viernes, 23 de agosto de 2013

Repercusión entre los sindicalistas de La Rioja del reportaje de La Política Online

http://www.gremialriojano.com.ar/ver_mas.php?id=1513&id2=
Pobreza en la Argentina
Lindenboim: “La distribución del ingreso está peor que en los setenta y los cincuenta”
Javier Lindenboim es economista e investigador de la UBA, en donde dirige el Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped). Es especialista en temáticas de distribución del ingreso, pobreza y empleo. En una entrevista con LPO, repasó la intervención del Indec y la evolución de los indicadores sociales durante el kirchnerismo. ¿Cómo influye la intervención del Indec en sus estudios? Para hablar de estas cosas hacen falta números. Desgraciadamente, la mayor parte de esta década es una década con estadísticas mentirosas o sin estadísticas. Eso es algo que es irrefutable. Incluso los defensores más acérrimos del devenir político del gobierno suelen mirar para un costado o bajar la vista cuando uno pregunta cuál es la necesidad de organizar una mentira si se quiere llegar a una sociedad mejor. Es indefendible. Cuando empezamos con esta desgraciada situación muchos creímos que iba a ser transitorio. Es más, ese año que había campaña electoral y todavía no sabíamos la decisión perversa que estaba detrás de la acción en el Indec, creímos sinceramente que las palabras de la presidenta eran verdaderas. Y no lo fueron. La situación actual afecta todo lo que podemos decir sobre el empleo y los salarios. Porque creemos que son ciertos los números que hablan del crecimiento millonario del empleo, pero nadie lo puede contrastar. Para medir el empleo protegido nos basamos en los
números de jubilación, y suponemos que creció lo que dice ahí. Pero la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) precisamente la virtud que tiene es que reúne información sobre el empleo protegido, pero sobre el otro también. Cuando se intervino la EPH estuvo tres años sin ser publicada. Cómo habrá sido la cosa que hasta el Cels formó parte de un gran movimiento que pedía a la Justicia la divulgación de las estadísticas. Después, se empezaron a divulgar. ¿Cómo se movió la distribución del ingreso en estos años? La conjunción de aumento de número de personas ocupadas y recuperación de la capacidad de compra terminó confluyendo en una mejora de la participación del salario en la riqueza total. Eso es lo que se observo hasta el 2008, de donde surge el último dato oficial. Pero lo cierto es que el fifty-fifty que dice la presidenta no se sabe de dónde sale. Algunos citan informes del Banco Central, pero hace rato que el Central dejó de hacer los cálculos de distribución: pasaron al Indec durante los 90. Esa dinámica positiva en el sector trabajo no hay ninguna duda que llego hasta el 2006, principios del 2007. Cuando las presiones inflacionarias comenzaban a hacerse notar (una de las razones por la que se empezaron a manipular las estadísticas), no sólo dejaron de poderse mirar a través de las cifras sino que, como empezaban a tener contradicciones importantes en la economía, empezaron a tener efectos. Uno de ellos es que se frenó la bonanza explicada en buena medida por las posibilidades de la pequeña y mediana empresa, la gran absorvedora de mano de obra en el país. Ese sector es el que empezó a verse perturbado y además, en la medida de sus posibilidades, a hacer sentir sus dificultades sobre el sector laboral. El sector empresario se divide entre la cúpula dominante -que los funcionarios del gobierno llaman las corporaciones, sesgándolo a cierto grupo de empresarios y no al capital concentrado en general-, y el sector intermedio o pequeño del capital. Unos y otros tienen relación con la economía y el sector trabajo, pero de manera distinta. Los primeros dominan todo de arriba hacia abajo, los del medio están en el sándwich. Tienen las presiones de arriba y como es más difícil pelear para ese lado tienden a apretar a donde pueden, que es el sector trabajo. Ahí es cuando empieza a haber menos demanda de trabajo y la imposibilidad de mejorar el salario real, en términos generales. Esto así simplificado es un cuentito, pero en todo caso distinto de otros cuentitos. Lo que no se puede entender que a lo largo del 2007 y 2008, las cifras dadas a conocer bastante después dijeron que la variación de personas ocupadas era bastante cercana a 0, hasta el tercer trimestre del 2008, justo en medio de la crisis. El gobierno, con mucha astucia, crea los Repro para proteger empleos en las grandes empresas. O programas anticíclicos