esquemáticamente, así: la primera década de este siglo con alto crecimiento económico y fuerte absorción de empleo, con notable diferencia dentro de ese primer decenio.

En el segundo decenio, estancamiento económico con desbarranque a partir de mediados de 2018 y un empleo cada vez menos dinámico y de peor calidad.

Este contexto precede al drama, en 2020, de la pandemia.

Por lo tanto, siendo notable la incidencia de esta última en el desempeño laboral reciente, no hay dudas de que el resultado conjuga la cuestión sanitaria y las carencias estructurales que nos aquejan desde hace tiempo. De allí que sea poco útil mirar sólo el balance (sin duda negativo) del año que pasó.

Pronto tendremos los datos sobre la distribución del ingreso que, desafortunadamente, completarán con trazos más fuertes el dramático escenario.

lunes, 29 de marzo de 2021

Cada vez más tiempo para conseguir empleo y efecto desaliento - Nota de J M Barca iProfesional 29-3-21

 Nota de Juan M Barca, en iProfesional, 29-3-21

Cada vez lleva más tiempo conseguir un empleo y preocupa el "efecto desaliento" en el mercado de trabajo

Cada vez lleva más tiempo conseguir un empleo y preocupa el "efecto desaliento" en el mercado de trabajo
Los datos oficiales revelan que el tiempo de búsqueda se extendió. Cuánto puede demorar una persona en insertarse y quiénes son los más afectados.
Por Juan Manuel Barca
29.03.2021  16.14hs ECONOMÍA

En un mercado de trabajo todavía golpeado por el impacto de la pandemia, la desocupación y la caída de la actividad económica, conseguir un empleo puede convertirse en un desafío de largo plazo. En rigor, las personas desocupadas cada vez dedican más tiempo a insertarse en el mundo laboral. Según los últimos datos oficiales, el 54% lleva entre 6 meses y más de un año en esa situación, un reflejo de las dificultades que presenta el panorama actual para 2,2 millones de desocupados.

Dentro de ese grupo, los desocupados con tiempo de búsqueda de 6 a 12 meses representaron el 27% del total, el valor máximo de la serie y el doble que en igual trimestre de 2019, mientras que aquellos con más de un año en busca de empleo alcanzaron un 26%. Sumadas las dos categorías, la población con ese plazo de búsqueda se extendió del 50% al 54%. Por otra parte, el 24% lleva de 1 a 3 meses buscando activamente un empleo, el 14% de 3 a 6 meses y el 8% menos de 1 mes.

El nuevo escenario se hizo evidente la semana pasada con la imagen de seis cuadras de jóvenes formados en una fila para conseguir un puesto de trabajo en Mar del Plata. Más de 300 postulantes, de entre 18 y 25 años, se presentaron para cubrir seis posiciones en un parque de diversiones de la ciudad costera. Justamente, los jóvenes de 14 a 29 años son los más afectados por el desempleo, con tasas del 26% en el caso de las mujeres y del 19% en el de los varones.

Las complicaciones para acceder a un puesto refuerzan el denominado "efecto desaliento". Se trata de aquellas personas inactivas y disponibles para trabajar que abandonaron la búsqueda activa, excluyendo a jubilados y estudiantes, debido a la ausencia de oportunidades laborales y la extensión del período de desempleo. Según el INDEC, el empleo se redujo del 43 al 40% en el cuarto trimestre del año pasado (1,13 millones de puestos en un año) y el desempleo aumentó al 11% (348.000 personas más).

5 de cada 10 desocupados lleva entre 6 meses y más de 1 año en búsqueda de un empleo.

Efecto desaliento

Así, un 70% de aquellos que perdieron su fuente de trabajo, casi 800.000 personas, no salieron a buscar uno nuevo. El cálculo surge de proyectar a nivel nacional los datos de empleo y desempleo estimados por el organismo estatal sobre la base de los 31 aglomerados urbanos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y la población económicamente activa, aquella que está integrada por los ocupados y desocupados.

"Los millones de puestos que desaparecieron no se tradujeron en millones que buscan empleo sino que hubo un efecto desaliento; ese fenómeno, que fue el sacudón de pandemia y prohibición de salir de casa, explica primero el no regreso al mercado de trabajo y luego el regreso paulatino y diferenciado", aseguró Javier Lindemboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped) de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA).