para garantizar la demanda de bienes de consumo y por ende la producción y el empleo. En este contexto de empleo constante en el cuarto trimestre del 2008 aparece un aumento de un cuarto de millón de personas de empleo registrado en la EPH, que nunca nadie pudo explicar cuál era la verdadera razón. Uno puede entender que haya un aumento de golpe en el empleo, pero si hay dinamización de la demanda, no justo en el momento en que se están tomando medidas para que el fuego no nos agarre. Se ve que a los dibujantes no les dijeron lo que estaba pasando. ¿Y qué pasó con los salarios? ¿Qué pasa con la otra hoja de la tijera, el salario? Sabemos poco, porque no tenemos la herramienta para verlo en términos reales: el índice de precios oficial todo el mundo dice que es mentiroso, empezando por el gobierno, que avala subas salariales de más del 20%. No sabemos exactamente qué pasó con la distribución funcional. Nuestra serie propia no concuerda con los anuncios oficiales del 43% en el 2008: en ese entonces estábamos por debajo del 40%. Hoy estaríamos por el 45%, pero hablamos como pisando huevos, inseguros de donde estamos parados. Estaríamos acercándonos al 45%, valores parecidos a principios de la década del 90. No sólo hay que mirar cómo estamos respecto del pozo sino cómo estábamos antes de caernos, que nos ayude a entender un poco más allá. A veces cuando uno simplifica al máximo parece creer que la causa es la inmediata previa, que siempre algo que ver tiene, pero no es la determinante. En términos de distribución, hubo un largo período de recuperación del salario hasta comienzos de los 70, después fue un largo período (con oscilaciones) de decrecimiento, siempre hacia abajo. Uno de los puntos más bajos fue el 82, y otro fue el 2002. El problema es que ambas recuperaciones nos ponen muchísimo más abajo no sólo respecto a principios de los 70 sino de los 50. Los criterios básicos del reparto de la riqueza no se modificaron, más allá de que el número cambió significativamente. En el 2003 estábamos en el 30%, ahora arriba del 40%. Es un cambio gordo. Es indudable que hubo una mejora en la distribución. ¿Cuál es el panorama actual? ¿En años como este qué podemos predecir? Si se ha detenido relativamente el crecimiento económico y por inercia niveles salariales no dejaron de crecer influido por tensiones inflacionarios o lo que fuere, puede pasar lo que pasó en el 2001, cuando aumenta la participación porque el producto caía más rápido. Ahora puede estar pasando eso. En términos de distribución personal, entre deciles, el coeficiente de Gini mejoró, es decir que bajó la desigualdad. Pero existen situaciones diferenciadas dentro del sector asalariado, entre el sector protegido, la del sector estatal y la del sector precario. En donde los primeros con sus ajustes tendieron a ganarle a la inflación, el sector estatal en el mejor de los casos acompañó la inflación y en promedio en varios de los años más recientes no le alcanzó, entre otras cosas por la incidencia perversa de no mover los mínimos no imponibles, que influyen. Por último está el sector precario, que ha intentando acompañar el ritmo permanentemente. Pero en esta “década ganada”, lo mejor que podemos decir es que la histórica relación de 2 a 1 entre salario protegido y no protegido no cambió. Si uno mira 2002 y mira ahora la relación es 2 a 1. Entonces tenemos un lado bueno y uno malo. Con tanto crecimiento económico y del empleo, lo que predominó fue el empleo protegido. La Presidenta lo remarcó: a diferencia de la última década del siglo XX, en esta última la creación de empleo fue en su mayor parte en blanco. Pese a eso, no alcanzó para que se achique la diferencia. Hay elementos gordos que no cambiaron. Que es parte de esa matriz distributiva no sólo entre capital y trabajo sino dentro del sector asalariado. La inflación La inflación es un emergente de una situación a la que funcionamiento económico para mantener su dinamismo ya no le alcanza con la salida de un momento de crisis estimulado por un cambio brutal en las relaciones de precios que provocó la devaluación, que cerró las puertas a la importación y facilitó la salida al mundo. Eso dinamizo la mayoría de los sectores concentrados y fuertemente a las pymes, y eso produjo la estampida del empleo. Ahora bien, eso sirve para el salto, pero ese salto para alimentarse razonablemente luego de 2, 3, 4 años necesita proceso de reconfiguración de la estructura productiva. Volver más eficiente el conjunto de la economía. Es que la inversión que hace falta, privada y pública, se hizo verborrágicamente pero no en los hechos. Por ejemplo con la vivienda el gobierno hace pocos años dijo que construyó 800 mil casas pero las nuevas no eran ni siquiera 400 mil, y por lo tanto el ritmo de achicamiento del déficit no existió como tal, porque el déficit se renueva año a año por la constitución de nuevas parejas y el desuso de alguna porción de las viviendas existentes. Por otro lado, parte de los problemas que tenemos en la luz, más allá de que la producción de energía eléctrica anda apenas cubriendo la demanda, es la mala calidad de la red de distribución que no se ha cambiado, y en eso tienen responsabilidad las empresas que no hicieron lo que debían hacer y funcionarios tipo Jaime que en lugar de exigir lo que debían, recibían la coima y miraban para otro lado. Lo mismo para el transporte. Hemos mal resuelto los problemas de energía a través de un enorme crecimiento de la importación, que tiene bastante que ver con el déficit fiscal, que tiene que ver bastante con la inflación. Hay cosas que aparentemente son de naturaleza lejana a las del mercado de trabajo pero no hacen menos que influir, en este caso negativamente. ¿De dónde sale la inflación? La inflación tiene que ver, más allá de lo monetario, con la naturaleza de la distribución productiva nuestra. Mantenemos una gran proporción de pequeña y mediana empresa que sirvió para recuperar empleo pero que tiene sus límites, entre otras cosas porque la productividad media de la pyme es escasa. Nos estamos alejando de la productividad media mundial. ¿Qué hay que hacer entonces para crear empleo? Uno suele escuchar en elecciones que hay que crear puestos de trabajo. Pero eso no pasa sólo por soplar y hacer botellas. Creo yo que el Estado lo que puede hacer como ha venido haciendo en esta década es asignar una parte de fondos a los planes sociales. Pero si estamos en el capitalismo el principal proveedor de fuerza laboral es el sector privado. Ahora bien, ¿qué hace el Estado para que esa demanda se viabilice? Una opción sería cambiar la estructura del capitalismo y pasar a una forma centralizada aprendiendo de los errores de las experiencias previas del socialismo. Pero no estamos en eso y no se ve que la sociedad quiera desplazar al capitalismo por una sociedad de este otro tipo. Lo que sí hay en la Argentina es una demanda expresa y siempre latente de que el Estado tome alguna carta en al asunto del empleo, al menos como mecanismo de protección. ¿Dónde se ubica el gobierno en esta discusión? Por un lado dicen que somos enemigos del capital, pero lo que hacen es para el beneficio del capital tener más recursos del estado y consolidarse en el poder. ¿Cuál sería sino la explicación del no aumento del mínimo no imponible? Y ahora hay algunos candidatos provinciales que presentan proyectos de elevar el mínimo no imponible de ganancias acompañados de otro para gravar la renta financiera. Son dos cosas que en rigor de verdad no tienen nada que ver en la resolución. Primero hay que resolver la anomalía derivada de la no actualización. Eso generó un deterioro en la capacidad de compra que hay que restituir, porque parte de los ingresos fiscales provinieron de ahí: no de gravar el capital, sino de gravar al trabajo. Se encuentra una explicación supuestamente plausible de ligar una cosa con la otra pero al mismo tiempo es medio una engaña pichanga. Se evita discutir esta traslación de ingresos que también ocurrió por el proceso inflacionario, cuando uno empieza a tributar más si mejoraba su poder adquisitivo. ¿La tragedia de Once paralizó la acción económica del Gobierno? De ese momento álgido para acá no se produjeron acciones de política económica efectivamente benéficos. Desde el punto de vista político algunos pensaban que cosas como la expropiación de YPF, iba a solucionar todos los problemas energéticos. Eso es mentiroso. Kicillof decía que los monopolios petroleros eran lo peor de la humanidad, cosa que yo comparto, pero lo que ellos estaban haciendo no era contra los monopolios petroleros. Es la misma mentira de Aerolíneas, que tampoco se la expropió. Casualmente las dos quedaron con la condición de Sociedades Anónimas, de modo que no puedan ser auditadas por los organismos de control de Estado. Está astutamente planeado de esa manera. Con lo cual descreo de los argumentos nacionalistas y por el contrario creo que son perversamente bolsillistas. No hay otra explicación. Aerolíneas no ha hecho otra cosa que perder cada vez, mientras disminuía sus servicios.-

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