Para el economista, los datos muestran un movimiento "lento" del universo de desocupados. Si aquellos que perdieron su empleo se hubieran incorporado al mercado laboral, la tasa de desempleo habría subido al 28% en el segundo trimestre y al 17% al cierre del 2020, según el investigador. En ese período, en rigor, se perdieron 4 millones de empleos, en su mayoría asalariados informales y cuentapropistas. Pero la tasa de desocupación llegó en ese momento al 13,1% debido a las restricciones que impedían la circulación.

Por la crisis, una parte de los asalariados informales se había convertido en cuentapropista, según especialistas.

6 millones con dificultades laborales

Desde entonces, la recuperación del empleo fue impulsada por los trabajadores informales, que durante el último trimestre del 2020 representaron al 32,7% de los asalariados (un aumento de 3,9 puntos interanuales), y los cuentapropistas llegaron al 26,4% (1,4 puntos más), mientras que los patrones se redujeron en casi un 40%. "Esto podría estar indicando que parte de trabajadores asalariados que perdieron su trabajo volvieron en condición de cuentapropistas", señaló Lindemboim, aunque advirtió que el saldo neto "todavía es negativo".

"El perjuicio queda en espaldas de asalariados precarios y autónomos, no de los asalariados protegidos, que por definición conservaron su empleo por los subsidios a las empresas y la prohibición de los despidos", dijo el economista. Por otra parte, también se registró un aumento de las personas subocupadas, aquellas que trabajan menos de 35 horas semanales y están dispuestas a trabajar más horas. Dicha tasa ascendió al 15,1%, totalizando 3 millones de trabajadores en esa situación.

Si se suma la cantidad de desocupados, inactivos y subocupados, cerca de 6 millones de personas enfrentaron dificultades al cierre del 2020. Según un estudio de Fernando Groisman y María Eugenia Sconfienza sobre el mercado laboral entre 2004 y 2014, el fenómeno de desaliento laboral indicaría la "creación insuficiente de puestos de trabajo", por lo que "la exclusión de base laboral se debería más bien a que la demanda de empleo no llega a despejar, cuantitativamente, la oferta laboral; más que a la falta de preparación de quienes aspiran a los empleos".


miércoles, 3 de marzo de 2021

Sin estrategia, no hay horizonte Columna Clarin 3-3-21

Columna aparecida en CLARIN, 3-3-2021


Es lícito preguntarse si este complejo cuadro que se presenta puede desligarse de la ausencia de un plan económico o de la falta de avances en el cierre de negociaciones con el FMI. A despecho de lo que se creía en los 90, la disociación entre economía y política no es posible.

El primer bimestre del año no podía terminar de peor manera. La información sobre distribución del ingreso continuó siendo dramática; el nivel de actividad económica sigue estando por debajo de los niveles prepandemia, con una caída promedio del 10% del PBI; el índice de precios de enero continuó en altos niveles (y se prevé lo mismo para febrero); las vacunas van llegando en cuenta gotas.

Para culminar, episodios como el de la vacunación VIP terminan de configurar un cuadro que presagia un horizonte muy oscuro para las expectativas que la sociedad se venía haciendo para este 2021. Hay algo, sí, que mantiene el espíritu elevado: por fin los chicos vuelven a sus escuelas y a reencontrarse con sus maestros y compañeros.

Es lícito preguntarse si este complejo cuadro que se presenta puede desligarse de la ausencia de un plan económico o de la carencia de avances en el cierre de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. A despecho de lo que se creía en los ‘90, la disociación entre economía y política no es posible.

Esa época -recordemos- se la identifica como la del “menemismo”, como si el ex presidente recientemente fallecido hubiera salido de un repollo y no del partido que ha predominado en el afecto popular.

Todos los dirigentes actuales con edad suficiente (presidente y vice, ambos incluidos) fueron activos partícipes de aquella gestión que se mimetizó con el espíritu de la época en la que implosionó el llamado “socialismo real” y parecía que el capitalismo encontraba un vigor inusitado (“El fin de la historia”, Fukuyama dixit).

Hoy tampoco es posible imaginar una sociedad que soporte impasible y ad eternum las consecuencias de décadas en las que los problemas estructurales han sido obviados y sólo se buscaba salir airoso en lo inmediato, sin importar que así seguían agravándose los problemas de fondo.

Al individualismo promovido por el justicialismo encolumnado detrás de Carlos Menem (privatización de casi todas las empresas estatales incluido el sistema de seguridad social) luego de la crisis de 2001 apareció lo que aparenta ser su contracara, enunciado como un modelo industrialista e inclusivo.

Sin embargo, dos décadas después, el peso de la industria -disminuido en los ‘90- sigue siendo el mismo que entonces, las arcas fiscales han crecido significativamente, pero a la vuelta del tiempo retornamos a momentos previos y producimos algunas singularidades como la recientemente divulgada por el INDEC en su informe sobre la Cuenta de Generación de Ingresos e insumos de mano de obra.

Al mismo tiempo que permanecen a la vera del camino millones de trabajadores precarios o autónomos que perdieron sus empleos, el último dato conocido da cuenta de que tanto el capital como el trabajo han ampliado su participación en la riqueza generada.

¿Cómo es posible? Porque de una parte, los asalariados subsistentes son los protegidos (mejor pagos) y de otra parte, debido a la crítica situación asociada con la pandemia se han multiplicado medidas que en las cuentas nacionales se expresan en el rubro impuestos indirectos netos de subsidios. Esto es, que parte de lo que se reparten trabajadores y empleadores no ha sido producido sino es aportado por el Estado. Un Estado que, es sabido, no tiene recursos para ello fuera de la impresión de billetes sin descanso.

Argentina ha soportado que en las últimas ocho décadas, uno de cada tres años el resultado económico fue negativo. Esa relación empeoró en el siglo XXI: cuatro de cada diez años fueron de caída del producto. En la última década estamos cerca del 50% es decir uno de cada dos años disminuye el volumen de lo producido. Como la población aumenta, aunque lentamente, el producto per cápita de 2020 es similar al de 2005.

El empleo en 2020 se derrumbó, no sólo por la pandemia sino porque hace rato que la economía argentina perdió su capacidad de crear empleo genuino y de calidad. Durante el gobierno de Néstor Kirchner se crearon 600 mil puestos asalariados registrados por año. En el primer gobierno de Cristina Fernández menos de la mitad y en su segundo mandato alrededor de 100 mil, ya con fuerte peso del empleo estatal. En el gobierno de Mauricio Macri apenas 20 mil por año.

¿Puede el mundo de la política seguir girando en las nubes sin hacerse cargo del punto al cual nos han llevado las diversas gestiones? ¿No asumirán los dirigentes, sean políticos, empresariales, sindicales o sociales las responsabilidades que a cada uno les han correspondido?

Luego de más de un año de anunciado, el presidente Fernández ha puesto en marcha el Consejo Económico y Social, que deberá ocuparse, no de la coyuntura, sino de la elaboración de un horizonte y de una estrategia para alcanzarlo.

Es de esperar que el accionar de este organismo no se vea afectado por los vaivenes que caracterizaron varias de las acciones oficiales y, más aún, que las medidas de coyuntura sean confluyentes con los lineamientos que el Consejo elabore. No es muy promisorio que en su discurso ante la Asamblea, Alberto Fernández lo haya mencionado sólo una vez en la anteúltima página de su extensa alocución.

lunes, 1 de marzo de 2021

Más que encontrar brotes verdes, debe importar la remoción de obstáculos estructurales Columna - INFOBAE - 1°-3-2021

 Columna aparecida en INFOBAE el 1-3-2021

La notable disminución del nivel de actividad económica en el año de la pandemia no da cuenta completamente del impacto sufrido en Argentina pues la pérdida verificada en el segundo trimestre está lejos de haber sido recuperada

Los más optimistas se aferraron al Estimador Mensual de la Actividad Económica-EMAE, que mostró leves mejoras durante el último semestre. Está muy bien no dejarse arrastrar por el pesimismo que nos rodea. También es bueno poner los datos en contexto.

Estimador Mensual de la Actividad Económica. Índice 2004 = 100, promedios anuales
Estimador Mensual de la Actividad Económica. Índice 2004 = 100, promedios anuales

La notable disminución del nivel de actividad económica en el año de la pandemia (el promedio es de sólo once meses), no da cuenta completamente del impacto sufrido en Argentina pues la pérdida verificada en el segundo trimestre está lejos de haber sido recuperada.

El gráfico también sirve para ver que la “calamidad dejada por el gobierno de Cambiemos”, según afirma de manera reiterada el Presidente de la Nación, refiere esencialmente al año 2019 (aun ese año arroja un valor superior a cualquier año previo a 2011).

No sólo eso. El segundo valor más bajo de la segunda década del siglo XXI es 2014. Además, los años de leve crecimiento (los impares hasta 2017, inclusive) muestran valores muy cercanos y levemente crecientes. Por otra parte, si se consideran los años pares (2012 a 2018 inclusive) también sus valores son muy cercanos entre sí.

No es un dato menor destacar que el índice de 2017 marca el valor récord de la serie y el de 2018 es también el máximo si se consideran los años pares.

El año 2019 representó la eclosión de una economía inhibida de crecer, de crear empleo genuino, de sostener la mejora en la distribución del ingreso, de mejorar su productividad y su competitividad

¿Esto significa que la gestión de Cambiemos fue exitosa? No necesariamente, los datos sólo muestran el dramático estancamiento de la economía argentina en una secuencia que, recientemente, adopta la forma de serrucho con la particularidad de que los años pares han sido sistemáticamente de disminución en términos absolutos del nivel de actividad.

El año 2019 representó la eclosión de una economía inhibida de crecer, de crear empleo genuino, de sostener la mejora en la distribución del ingreso, de mejorar su productividad y su competitividad. La convicción de Cambiemos de que podía doblegar la inflación sin una emisión descontrolada lo condujo a utilizar el flujo de capital financiero que a comienzos de 2018 empezó a fugar de todas las economías débiles como la nuestra. Allí apareció la solicitud al FMI lo que resultó en transformar a parte de los múltiples acreedores en sólo uno, el Fondo.

El fuerte impacto derivado de la pandemia (y del modo que adoptamos para enfrentarla) es más pernicioso aún por el contexto en el que se nos ha presentado. Ese contexto no es sólo el pésimo resultado del año 2019. Ni siquiera lo es el período de gobierno de Macri.

Qué nos frena más allá de la coyuntura económica...

Sin olvidar el azote inflacionario, deberíamos aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre las trabas estructurales que nos aquejan, que incluyen la declinación de la tasa de inversión y la gran volatilidad de nuestro crecimiento. Sobre esto último recordemos brevemente: en los últimos setenta años, uno de cada tres fue de caída del PBI. En este siglo el porcentaje estuvo en torno del 40% y en la última década, uno de cada dos.

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En cuanto a la inversión, el gráfico muestra la fuerte declinación de la tasa respectiva (aun luego de la recuperación que siguió a 2002). Se ve también la permanente recuperación de los ingresos laborales en las primeras dos décadas del siglo actual que incluye valores cercanos al 50% entre 2012 y 2017, ambos inclusive, es decir el segundo gobierno de Cristina Fernández y el primer bienio de Mauricio Macri. De todos modos, el registro mayor sigue siendo el del año 1993 con el que comienza esta serie.

También se aprecia una mayor incidencia de los ingresos no laborales en la adquisición de los bienes y servicios de consumo. Esto deriva de la diferencia entre el porcentaje del consumo y el de los ingresos laborales, lo que explica alrededor de 30 puntos del consumo al inicio mientras que al final de la serie exceden los 35 puntos porcentuales.

En los últimos setenta años, uno de cada tres fue de caída del PBI

Un interrogante que aún no tiene respuesta es el del significativo incremento de los impuestos indirectos netos de subsidios (Ti-S). Este componente es una de las formas de ver la porción que queda en manos del estado dentro de la masa total de riqueza creada. El aumento de un tercio (pasa de 12 a 16%) ¿se expresa en una mejora en términos reales de la infraestructura, o de las prestaciones básicas como la educación, la salud y la seguridad?

…y laboral

Todo esto también se expresa en el mercado de trabajo. Los puestos creados entre 2004 y 2008 fueron algo más de 600 mil por año, casi todos asalariados registrados. De allí hasta 2013 solo se incorporaron 300 mil por año. Entre 2013 y 2016 el aumento no llegó a los 200 mil anuales, incluyendo un tercio de asalariados no registrados. Durante el período de cambiemos fueron algo más de 200 por año, pero sólo un 10% de asalariados registrados (dos tercios del total fueron no asalariados).

Todos estos valores que mostraban una preocupante declinación, saltaron por el aire en 2020. En solo nueve meses, se destruyeron 2,4 millones de puestos de trabajo la mitad de los cuales fueron asalariados no registrados. Otro tercio de las pérdidas corrió por cuenta de los no asalariados.

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¿Por qué esta sucesión de cifras? Para llamar la atención acerca de que nuestro drama está lejos de ceñirse al impacto de la pandemia ni siquiera a la frustrada gestión macrista. El declive, también en lo laboral, es de mayor alcance temporal y se vincula con las mismas cuestiones estructurales pendientes.

¿Tomarán el desafío el gobierno y las dirigencias sociales, económicas y políticas?